CAPÍTULO 10 UNA DECISIÓN (Que lo cambiaría todo)
UNA DECISIÓN (Que lo cambiaría todo)
Después de aquel viaje a Miami, nada volvió a ser igual.
No fue de un día para otro.
Fue en conversaciones, poco a poco, hasta que una idea se hizo clara.
Su madre siempre había querido estar cerca de su hermana Adèle. La extrañaba profundamente, y ese deseo, que había estado presente durante tanto tiempo, comenzó a sentirse más fuerte.
Se lo dijo a Clément.
Él la escuchó.
No era una decisión sencilla. Su vida estaba en su país, en lo que conocía, en lo que había construido con esfuerzo. Allí se sentía estable, tranquilo. Dejarlo todo no era fácil.
Pero también estaba ella y lo que sentía.
Y por amor, decidió apoyarla.
Los días pasaron y las conversaciones continuaron, hasta que finalmente tomaron una decisión.
Una que lo cambiaría todo.
Una tarde, Clément reunió a toda la familia alrededor de la mesa.
Había algo distinto en su expresión. Seriedad, pero también una calma firme.
Los miró y les dijo que se mudarían a Miami.
Por un instante, el silencio llenó el espacio.
Y luego, la emoción.
Saltos. Risas. Abrazos.
Para ellas, era un sueño.
Estar cerca de sus primos. De su tía Adèle. Volver a ese lugar que tanto las había marcado.
Pero esa alegría venía acompañada de una realidad.
Había que dejarlo todo.
La casa. Los muebles. La vida que conocían.
Y así comenzó el proceso.
Decidieron vender la casa. Algo poco común en ese tiempo: la venta se haría en dólares, para agilizarlo todo.
Pero Clément sabía lo que hacía.
Era un hombre inteligente, con experiencia y visión.
Y logró lo que parecía difícil.
La casa se vendió rápidamente, casi sin esfuerzo, como si todo se estuviera acomodando para ese cambio.
Llegó el verano.
Y con él, el momento de partir.
Subieron al avión rumbo a los Estados Unidos, con una mezcla de emociones difícil de describir. Había ilusión, pero también incertidumbre.
Era temporada de huracanes.
Ese día, el huracán David atravesaba la región.
El vuelo no fue tranquilo.
Las turbulencias comenzaron de repente. El avión se sacudía con fuerza. Las azafatas perdieron el equilibrio, las bandejas cayeron y el ambiente se llenó de gritos y miedo.
Fue un momento de tensión.
Pero en medio de todo, él estaba ahí.
Clément.
Atento. Sereno. Protegiéndolas. Pendiente de cada una.
Sosteniendo la calma cuando más hacía falta.
Después de varias horas, aterrizaron.
Sanos y salvos.
Justo antes de que el huracán se intensificara aún más.
Bajaron del avión desordenados, con restos de comida y bebida en la ropa, pero aliviados.
Habían llegado.
Allí los estaban esperando.
Se instalaron en un apartamento temporal, en el mismo edificio donde se habían quedado durante las vacaciones, esta vez más cerca de la tía Adèle.
Era un edificio grande, lleno de vida.
Y poco a poco, ese lugar comenzó a sentirse como hogar.
Muy cerca estaba Miracle Mile, en Coral Gables, donde pasaban gran parte del tiempo: caminando, comprando, compartiendo.
Todo empezaba a tomar forma.
Una nueva rutina. Una nueva vida.
Los meses pasaron.
Y llegó diciembre.
El 15 de diciembre celebraron algo muy especial: los quince años de Juliette.
La fiesta fue inolvidable.
Todo el edificio parecía estar allí. Personas de diferentes países compartían el momento: griegos, colombianos, dominicanos, españoles, italianos, americanos, cubanos, mexicanos.
Había música, risas, comida, vida.
La familia se involucró en cada detalle.
Pero, como siempre, Clément estaba en todo.
Atento. Presente. Asegurándose de que todo saliera bien.
Y lo logró.
Eugénie sonreía. Compartía. Observaba.
Pero había algo que ya no era igual.
La música seguía. La alegría también.
Pero Eugénie ya no cantaba.
Había cosas que aún permanecían en silencio.