CAPÍTULO 20
ELENA
La música suena a todo volumen y el ambiente es de lo más tenso y caldeado. En el buen sentido.
Las manos de River son posesivas con mis caderas, no me da tregua a separarme de él, me quiere pegada, aunque no es que me moleste mucho.
Cuanto más tiempo paso con él, más atractivo me parece y eso me preocupa. Con Adrien fue igual y al final terminé bastante mal parada.
Sigue siendo mejor opción que Kael.
También me asusta no estar siendo honesta conmigo misma y estar tomando una mala decisión tras otra simplemente porque estoy desesperada por dejar de pensar en el policía.
Me gira con posesividad, colocando mi culo enfundado en una falda negra pegado a su entrepierna. Le siento grande y casi duro ahí debajo y juntos empezamos a movernos hacia abajo.
—¿Te mueves igual de bien en la cama, modelito? —Introduce sus dedos por debajo de mi top, acariciando la piel de mi abdomen y un pequeño jadeo se me escapa. Admito que, aunque sea bastante joven, sabe lo que hace.
Por lo menos, va mejor encaminado que Adrien, que era mucho más patético en todo.
—Permite que te deje con la duda —sonrío, cuando sus labios rozan mi cuello.
—Me muero por ti, tía.
Dave habla con una chica pelirroja en la barra, hoy se encarga él de los mojitos, River es todo mío. O yo suya. Ay, no tengo ni idea.
La misma chica se acerca a mí con dos mojitos, uno en cada mano y me lo ofrece. He visto como Dave lo preparaba así que estoy segura de que no tiene nada. Lo acepto y bebo.
—¡Me llamo Cleo! —grita, por encima de la música.
River besa mi mejilla y el estómago me arde con cosquillas extrañas.
—Ahora vengo, bombón. —Su mano acaricia mi trasero antes de ir a la barra y coger el cigarro que lleva detrás de la oreja, fumándoselo ahí mismo. Empieza a hablar con Dave y James.
—¡Yo soy Elena! —le contesto a la chica, que se mueve con buen ritmo, a mi lado—. ¡Gracias por el mojito!
—¡De nada! ¡Dave me ha dicho que eres nueva y me he acercado por si quieres que charlemos un rato!
Seguimos gritándonos la una a la otra.
—¡Vale! ¡Me encantaría!
—¡Genial! ¡Ninguna de estas tías me habla porque dicen que soy una zorra!
Me atraganto un poco con el mojito y me cuesta evitar reírme, ella se ríe conmigo, parece que le divierte.
—¡Oye! ¡No dejes que digan esas cosas de ti!
—¡Es porque he sido novia de los tres! ¡Y ellas de ninguno!
Vaya, así que ha estado ya con los tres chicos.
—¡¿Y cuál lo hace mejor?! —le pregunto sorprendiéndola, y volvemos a reírnos.
—¡River, sin duda! ¡Ahora ellos son mis únicos amigos!
No voy a negar que me sorprende ver a una chica sin amigas y cuyas únicas amistades son sus tres ex. Cosas que solo suceden en Payson.
—¡Si tú estás bien, entonces genial!
Me sonríe, agarra mi mano y continuamos bailando juntas.
Siendo sincera, no es ni por asomo como cuando estoy con Amanda, y es que una mejor amiga no se puede sustituir ni comparar con nadie porque, en realidad, es como una hermana a la que, a pesar de no llevar tu sangre, la quieres como si vinieseis del mismo útero.
Unas repentinas ganas de llorar me forman un nudo en el pecho. Quiero ver a mi mejor amiga, nunca he estado tanto tiempo sin ella y la echo mucho de menos.
Sigo bailando, aunque ya no con tantas ganas, Dave y River se acercan a nosotras, preguntándonos si queremos subir arriba. Bueno, River me lo pregunta a mí, ya que Cleo parece más que dispuesta a dejar que cualquiera de los tres haga lo que quiera con ella.
No sé, no me siento del todo cómoda en este ambiente.
—Venga, ni se te ocurra dejarme tirado como la otra noche, ¿eh? —River me agarra otra vez de la cintura, pero las ganas se me han ido, por completo.
Ahora mismo soy toda dudas, preguntas sin respuesta y melancolía.
Quiero estar en Phoenix, enganchada del brazo de Amanda, emborrachándome porque sé que ella cuidará de mí y no permitirá que nada malo me pase, o viceversa.
—¿Elena?
—Tengo que irme, mi padre me está llamando.
Mentira no es, llevo sintiendo el móvil vibrar en el bolso que me cuelga del brazo desde que entré en el garaje de River.
—Modelito, ya tienes la mayoría de edad, ponle las cosas claras a ese viejo...
—No le llames viejo —le chisto rápidamente, el que sea una hija desobediente, no quiere decir que no quiera a papá.
—Vale, perdón, pero sube un rato al menos.
¿Para qué? ¿Para que me dé un par de besos y me toque las tetas?
No es lo que necesito en este momento, eso no llenará mis vacíos.
—Tengo que irme —repito, fría y cortante, mirándole directamente a los ojos.
No me importa si se enfada, si no me vuelve a invitar a otra fiesta o si deja de prestarme su atención por esto. Nunca hago nada que no quiero por agradar a los demás, soy cero influenciable.
River rueda los ojos, gruñe en voz baja y me suelta, en cuanto ve que no puede hacer nada por que me quede, pierde el interés en mí y desaparece.
Supongo que buscará otro pedazo de carne al que cazar.
No me ofende, en absoluto. Solo me causa alivio y satisfacción, porque la antigua Elena no sabía ponerse a sí misma por delante de lo que desease un tío.
He cambiado y madurado, y eso se debe a todo lo que he aprendido de esa personita a la que extraño tanto en este instante.
Quiero salir de aquí.
Camino hacia el garaje, topándome con adolescentes todo el rato. Tienen mi edad y, aun así, me siento mucho más adulta que ellos. Es como si no encajase en este lugar.
Cuando por fin me da el aire fresco de la noche y el olor a pino llena mis pulmones, me siento algo mejor, con la falsa sensación de que soy un poco más libre.
El teléfono continúa sonando.
—Michael, deja de agobiarme —replico nada más contestar.
—No te agobio, pero quiero saber dónde estás.
—Que quieras saber dónde estoy, me agobia muchísimo —suelto, y me río a carcajadas imaginando su cara de oso gruñón.
Ay, ¿y si me sale un oso en plena noche? Qué miedo.
Me abrazo a mí misma y empiezo a caminar más rápido.
—Elena Whiston, o me dices dónde estás o te subo ahora mismo al coche y te devuelvo a casa de tu madre.
Papá nunca me devolvería a casa de mi madre. Y mucho menos con Ander allí. Solo es un farol.
—Paseando por Payson, me aburro, echo de menos a Amanda y la cabeza me da vueltas.
Él guarda silencio, y a los pocos segundos, le escucho conversar con alguien que, por supuesto, sé muy bien quién es.
—Kael está en casa, dime dónde estás, irá a buscarte y te llevará a tomar algo.
Una extraña emoción se forma en mi pecho. Que esté en casa y no con Susan me llena de satisfacción, no debería, pero es así.
¿Soy mala persona por ello?
—Cerca del supermercado —miento, no quiero que me relacionen con River—. Que me recoja en la puerta.
—Perfecto, en dos minutos estará ahí.
¿Dos minutos? ¡Mierda! ¡Más me vale empezar a correr!