Petricor: Autumn Leaves CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

KAEL

Coloco la cinta policial para que nadie se acerque, los bomberos ya están apagando el fuego del granero. Han asesinado a cuatro cabras y un pollo, además de quemarle todo el almacenamiento de cereal que tenían para el invierno.

Es una putada para el dueño, pero yo siento que mi trabajo es una broma de mal gusto.

—Tiene que pillar a esos delincuentes. Son ellos, River y sus amigos, estoy seguro.

Quiero decirle que se tranquilice, pero no creo que sea justo, porque este hombre tiene ya los sesenta años y trabaja como un cabrón para sacar la cosecha adelante y cuidar de sus animales.

—Mire, le prometo que en cuanto pille a esos cabronazos, se les caerá el pelo.

—Sabe dónde viven, ¿por qué no los arresta y ya?

—Ojalá fuese tan fácil, señor Johnson, sin pruebas no puedo hacer nada.

—¡Pues búsquelas! ¡Ese es su trabajo, ¿no?!

Con ganas de matar a alguien, me giro hacia mi compañero. Michael pinta con tiza la postura en la que los cuerpos de las cabras y el pollo fueron encontrados y toma unas muestras.

Hay que joderse. De verdad.

No vamos a hacer nada. El departamento criminal no analizará esto y archivará el caso en cuanto les llegue. Sin embargo, Michael hace todo el paripé porque a Johnson le hace feliz.

—Listo, analizaremos todo esto y esperamos traerle noticias pronto —comenta el oficial, con una alita de pollo y un par de ¿chuletas? en una bolsa de plástico.

¿Qué pretende hacer con eso? ¿Una barbacoa?

Le damos un par de palmaditas en la espalda y subimos al coche de policía. Dejo las ventanillas abiertas porque el aire fresco del bosque es lo mejor que tiene Payson. Cuando ya nos hemos alejado lo suficiente, Michael lanza «las pruebas» a los pinos.

—Será la merienda de algún oso —comenta, y me río.

Pobre señor Johnson.

Pero pobres de nosotros también. River es familiar directo del alcalde del pueblo y, haga lo que haga, debemos mirar para otro lado, siempre.

Me gusta Payson, aunque a ratos, como en este momento, deseo largarme de aquí.

El único motivo por el que no me he largado es porque no quiero abandonar la casa de mi abuelo y porque no puedo dejar solo a Michael. No después de todo lo que hizo por mí.

—Esos niñatos no van a parar —comento—. Cuando se conviertan en hombres, dejarán de hacer tonterías y cometerán delitos más graves.

—Y por fin podrás pegarles un tiro como tanto has deseado todo este tiempo.

Razón no le falta.

Odio a ese capullo de River y a sus putos amigos. Me miran como si fuesen los dueños de este pueblo y se pasan las normas por los mismísimos testículos.

Si Michael se enterase de que Elena hoy ha subido al coche de ese gilipollas, ahora mismo le estaría dando un ataque de ansiedad nivel estratosférico.

Tengo que encargarme de vigilar a esa mocosa, no voy a permitir que River haga con ella lo mismo que hace con todas las chicas de Payson.

No hay ni una sola con la que no se haya acostado.

Le han puesto incluso varias denuncias por acoso.

Pero como era menor y es quien es, las cosas están como están.

—Solo espero que esa chusma no se acerque a mi niña, si alguno de esos canallas se atreviese a gritarle, ponerle un dedo encima o forzarla a algo..., te juro que el East Green River será de color rojo gracias a la sangre de esos niñatos hormonados.

—No le harán nada a Elena, es una chica lista.

Solo quiero tranquilizarle, pero no estoy nada seguro de lo que estoy diciendo.

Por eso mismo, no pienso quitarle el ojo de encima. Aprecio mucho a Elena, la vi crecer y sé que, pese a que le falta un tornillo, tiene un buen corazón. Sigo preocupándome por ella, aunque crea que me cae mal.

—Oye, fuera de bromas, lo del incendio es serio. —Michael revisa la colilla que hemos encontrado en el granero—. Espero que con esto sí que hagan algo.

Sin que me lo cuenten, ya sé lo que ha pasado.

Se han drogado, han hecho el gilipollas por la granja. Las cabras y el pollo se asustarían y empezarían a hacer ruido, les cortaron el cuello y se fueron al granero a fumar y follar. Fin del misterio.

Llegamos a la comisaría y siento que los brazos se me tensan y mis dedos se agarrotan alrededor del volante.

El coche de Susan está ahí.

—¿Qué demonios hace esa mujer aquí? —Michael está cabreado, pero yo siento miedo, muchísimo miedo. Sé con quién está, con el tío de River, y sé cómo es esa familia y cómo tratan a las mujeres.

Bajo sin siquiera quitar las llaves, corriendo hacia la comisaría. Al entrar por la puerta, la veo con un ojo completamente reventado, sentada en la silla de espera junto a mi mesa, llorando como una magdalena.

Maldita sea.

—Susan... Susan, joder...

Soy imbécil. No puedo evitarlo.

Por mucho que la odie, por mucho rencor que le tenga, voy hacia ella y la abrazo con todas mis fuerzas. Susan descarga un lamento desgarrador sobre mi pecho mientras acaricio su pelo y prometo que mataré al que sea que le haya hecho eso.

—Kael, lo siento muchísimo, no debí... Yo... soy tan idiota..., perdóname.

¿Perdonarla?

Eso no es posible para mí.

Siempre estaré dispuesto a ayudarla, y por supuesto que no puedo dejarla de lado en un momento como este. Pero ¿perdonarla? No.

—Tranquila —digo en voz baja, pensando en que lo importante ahora es poner una denuncia. Necesito arrestar al que le haya hecho esto, traerlo al calabozo y darle la paliza de su vida—. Supongo que estás aquí para denunciar, ¿verdad?

Sus ojos me miran entristecidos y confundidos. Las lágrimas le caen mejillas abajo y juro que nunca, jamás, la había visto tan triste cuando estaba conmigo. Cuando ella era mía y yo, de ella.

—No merezco tu ayuda, Kael, pero eres lo único que tengo.

Lo sé. Porque ella también es lo único que he tenido yo durante este tiempo y, cuando se fue, me quedé completamente solo y vacío.

—No te preocupes por nada, mis compañeros te harán una manzanilla para que te tranquilices mientras te tomo la declaración, luego puedes ir a mi casa a descansar un poco, si quieres, Penny se pondrá contenta.