Petricor: Autumn Leaves CAPÍTULO 49
88%

CAPÍTULO 49

ELENA

Llamada telefónica número uno.

—Qué tal? Hoy Penny se ha portado fatal, se ha colado

en mi ropero y ha sacado toda la ropa. Creo que se ha comido algo, pero no estoy segura, solo sé que falta la mitad de la prenda, aun así, no parece estar enferma.

—No suele comer ropa, así que te encontrarás algún trozo de tela destrozado por algún sitio. Gracias por cuidarla, enana. ¿Tú estás bien?

—¡Súper! Aunque echándote de menos. ¿Sabes cuándo podré volver a verte?

—Por ahora, no sé nada. ¿Michael te sigue recogiendo del trabajo?

— Sip , estoy supervigilada y superprotegida, tal y como te gusta.

—Buena chica. Enana, ya me hacen colgar.

—No te preocupes, espero impaciente al siguiente miércoles, ¡te quiero!

—Buenas noches, cuídate.

Llamada telefónica número seis.

—Oye, la última vez te dije que te quería y no me dijiste «yo también». ¿Cuándo vas a aceptar que me quieres?

—No creo que sea necesario decirlo, ya me recuerdas lo enamoradísimo que estoy de ti a cada momento.

—Obvio, porque lo estás, pero necesito escucharlo de tu boca en algún momento, ¿sabes?

—¿Estás bien? ¿Comes bien? ¿Duermes bien? ¿Apareció la prenda que Penny te rompió?

—Sí, sí, sí y no. Era uno de mis vestidos favoritos, pero no pasa nada, más se perdió en la guerra.

—Bueno, prometo llevarte de compras cuando salga.

—Kael, no te preocupes, solo es un trozo de tela. Lo importante es que Penny esté bien y no se sienta sola.

—Eres única. Gracias por cuidarla. Tengo que colgar.

—¡Vale! ¡Hablamos mañana! ¡Te quiero!

—Cuídate, que descanses.

Llamada telefónica número veinte.

—¡Kael! ¿Sabes qué? Rose ya ha tenido a Sara. Es una bebé superpreciosa. ¿Lo malo?, que necesitan personal para cubrirla, ya que yo no puedo vivir en ese supermercado las veinticuatro horas del día —ni quiero—. He pensado en Amy, pero creo que ella nunca dejaría Phoenix por Payson.

—Vaya, felicita a Rose de mi parte, y por supuesto que no vas a estar veinticuatro horas trabajando. Si Amy no quiere ir, que busquen a otra persona, tú tienes que disfrutar de tu tiempo libre.

—Sí..., bueno, no hay chicas muy amistosas en Payson. Me odian por lo que pasó con River, y ahora que no estás, me siento un poco sola. Así que me gustaría tener a Amy más cerca y, por supuesto, que vuelvas cuanto antes.

—Las chicas de Payson son idiotas, tú eres genial y River se va a pudrir en el infierno. ¿Ha vuelto a molestarte?

—¡No, no! ¡Para nada! ¡Es como si la tierra se lo hubiese tragado!

—Igualmente, pienso encontrarle.

Silencio.

—Kael, cuando salgas, quiero que nos centremos en nosotros, olvídate de River.

—Tengo que colgar.

—Vale..., te quiero.

—Buenas noches enana, cuídate mucho.

Llamada telefónica número ochenta y tres.

—¡Kael! ¡Adivina a quién han invitado a cantar en el bar más famoso de Payson!

—Solo hay un bar en Payson e imagino que a ti.

—¡Sííííí! El dueño vino al supermercado y me pilló cantando mientras limpiaba las estanterías, me ha dicho que será solamente los viernes por la noche, que además coincide con mi día libre, ¡y pagará superbién!

Michael parará un momento para verme y aplaudir como un loco, aunque lo haga supermal, que ya sabes que no tengo sentido del ridículo, así que me da igual mientras me divierta, me paguen y mi padre se sienta orgulloso de mí.

—Yo también estoy orgulloso de ti.

—¿Qué?

—Que estoy muy orgulloso de ti, y sí, sé que te da igual hacer el ridículo, pero incluso cuando lo haces, te ves jodidamente adorable.

—¿Eso significa que me quieres? ¿Mucho muchísimo?

—Tengo que colgar, enana, hoy ha sido un día complicado.

—Kael, ¿cuándo vas a aceptar que sentimos algo profundo el uno por el otro?

—Sé lo que siento por ti y lo tengo más que asumido.

—¿Y por qué no te comportas como un novio enamorado entonces?

—No soy romántico, supongo. Y lo de novio... todavía no hemos tenido ni la primera cita.

—Bueno, no pasa nada, te acepto así de gruñón y conservador, me gustas igualmente.

—Gracias a Dios, si no, no podría dormir tranquilo esta noche —se burla—. Tengo que colgar, te deseo mucha suerte el viernes, aunque no la necesitas, superestrella.

—¡Gracias! ¡Te quiero!

—Cuídate mucho.

Llamada telefónica número ochenta y cinco.

—¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

—Lo siento, Kael, es que todo me sale mal. Hubo un problema con la luz del bar y lo han aplazado para el próximo viernes. Y no pasa nada, ¿eh?, pero es que se me han juntado muchas cosas y digamos que ese era el único momento bueno de esta semana.

—¿Qué se te ha juntado?

—Amy rechazó el empleo en Payson; la chica nueva es muy despistada y no puedo dejarla sola, así que estoy haciendo muchas horas extras y me siento cansada; echo de menos a mamá y he cometido el error de llamarla, pero, efectivamente, no ha contestado y, bueno...

, te sigo extrañando. Sé que no soy la persona más desgraciada del mundo y que no tengo derecho a quejarme, es simplemente que a veces la vida se me hace cuesta arriba.

—Es normal que a Amy no le haga gracia cambiar Phoenix por Payson, aunque, quién sabe, quizá algún día piense distinto.

Prometo que cuando salga iremos a verla.

No hagas horas extras, no hay ninguna ley que te obligue y sobre la chica nueva, que se busque la vida.

Lo del bar sí que es una pena, pero estoy seguro de que el próximo viernes todo va a ir genial.

Ah, y desde luego, tu madre es idiota; no te sientas mal por hablarle, eso solo significa que eres mejor persona que ella.

Enana, sobre quejarte, puedes hacerlo todo lo que quieras, estoy aquí para escucharte.

—Ya, pero solo tenemos diez minutos para hablar, y tampoco quiero aburrirte con mis tonterías...

—Eres mis mejores diez minutos del día.

—Gracias, te quiero.

—Cuídate mucho, hablaremos pronto.