CAPÍTULO 46
ELENA
Ha pasado todo un mes desde que River intentó hacer aquello conmigo.
Amanda vino a verme en cuanto se enteró. Papá nos pagó un hotel para que pasásemos unos días juntas, alejadas del alboroto de Payson. Eso sí, en todo momento, con la ubicación en tiempo real.
Estos días con ella me he sentido a salvo y han servido para desconectar de las declaraciones, de la policía y de la mirada acusatoria del alcalde cada vez que me lo encuentro por el pueblo.
—Tía, pues eso, que me ha ido genial, ¿sabes? Por fin tengo un curro en el que me siento valorada —sigue comentando Amy por teléfono mientras me como un tazón de Cheerios de chocolate, viendo una película en el salón.
Papá ha puesto rejas en todas las ventanas y ha aumentado la seguridad, así que me siento mejor.
Me acompaña siempre al trabajo y me recoge a la vuelta, y, como es el oficial, tiene permiso para ello. La verdad es que está siendo un apoyo enorme en esta transición.
A veces tengo pesadillas, recordando lo que pasó aquella noche y lo rota que podría estar en este instante si no fuese por Kael, que no dudó ni un solo segundo en venir a por mí.
—No sabes cuánto me alegro, te mereces eso y más. —Me meto otra cucharada de cereales, colmada hasta los topes, en la boca—. Luego se lo contaré a Michael, se pondrá muy feliz por ti.
—¿Qué tal está él?
Me río a la vez que mastico y casi me atraganto.
—¿Por qué no se lo preguntas tú misma? Tienes su número.
—Sí, claro, ya le gustaría —se burla, y yo pongo los ojos en blanco—. Por cierto, Elena, ¿qué ha pasado con Susan? ¿Sigue sin haber noticias?
Miro por la ventana y veo entre las rejas que sigue el cartel con la fotografía de Susan pegado en cada árbol de Payson.
Cuando Michael pidió ayuda y la policía llegó a la cabaña de Oliver, ella ya no estaba allí. Él dijo que discutieron y se fue, que no quería saber nada del pueblo y que no la buscasen.
Al principio le creyeron y mi padre quedó como un loco. Pensaron que solo quería atacar a Oliver por lo que su sobrino me hizo a mí. Luego, la propia familia de Susan puso una denuncia de desaparición al ver que ella no volvía a dar señales de vida.
Oliver fue arrestado como principal sospechoso, pero salió bajo fianza ya que nunca se llegó a encontrar el cuerpo ni ninguna prueba que le incriminase.
A veces, cuando camino por las noches de vuelta a casa con papá, miro hacia el bosque y siento escalofríos, porque algo me dice que ella sigue allí, esperando que alguien la salve, culpándome por lo que sea que le pasó.
—Nada, no se sabe nada —resoplo, y no puedo evitar dejar de comer porque se me ha cerrado el estómago, como cada vez que pienso en Kael.
Llevamos todo el mes sin vernos. Le han suspendido de empleo y sueldo por tres meses, ya que determinaron que agredió a River con demasiada violencia y perdió los estribos, obligándole a pasar ese tiempo en prisión, a pesar de que papá y yo hicimos todo lo posible por evitarlo con nuestras declaraciones.
Mi consuelo es que, cuando salga, recuperará su placa y todos sus derechos.
No ha dejado de llamarme una sola vez en los diez minutos que le conceden de permiso cada día, y Penny vive con nosotros hasta que él llegue.
Papá toca tres veces a la puerta para avisar de que es él y luego introduce la llave. Es mediodía, yo tengo libre y no entiendo qué hace aquí tan pronto.
—¿Amy? Tengo que dejarte, te llamo luego.
—¡Claro! ¿Todo bien?
— Sip , perfecto.
Michael aparece con una sonrisa más resplandeciente de lo normal y Penny, que estaba dormida a mi lado en el sofá, va corriendo a saludarle.
Pobrecita, es tan buena...
—Vengo a traerte una buena noticia.
—¿Tan buena que no podías dármela por teléfono?
—Exactamente.
—¿Y de qué se trata?
—Kael ya puede empezar a recibir visitas ¿quieres ir a verle?
Dios mío.
Kael recibió una sanción por seguir golpeando a River después de estar claramente reducido. A parte de ser suspendido de empleo y sueldo de forma temporal por la administración policial, el juzgado el condenó a tres meses de prisión por las lesiones ocasionadas.
¡Claro que quiero ir a verle!
No tardo casi nada en cambiarme. De todas formas, ya estamos metidos en un invierno cerrado y el frío es atroz. Cuando termino de hacerme dos trenzas, me pongo un gorro de lana azul claro sobre la cabeza, cojo la bufanda a juego y aparezco al lado de papá.
—Te dije que era una buena noticia —afirma, asintiendo con la cabeza.
Y tanto que lo es.
La camioneta se pone en marcha y el agua nos cae encima como si estuviésemos conduciendo por debajo de una cascada; aun así, Michael parece experto en lidiar con este tipo de temporal y va como si nada, en comparación con otros coches que conducen con extrema precaución.
—¿Qué tal mamá? —pregunto sin poder evitarlo.
Sé que no debo, que no se lo merece, pero he entendido en este tiempo que no tengo por qué ser igual que ella. Cada uno ofrece lo que tiene, y yo soy una persona que quiere a su familia, no hay más.
—No lo sé, pecosa, simplemente le hago el ingreso de dinero cada mes. No hablamos sobre nada. —Mi padre se rasca la barba y sube la velocidad de los limpiaparabrisas.
—Bueno, está bien.
Michael no la nombra ni ha vuelto a llamarla por si necesita algo desde que le contó lo que me sucedió con River y ella se comportó como siempre, diciendo que es lo que pasa cuando eres una niñata provocadora que da confianzas de más a los hombres.
Y ¿sabéis qué?, aunque su respuesta me dolió muchísimo, pienso que, en parte, ese dolor, fue porque sé que tiene razón. Algunos hombres son peligrosos, no se puede jugar con ellos y tampoco está bien usarlos para llenar ningún tipo de vacío.
He aprendido la lección.
—Por cierto —añade papá, y veo que dejamos atrás la cafetería de los tacos. El recuerdo del día que llegué a Payson regresa a mi mente, es como si hubiese sido ayer—. ¿Vas a decirme de una vez qué es lo que pasa entre Kael y tú?
Le miro y sé que estoy pálida, bueno, más pálida de lo que suelo estar.
Creí que esa conversación no llegaría nunca, que todo era evidente. Papá me ha visto correr como una loca hacia el teléfono cada vez que suena porque pienso que puede ser él.
—No lo sé —respondo con total sinceridad—. Queríamos tener una cita y sé que nos gustamos. Kael pensaba... comentártelo primero, para ver si te parecía bien, entonces pasó lo de River y...
—Y todo se fue a la mierda, ¿no?
—Más o menos.
—Saldrá de prisión, recuperará su trabajo y su vida, tendréis esa cita y todo irá bien, pecosa.
Las lágrimas inundan mi rostro en cuanto le escucho decir esas palabras, porque eso quiere decir que lo acepta. Michael acepta lo nuestro, lo que sea que tengamos.
—Por cierto —dice, volviendo a rascarse la barba—. El mierda de River no ha vuelto a tener contacto de ninguna forma contigo, ¿no?
Mis ojos se abren muchísimo.
¡Por Dios! ¡No! ¡Ni quiero!
—Desde que toda su familia desapareció de Payson, ha sido como si nunca le hubiese conocido.
River y yo tuvimos un juicio. Como no llegó a violarme y su familia alegó que entre él y yo había algún tipo de relación, y que ya le invité otras veces a casa, se cerró el caso.
Después de eso, se esfumaron, de la misma forma que desaparece la niebla cuando llega el verano.
—Espero que así siga siendo, porque si lo veo, lo mataré.