CAPÍTULO 13
ELENA
Salgo de la ducha cantando una de mis canciones favoritas y voy a la cocina donde mi padre me espera.
Hoy ha hecho un estofado que huele delicioso, esto es totalmente nuevo.
Lo de que sepa cocinar, digo. No me he separado de él para enterarme de cómo lo hace.
Mi madre odiaba tenerme cerca cuando estaba en la cocina, pero a Michael parece que le hace disfrutar.
—¿Entonces lo has pasado bien con Kael? —pregunta mientras acaba de terminar de poner la mesa y yo me siento la silla.
Me aparto el pelo húmedo de la cara, le sirvo agua a él primero y luego a mí.
—Sí, aunque siento que no me soporta y creo que solo lo hace porque tú le obligas. —Le pongo ojitos, para que sepa que no tengo ni un pelo de tonta y me doy cuenta de todo.
Él se ríe a carcajadas, luego coge un trozo de pan y se lo echa en la boca.
La risa de mi padre es pura vitamina, da como diez años de vida, y sigo sin entender qué diablos vio mi madre en Ander.
—Él te aprecia muchísimo, cuando le conté lo que... te pasó, no dudó un solo segundo en ir a por ti y, créeme, si por él fuese, ese tal Ander no seguiría caminando a día de hoy.
Asiento, reconfortada por escuchar eso.
—Pero siempre está serio, nunca sonríe y todo lo que digo o hago parece que le molesta —aseguro, pinchando una zanahoria con el tenedor.
—Cielo, Kael no está pasando un buen momento. Susan le ha hecho muchísimo daño, yo pasé por lo mismo con tu madre y sé lo que es, así que...
—¿Susan está con otro hombre?
Madre mía, no puedo creerlo.
Papá asiente, se bebe toda el agua de golpe y vuelve a llenarse el vaso.
—Iban a casarse, estaban buscando un hijo, y un día le dije que podía volver antes a casa porque era su aniversario. Susan siempre era mala para las fechas, nunca se acordaba, él le tenía una sorpresa preparada y...
—¿Se lo encontró con otro al entrar?
Vuelve a asentir y el tenedor me resbala de los dedos, cayendo dentro del plato.
—Nunca me fie del todo de Susan, la verdad, pero, bueno, cambiemos el tema.
No, no, no quiero cambiar el tema.
—Pero si Kael es perfecto —suelto, y la forma en que digo perfecto llama la atención de Michael— para Susan, quiero decir, la quería mucho.
—A veces eso no es suficiente, pecosa, yo también quería a tu madre.
Resoplo.
Yo también quería a Adrien. Supongo.
Y tampoco fui suficiente.
Me dejó por una de mis amigas, la cual era mayor que nosotros.
No duraron ni una semana juntos, sin embargo, la humillación me la llevé igual.
Se conocieron en la heladería, de cuando él venía a recogerme.
Siempre hablaban mucho y se llevaban bien, fui tan idiota que no vi las señales, a pesar de que Amy me lo advirtió mil veces.
—Elena, ¿estás bien?
Doy un respingo en la silla.
—¡Sí!, claro. Por cierto... —empiezo mientras dibujo círculos con el pan sobre la salsa de la carne—, no sé si te hará bien que te pregunte esto, pero... ¿por qué mamá y yo nos fuimos de aquí?
Mi padre deja de masticar, se traga lo que le queda en la boca de golpe y bebe más agua.
—Cariño, no quiero hablar de ello. No hoy al menos. Perdóname.
Frunzo los labios y bajo la mirada hacia el plato. No quiero pensar en lo terrible que tuvo que ser para que papá ni siquiera pueda hablar de ello.
—No le guardes rencor, pecosa. —Michael acaricia mi mano—. Tu madre también es una persona y tiene derecho a ser feliz, si yo no era lo que ella quería...
—Pues que no se hubiese casado contigo ni nada de eso.
—Te aseguro que, si no fuese por ti, nunca lo habría hecho —suspira—. Qué importa, es el pasado, lo importante es que ahora estás aquí conmigo y eso me hace muy feliz.
Michael se levanta de la mesa para recoger los platos sucios, yo hago lo mismo y, antes de que se lleve hasta el mantel, le detengo y me abrazo a su cuerpo.
—Has trabajado y has hecho la cena, yo me encargo de limpiar —susurro, intentando acallar las voces de la culpabilidad. Supongo que él también tiene las suyas propias—. Yo recojo la cocina.
—¿Estás segura?
— Sip , déjame ser una buena hija por un rato.
—¿Y cuándo seré yo un buen padre?
Sus brazos me aprietan con fuerza y las ganas de llorar me golpean como una ola enfurecida. He necesitado esto tantas veces...
—Siempre lo has sido, papá.