CAPÍTULO 17
ELENA
—Hija, de verdad que no te entiendo.
Mi padre me mira con desesperación, yo suspiro por millonésima vez.
Me he puesto de lo más pesada por ir a comer unos tacos, y es que necesitaba salir para no pensar que Kael ahora mismo debe de estar con Susan.
En serio, no sé qué me pasa con él. Se supone que no debería ni acordarme de él después de estos años, pero ha sido verle y...
, no sé, llamadlo flechazo o lo que sea, no se me va de la cabeza.
Quizá sea porque es el chico con el que mejores recuerdos tengo, o porque el maldito se ha puesto demasiado guapo. Vamos, no creo que sea yo la única en babear con él, ya visteis cómo le miraban las de la hamburguesería en el parque de atracciones, porque estabais ahí viéndolo todo, ¿verdad?
La cuestión es que solamente le he dado dos bocados a mi taco, que no tengo hambre y que me duele la barriga.
Cupido se podría haber metido su flechita por donde no sale el sol y dejarme en paz, que estaba yo muy tranquila.
—No sé, papá, se me ha quitado el apetito.
—Apoyo el codo en la mesa y dejo que mi mejilla se aplaste en mi mano, sosteniendo mi cara porque incluso la cabeza me pesa demasiado—.
Cómetelo tú, porfi —le pido, y empujo mi plato hacia él que, con los ojos en blanco, decide «sacrificarse» y ponerse a comer.
—¿Te ha pasado algo malo en el trabajo hoy?
—No.
—¿Se ha metido alguien contigo por el camino?
—No.
—¿Es porque echas de menos a tu madre?
—No.
—¿Te va a venir la ... —mira hacia un lado y otro, se acerca a mí y en voz bajita acaba la frase— menstruación?
—¡Que no!
Madre mía, qué insoportable que estoy, ni yo misma me aguanto.
Soy incapaz de seguir callándome las cosas, y sin poder evitarlo, empiezo a mover la pajita en mi refresco y disparo:
—He visto a Susan.
La expresión de mi padre cambia, se zampa lo que ha sobrado de mi plato y pide dos batidos de fresas y nata.
No tardan apenas nada en traerlos.
—Esa sinvergüenza, no sé cómo tiene la cara dura de pedirle ayuda después de lo que le ha hecho.
Que papá sienta antipatía por ella me consuela.
—Su ojo estaba muy mal.
—Y poco le ha pasado por estar con Oliver, esa familia es un cáncer, aléjate de River y sus amigos, ¿eh? O acabarás como Susan, lo llevan en el ADN.
La verdad es que no imagino a River pegándome, creo que antes le sacaría los ojos y me los comería en una sopa. Aunque tampoco tengo más interés en ese chico que el de pasármelo bien, evitar aburrirme e intentar dejar de pensar en Kael.
Si mi padre se enterase de esto, estoy segura de que me encerraría en el sótano y no volvería a ver la luz del sol nunca más.
—¿Crees que Kael la perdonará?
No sé por qué, de repente me entra mucho frío. Es algo que me sucede cuando me pongo bastante nerviosa. No exagero, siento castañear hasta los dientes.
Me subo la cremallera de la sudadera sabiendo que es inútil.
Papá niega, con una expresión tosca.
—Ojalá que no, pero Kael la ha querido mucho, así que no sé qué decirte, hija.
Y sin saberlo ni hacerlo de forma intencionada, Michael acaba de fastidiar mi noche.
¿Por qué no puedo dejar de pensar en ese policía arrogante?