CAPÍTULO 9 MIS VACACIONES (En Miami)
MIS VACACIONES (En Miami)
Después de lo ocurrido, la vida continuó.
La familia de Eugénie estaba llena de emoción.
Para Eugénie, sin embargo, algo ya no se sentía igual.
Era su primer viaje juntos como familia, y eso lo hacía aún más especial.
A esa ilusión se sumaba algo muy significativo: estar cerca de la tía Adèle, quien para Eugénie siempre había sido como una segunda madre.
Hacía mucho tiempo que no se veían, y ese reencuentro traía consigo una alegría profunda.
Para Eugénie y sus hermanas, además, era la primera vez en los Estados Unidos. Todo era nuevo, emocionante, lleno de posibilidades.
Al hospedarse en el mismo edificio que su tía, la sensación era como si todos vivieran bajo el mismo techo. Siempre estaban cerca, compartiendo, riendo, disfrutando cada momento como si el tiempo no importara.
Había instantes que se quedaban grabados sin esfuerzo.
A veces, de la nada, Clément y su tío terminaban en el piso, en un rincón del apartamento, con sombreros en la cabeza, riéndose sin parar mientras imitaban personajes mexicanos que tanto les divertían. Se hacían señas, exageraban gestos, y era imposible no contagiarse de su risa.
Eugénie los miraba fascinada. Le encantaba ver a su padre así, espontáneo, libre, lleno de vida.
Pero algo dentro de ella ya no respondía de la misma manera.
Las noches se alargaban entre cuentos, conversaciones y ocurrencias. Nadie miraba el reloj. No había prisa. Solo existía el momento y la alegría de compartirlo.
La música, como siempre, estaba presente, acompañando cada instante como un hilo invisible que lo unía todo.
Y la comida también tenía su protagonismo.
Clément y su tío compartían una pasión especial por la cocina. Disfrutaban creando platos, cuidando cada detalle, probando, inventando. Pero para Eugénie, lo más importante no era lo que preparaban, sino estar ahí, a su lado, acompañándolo.
Muchos de esos momentos se vivían cerca de la piscina, donde organizaban parrilladas. Allí estaba él, conversando, riendo, disfrutando, mientras Eugénie, sin darse cuenta, guardaba cada instante en su memoria.
Como si temiera que esos momentos no se repitieran.
Incluso en medio de las vacaciones, ella siempre encontraba tiempo para escribir. A veces una carta, otras un poema, algún verso, porque escribir era parte de su manera de sentir el mundo.
Uno de los recuerdos más especiales de ese viaje fue la visita al Miami Seaquarium. Era la atracción del momento. Allí conocieron a las famosas ballenas Hugo y Lolita, además de los delfines.
El espectáculo era impresionante.
Parte de la emoción era que el agua podía llegar hasta el público, pero nadie estaba realmente preparado.
En un instante, las ballenas hicieron un movimiento fuerte y el agua salpicó con intensidad.
Eugénie quedó completamente empapada.
Se sorprendió, pero al mirar a su padre, todo cambió.
Clément, con su calma habitual, le explicó que así era el espectáculo, que había que estar listo para mojarse. Y poco a poco, la sorpresa se transformó en risa.
Sus hermanas también reían.
Y aquel momento se convirtió en una de esas anécdotas que nunca se olvidan.
Otro recuerdo quedó marcado en una tarde en Miami Beach.
Habían dejado el carro un poco lejos y caminaban juntos. En un momento, Clarisse y Juliette comenzaron a correr hacia Eugénie.
Ella tenía la cámara de su padre en las manos.
Y sin pensarlo, tomó la foto.
Las captó en el aire, justo en el salto, como si estuvieran suspendidas en el tiempo.
Un instante perfecto.
De esos que no se repiten.
Los días transcurrieron entre paseos, tardes en la piscina, visitas a tiendas y noches llenas de risas. Todo fluía con una naturalidad hermosa, como si la vida siempre hubiera sido así.
Hasta que, casi sin darse cuenta, las vacaciones llegaron a su fin.
Antes de regresar, Mathilde le comentó a Clément que le gustaría volver pronto a visitar a su hermana Adèle. La extrañaba profundamente. Siempre habían sido muy unidas, desde los tiempos en que sus casas estaban tan cerca que bastaba cruzar el patio para verse.
Clément la escuchó con atención y, con esa seguridad tranquila que lo caracterizaba, le dijo que volverían.
Y eso trajo calma.
Los últimos días se vivieron con más intensidad, con esa mezcla de alegría y ese pequeño nudo que aparece cuando sabían que algo estaba por terminar.
Días después de regresar a casa, mientras conversaban con calma,
sus padres tomaron una decisión importante.
Una decisión que lo cambiaría todo.