Petricor: Autumn Leaves CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

KAEL

No sé si en estos momentos estoy enfadado, decepcionado, frustrado o todo a la vez.

He soñado cientos de noches con el regreso de Susan, pero ahora que ha vuelto, no quiero recibirla. Es un sentimiento agridulce, y me cuesta entender por qué hubiese preferido que siguiese con ese gilipollas antes que pasar por esto.

Se lo dije una y mil veces, que esos tíos no eran de fiar, y, aun así, ella decidió caer en la trampa.

Oliver fue su amor de la adolescencia. Era el gilipollas que más competía conmigo en todo, junto a su hermano Christoper. Se creían los tipos duros de Payson, pero solo eran dos delincuentes con aires de grandeza y la polla demasiado corta.

Sabía que él la destrozaría, que la usaría y le haría daño, así que se conformó conmigo.

El bueno de Kael.

Aunque hice muchísimas gamberradas y nadie me ganaba a problemático o conflictivo, nunca jugué con las tías ni me reí de ninguna, eso fue lo que la llevó a elegirme. Solo eso.

Oliver se separó de su novia hace unos años y buscó a Susan. No es que ella quisiese dejarme por él, pero creyó que podría acostarse con ese cabrón, en mi casa, en mi cama, para solventar esa fantasía de la adolescencia y que yo no me enteraría.

Por cosas del destino, la pillé, aparecí allí para darle una sorpresa, con flores y bombones, ya que era nuestro aniversario y, como siempre, ella lo había olvidado.

No discutimos, no formamos ningún escándalo. Ella misma le pidió a Oliver que la esperase fuera, hizo sus maletas y... se fue.

Y hasta la fecha.

Sé que parezco un idiota acudiendo en su ayuda y haciendo esto por ella, sin embargo, solo hago mi trabajo, encargarme de un hijo de puta que ha agredido físicamente a una mujer.

Mi exmujer.

Conforme conduzco hacia la casa de River, porque sé que Oliver a esta hora se encontrará en el porche de su hermano, emborrachándose hasta olvidar que no sirve para nada, veo a una chica de cabello rubio, ondulado y largo, con una gorra puesta, balanceando la cabeza de un lado hacia otro.

De verdad, ¿qué le han hecho en Phoenix? Le falta más de un tornillo.

No debería, pero no puedo evitar pisar un poco el freno para mirarla a la cara. Va cantando, y su voz suena como la de un ángel. Es dulce, melódica y adictiva, tanto que podría quedarme un buen rato aquí, escuchándola.

—¡Holi! —Sacude la mano en cuanto me ve. No está tan contenta como siempre, aunque intenta ocultarlo—. ¿Todo bien?

Arqueo una ceja.

—¿Por qué no debería ir bien?

—No sé, dímelo tú. —Se encoge de hombros; parece cansada, me da lástima, joder.

Termino de pisar el freno y le hago un gesto para que suba, no se lo piensa ni dos veces.

—En el fondo te gusta cuidar de mí y lo sabes —asegura, enrollándose un par de mechones en el dedo, sin dejar de mascar esos molestos chicles.

¿Qué estoy haciendo?

Se supone que estoy de servicio, que voy a detener a un hombre, aunque..., joder, la llevaré un momento a casa y seguiré con mi trabajo.

—¿Quieres quedarte a cenar?

—No, estoy ocupado.

—¿Con qué?

Pero, bueno, ¿qué le importa?

—Tengo visita en casa —contesto, y sus ojazos claros bajan hacia sus rodillas, donde tiene la mochila del trabajo, deja las manos colocadas de cualquier manera y no vuelve ni a abrir la boca ni a mirarme en todo el camino.

Debería estar contento, pero no dejo de preocuparme por ella. ¿Estará cansada de Payson? ¿Le ha ido mal en el trabajo? ¿River tiene algo que ver? ¿Quiere volver a Phoenix?

Me importa un cojón y medio lo que haga esta mocosa, pero el que me preocupa es Michael, y ella le influye de forma directa. Sí, es eso. Solo eso.

—Hemos llegado —indico, y ya se está quitando el cinturón y sacando un pie fuera. Vaya, ¿y esas prisas de repente?

—Adiós.

La puerta golpea con fuerza el coche y estoy a punto de regañarla porque el coche no es mío, sino del Estado, pero antes de que tenga tiempo de parpadear, ya se ha largado y desaparecido de mi vida.

¿Qué diablos le ha picado?

Niego y vuelvo a arrancar. Tengo que terminar mi trabajo, así que me pongo manos a la obra con una sonrisilla de satisfacción. Fastidiar a esa familia siempre es una agradable experiencia.

Paso por la casa en la que Susan y Oliver vivían juntos, viendo que todas las ventanas están cerradas, persianas bajadas y luces apagadas, así que ni me detengo y continúo hasta la casa de River, tal y como pensé en un primer momento.

Al llegar a la casa de ese niñato, veo a su padre Cristopher bebiendo cerveza junto a su hermano, Oliver. Dejo el coche en la carretera, bajo y camino hacia ellos. Por mi cara de mala leche, pueden adivinar a lo que vengo.

—¡Kael! ¡Ni se te ocurra llevarte a mi...! —El padre de River viene a por mí y no me entretengo en tonterías, le disparo con el táser y lo dejo llorando en el suelo.

Abuso de mi poder, lo sé, pero es lo único divertido de este trabajo, no me lo quitéis, por favor.

—¡Eres un hijo de...!

Mi gancho se incrusta en la mandíbula de Oliver, él intenta devolverme el golpe y le esquivo, pegándole otro derechazo que le hace caer sobre la mesa de las bebidas. Algunos vasos salen rodando por el suelo y aprovecho para hincarle el codo en la espalda y ponerle las esposas.

—Tú y yo vamos a tener una cita —aseguro.

—Ya tuve suficientes con la puta de tu mujer.

—No, Susan ya no es mi mujer, ahora es la tuya.

Cristopher se levanta a duras penas, prometiendo que su primo el alcalde conseguirá que me echen del cuerpo de policía. Él verá lo que hace, porque ya lo he perdido todo y si me quitan la placa, no habrá nada que me detenga para venir a su casa y quemarla con él dentro.

Meto a Oliver en la parte trasera del coche, empujándole esa cabezota llena de serrín que tiene, subo y arranco.

—Estás cometiendo un error, Kael.

Me llevo un palillo de dientes a la boca y lo mordisqueo.

—¿Qué hizo para que le pegases así? ¿Um? ¿Le puso demasiada sal a la comida? ¿O te dijo que eres un inútil en tu puta cara?

—¡La pillé escribiéndose mensajes con otro tío! ¡Es una zorra, Kael! ¡Nunca cambiará!

Sigo jugando con el palillo entre mis labios, viendo la rabia en la cara de Oliver, a través del espejo retrovisor. Los años le han castigado bastante. Es un hombre con la cabeza rapada y arrugas suficientes como para aparentar más de treinta, aunque en realidad tenga apenas dos años más que yo.

Está hecho polvo.

—Me importa una mierda lo que haya hecho. Las mujeres no se tocan, nunca.