PETITE LUMIÈRE CAPÍTULO 17 EL DÍA MÁS TRISTE DE MI VIDA (Viernes 24 de junio de 1983)
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CAPÍTULO 17 EL DÍA MÁS TRISTE DE MI VIDA (Viernes 24 de junio de 1983)

Eugénie se encontraba en la casa donde vivían temporalmente junto a la tía Mériem, la hermana menor de Mathilde, y mientras su padre Clément descansaba en su habitación. Ese día, sin entender por qué, Eugénie sintió una necesidad profunda de hacer algo que no le correspondía.

En la casa había una persona encargada de planchar la ropa. Era parte de sus responsabilidades. Sin embargo, Eugénie decidió hacerlo ella misma.

Tomó la ropa de su madre, Mathilde, y de sus hermanas, Clarisse y Juliette, especialmente las prendas negras, blancas y algunas grises.

Algo dentro de ella se estremeció.

No entendía lo que sentía, pero no pudo ignorarlo.

Se dirigió hacia el cuarto de servicio, donde se encontraba el área destinada a planchar, y comenzó a hacerlo con una concentración absoluta, como si aquello fuera necesario, como si algo la impulsara desde lo más profundo.

Pasó varias horas planchando cada pieza.

Al terminar, regresó al interior de la casa y guardó cuidadosamente toda la ropa en su lugar, procurando que todo quedara organizado.

Mientras tanto, dentro de la casa, la familia compartía con la hermana mayor de Clément y algunos familiares y amigos

Disfrutaban de una merienda sencilla: panecillos recién salidos del horno, chocolate caliente y otros alimentos. Era una de las meriendas que más le gustaban a Eugénie.

Sin embargo, ese día no se sentó con ellos.

Sintió que debía ir a la habitación de su padre.

Tomó su librito azul de oraciones, su devocionario católico, y entró en la habitación donde Clément se encontraba.

Se sentó frente a su cama y comenzó a orar. Siempre lo hacía pero esta vez era especial, le estaba orando a su padre.

Permaneció allí en silencio, recogida en su oración.

Luego de unos minutos de terminar la oración a su padre Juliette entró en la habitación. Tuvieron unas palabras

Eugénie no recuerda qué palabras intercambiaron.

Pero, de pronto, Juliette, visiblemente alterada, dijo:

Papi, no te mueras. Él la miró como si quisiera decirle: “Mi hijita, déjame ir, que ya es hora”.

Eugénie quedó paralizada.

No supo qué hacer ni qué decir.

Juliette salió corriendo de la habitación.

Poco después, entró la hermana mayor de Clément y sacó a Eugénie rápidamente.

Eugénie se molestó profundamente.

Quería quedarse con su padre.

Quería estar allí.

Pero no se lo permitieron.

En ese momento, Eugénie no comprendía lo que estaba ocurriendo.

No sabía que su padre ya había fallecido.

Solo sentía una necesidad profunda de estar con él, de acercarse, de ponerle un rosario en las manos y despedirse.

Pero no pudo hacerlo.

Tenían que prepararlo para el funeral.

Fue después, cuando le informaron lo sucedido, que sufrió una crisis emocional muy fuerte, que la dejó completamente afectada.

Por recomendación médica, no le permitieron asistir ni al velorio ni al entierro de su padre.

Lo que sintió en ese momento fue un dolor profundo.

Como si todo se derrumbara.

Clément no era solo su padre.

Era su confidente, su cómplice, su amigo, su héroe.

Y ya no estaría más.

Eran aproximadamente las 7:30 de la noche cuando todo ocurrió.

Eugénie lo sabía porque se encontraba orando en ese momento.

Después de eso, no supo cómo continuar.

No podía comprender lo que había pasado.

Sabían que Clément estaba enfermo. El médico les había advertido que su estado era delicado.

Pero nunca imaginaron que ese sería el final.

La vida cambió por completo para Eugénie, su madre y sus hermanas.

Y ese dolor tan profundo que quedó en Eugénie, como todas las cosas que no pudo decirle a su padre en ese momento, fue algo que más tarde escribió en una carta a su padre.