CAPÍTULO 55
ELENA
—¡No me queda bien! —chilla Amanda como una loca, quitándose la gorra y tirándola sobre el sofá de papá.
De nuevo, la ha liado en su trabajo, pero esta vez no ha sido culpa suya, aunque todas las pruebas apunten a ello. Así que ha vuelto a ser despedida.
Michael se ha ofrecido a dejar que se quede en mi habitación «por ahora», ya que yo me estoy quedando en casa de Kael. Y ella no ha tenido más remedio que aceptar, pues necesita ahorros y un empleo estable.
—¡Tía! ¡Yo creo que estás supersexi! ¡Mira las tetas que te hace ese jersey!
Es verdad, Amy está buenísima y el uniforme nuevo que nos ha puesto Rose le queda de maravilla.
Mi padre la mira de reojo, suelta una pedorreta y se va a la cocina para hacerse un bocadillo de queso.
Indignada, Amanda infla los mofletes y aprieta los puños. Kael está fuera, encendiendo un fuego para asar unas chuletas, por lo que se está perdiendo este nuevo toma y daca.
—¡Papá! ¡Dile que está guapa!
Michael niega con la cabeza y con la boca llena de pan añade:
—Está decente.
—¡¿Decente?! —Mi amiga arquea una de sus cejas y le hace la peineta, Michael la fulmina con los ojos y ella se cruza de brazos.
En serio, no sé cómo van a convivir sin asesinarse el uno al otro.
—Tía, lo importante no es el aspecto —trato de convencerla, Amanda es exageradamente presumida—. Sino lo bien que te van a pagar y lo tranquila que estarás.
—Y que vivirás de gratis —añade papá, metiendo la puntillita.
—¿Perdona? ¿Te quejas por dejarle una habitación a la mejor amiga de tu hija y te da igual mantener a la aprovechada de tu ex?
Ay, no, ya empiezan.
Papá y Amy se enzarzan en una de sus típicas peleas y yo salgo al exterior para ver a mi policía favorito.
Está de servicio, pero se ha tomado la molestia de venir, aun con el uniforme puesto. Comerá con nosotros y seguirá con la ruta.
Por supuesto, esta noche pasará por el bar para volver a verme cantar.
—Superestrella —sonríe, atrapándome bajo su brazo mientras gira la carne con unas pinzas—. ¿Lista para deslumbrarlos a todos hoy?
Asiento, mirándole a los ojos para poder disfrutar un poco de ese verde bosque que tanto me gusta ver en su mirada.
— Sip , aunque solamente me interesa deslumbrarte a ti.
—Eso ya lo haces, cariño, todo el tiempo.
Él se encorva un poco para darme un beso y Penny, que se ha venido conmigo a casa de papá porque ahora es mi fiel guardiana, pega un salto y nos roba una chuleta.
—¡Eh! —le grita Kael, divertido por el comportamiento de su perra. Adora que haga maldades, y solo la regaña de mentira.
Amy aparece con la gorra del uniforme puesta, hoy iremos a trabajar juntas y así le enseñaré cómo funciona la cosa, aunque con lo inteligente que es, sé que podré delegar en ella muy pronto.
Nos sentamos a la mesa y brindamos con los botellines de cerveza, luego empezamos a picar unos canapés y porquerías hasta que la carne esté lista.
Hoy hace un día especialmente bonito, y aunque no todo en la vida sea perfecto y siga echando de menos a mi madre, ya no quiero cambiar muchas cosas que quedaron en el pasado; hace tiempo que aprendí que la felicidad no es un sentimiento, sino una elección.
Los sueños no se cumplen por sí solos, hay que luchar por ellos.
Y de la misma forma que se compone una melodía o se colocan las cajas de cereales en la estantería de un supermercado, debemos ordenar nuestras ideas, dándoles prioridad a las personas que merecen lo mejor de nosotros y dejando atrás a las que nos hicieron daño.
La vida es tan sencilla que a veces me asusta.
Cada pequeña decisión que tomamos puede hacer que mañana estemos perdidos en mitad de un bosque o deambulando en el olvido de una tragedia, como Susan.
Supongo que la única forma de hacer siempre lo correcto no es otra que equivocándose y aprendiendo de los errores.
No quieras ser perfecto, solo intenta sobrevivir, y elige siempre ser feliz.
Los botellines de Michael, Amy y Kael vuelven a chocar con el mío, brindando una última vez, antes de empezar a repartir la carne en los platos.
—¡Por la familia, el amor y la cerveza!
—¡Y por las mejores amigas!
—¡Eso!
—¡Dirás por las malas influencias!
—¡Papá! ¡Ya es suficiente!