Petricor: Autumn Leaves CAPÍTULO 51
91%

CAPÍTULO 51

ELENA

Nunca me he imaginado cantando frente a un público. Vale, que quizá no sea un público en plan artista de verdad, pero son personas que estarán ahí, dispuestas a escucharme.

Dejé de tener ese sueño cuando me fui de Payson y mamá me decía que mis «alaridos» molestaban a Ander, así que pasé de cantar a pleno pulmón en mi habitación a simplemente tararear canciones en la ducha y poco más.

Esta semana me siento un poco mejor, la chica nueva sigue estando más perdida que un mapache en el desierto, aunque empiezo a acostumbrarme a esta situación y digamos que lo llevo bien.

Sé lo que piensa Kael: que no debo hacer horas extras, y posiblemente me regañe cuando se entere de que estoy casi doblando turnos, pero es que quiero tanto a Rose y ha sido tan buena conmigo, que no me imagino dándole problemas ahora que tiene que estar disfrutando de su bebé y olvidándose del supermercado.

Puede confiar en mí, se lo dije en su momento y lo mantengo.

Salgo de la ducha después de practicar el ritmo de la letra que he ido escribiendo a lo largo de los días. Elegí una de Taylor, sin embargo, como se canceló la primera semana y me he aburrido como una ostra, se me ha ocurrido la idea de escribir mi propia letra y cantarla.

¿No suena chistoso? ¡Como si fuese una cantante de verdad! Obviamente, el ritmo de la música es de una canción ya existente, pero la voz y la letra serán solo mías, y eso me hace sentir mucho más emocionada.

Son las siete de la tarde cuando salgo del trabajo, al que entré a las siete de la mañana, así que hice bien en dejarme la ropa preparada, un vaquero simple con una blusa bonita y elegante.

Me dejaré el pelo suelto y no me maquillaré.

No quiero que la gente me mire a mí, quiero que sigan disfrutando de la comida, la bebida, sus parejas, hijos y familias mientras me escuchan.

No se trata de ser el centro de atención, se trata de que me dejen entrar en sus vidas, formar parte de ellos, sentirme... menos sola.

Aunque lo cierto es que desde que salí de Phoenix, mi vida mejora semana tras semana. Michael y yo ya tenemos un vínculo padre e hija y, de hecho, es como si nunca nos hubiésemos separado; además, Penny me quiere mucho y Amy ha prometido venir pronto a verme.

Creo que nunca he estado tan estable a nivel emocional como ahora. Solo me falta una persona: Kael.

Ya queda poco para que todo vuelva a ser como antes y salga de prisión.

A veces, recuerdo sus besos y lo que hicimos en aquellos veinte minutos de permiso, pero luego vienen a mi mente sus heridas recientes y sé que lo está pasando mal.

Kael es muy duro, aunque eso no quiere decir que no me duela que le hagan daño.

Entonces, la culpabilidad aflora y lloro como una magdalena hasta el día siguiente.

Basta, tengo que dejar de pensar en ello o no podré cantar una mierda.

Perfilo mis ojos, sonrío falsamente en el espejo y me convenzo de que puedo hacerlo.

Papá hoy ha tenido mucho trabajo, así que he insistido en volver a casa sola e ir sola también al bar. No puedo vivir con miedo toda la vida. River se acabó y nunca volveré a ser tan idiota como en el pasado, puedo cuidar de mí misma, sí.

Cuando me acerco a la puerta, Penny intenta venirse conmigo, y ojalá pudiese llevarla.

Michael le da paseos por las noches para que corra en libertad, pero no es lo mismo que vivir con Kael ya que su casa está cerca del bosque y allí podría corretear a cualquier hora y entrar y salir cuando quisiera.

—Tu papá volverá pronto —le prometo, rascándole detrás de las orejas y dándole un besito sobre la cabeza.

Ella parece que me entiende, me mira con ojos nobles y regresa a su camita junto a la chimenea.

Ay, es tan buena...

Al salir de casa, unos nervios se me instalan en el estómago, quizá sea porque tengo miedo de decepcionar a «mi público» o, tal vez, por el olor de la lluvia, que hoy es más intenso y fuerte que otros días, como si Kael estuviese cerca.

Ojalá.

Camino rápidamente, dándome brío. A veces miro hacia el lejano bosque y la piel se me pone de gallina. Nunca olvidaré que Susan desapareció allí y que, si no hubiese pasado todo esto, quizá podría ser mi rostro el que hoy estuviese en todos los troncos de los árboles con un letrero de «se busca».

No se debe confiar en los desconocidos, ni siquiera en los que tocan a la puerta bien vestidos y con una rosa en la mano.

Sigo teniendo pesadillas con River, aunque papá no lo sabe.

Muchas noches despierto empapada en sudor y no puedo volver a dormir.

El miedo me invade al saber que es libre y que, en cualquier momento, puede regresar a terminar lo que empezó, aun así, no puedo dejar que esto condicione mi vida para siempre. Porque, entonces, él habrá ganado.

El coche de policía de Michael pasa justo por mi lado, me lanza una miradita cómplice y mi estómago se relaja un poco.

Cuando pasa de largo, me siento un poco más animada. Él sigue cuidando de mí, porque es mi padre, me quiere y le importo.