CAPÍTULO 11 #3
A las tres de la mañana se acaba la fiesta, los niños se quedan a dormir en casa de mis suegros, ya que mañana volvemos a comer aquí para celebrar Año Nuevo.
Lola está un poco perjudicada por el alcohol, pero al menos está simpática.
Yendo hacía el coche me voy quitando la corbata y le cuento lo de la camiseta.
Se ríe a carcajadas y me recuerda la que llevaba en la boda. «No cambias», me dice.
Nos montamos en el coche y le explico el origen de la camiseta, un pequeño puesto en el rastro de Madrid a la altura de Cascorro.
«Un día te llevo y te compras una». Sigue riendo y me encanta verla así.
Está juguetona. Empieza a tocarme por encima de la bragueta y le digo que pare que así no puedo conducir.
Sigue tocándome y no soy de piedra. Deja de acariciarme y observo por el rabillo del ojo cómo se desprende de sus medias y del tanga.
—Lola, para, voy a tener que frenar el coche.
—Hazlo.
Giro a la derecha y accedo a una zona aislada frente a un parque, cerca de donde inicia nuestro barrio. Paro el motor, reclino mi asiento hacia atrás y Lola ya está sobre mí.
—¿Te acuerdas cuando follamos en el coche el primer día que nos conocimos? —se lo recuerdo mientras me besa.
—Lo tengo siempre presente. Es mi fantasía—me susurra.
Ya no podemos parar. Llegamos al final y es una locura muy excitante. Me da pena que en casi diez años no haya sido capaz de contarme su fantasía. Es una demostración de la escasa comunicación y complicidad que hay entre los dos.
Año Nuevo.
Me he levantado antes que Lola para prepararle el desayuno.
Espero que se despierte de buen humor para lo que le voy a proponer.
Mientras acabo de tostar el pan, escucho la cisterna y el grifo de nuestro baño.
Unos minutos después, baja arrastrándose por la escalera.
Tiene resaca, pero está preciosa, despeinada y muy natural.
Se acerca a mí, me besa en los labios y me da las gracias por el desayuno.
—Fue una noche memorable la de ayer—le digo insinuante.
—¿Lo dices por la fiesta o por el polvo?
—Por ambas cosas. Si te apetece podemos repetir en la ducha antes de ir a comer.
—Tranquilo, no tienes que demostrar nada. Lo del otro día fue un gatillazo por la falta de costumbre. —ya vuelve a ser Lola. Le ha faltado tiempo para echármelo en cara. Ignoro su comentario despectivo y voy al grano.
—Nena, quería proponerte una cosa. Me gustaría que fuésemos a pasar el resto de las vacaciones de Navidad al pueblo para que mis padres y mis hermanas vean a los niños—suelto todo de carrerilla para que no me interrumpa.
—Lo siento, tengo que trabajar.
—Pero te puedes llevar el portátil y trabajar desde allí. Yo me encargo de los niños y no te molestaremos.
—Ya te he dicho que no. Esta semana tengo que ir al Juzgado y debo asistir a varias reuniones.
—Pues si vas a estar tan ausente, tampoco te importará que me vaya yo con ellos—mi tono ya no es negociador, me está cansando su autocracia.
—Mira, Manu, no me apetece discutir el primer día del año. Haz lo que te salga de los cojones. Yo me quedo, pero el Día de Reyes tienes que estar aquí.
—Mira, Dolores, yo tampoco quiero discutir.
Me voy a ir con mis hijos a ver a mi familia y no voy a darme la paliza para volver en Reyes.
El 6 de enero es festivo, así que quedamos en Madrid, los recoges, te vienes con ellos y yo me quedo allí que, por cierto, yo también trabajo —la tez de Lola se torna blanca al oírme tan decidido y cómo le planto cara.
Ahora toca la estocada final—. Por cierto, no me sale de los cojones comer hoy donde tus padres.
Diles que estoy enfermo o lo que te dé la gana. Me quedo en casa y hago las maletas.
—Tú mismo —sentencia.
Lola se arregla como si fuese a una boda y se marcha a casa de sus padres sin despedirse de mí.
Yo me quedo en paz. Va a ser la mejor comida de Año Nuevo desde hace tres años.
Solo me apena no estar con mis hijos, pero esta semana en el pueblo lo van a pasar de maravilla con sus primos, y yo más, viéndolos disfrutar.
Me doy una ducha relajante, preparo las maletas y a mediodía me hago la comida.
Huevos fritos con patatas. Me pongo mi camiseta favorita, es la de Platero y Tú que me regaló Clara hace veinte años.
Aún me queda bien, no he cambiado mucho de talla.
Aprovecho y pongo mi música favorita. Miro el móvil por si Lola se arrepiente y me ha llamado.
Ni rastro de ella y su soberbia. En cambio, tengo un mensaje de Clara.
Clara : ¡Feliz año, Greñas! ¡Qué ilusión que me hayas felicitado! Espero que estés teniendo unas navidades geniales en compañía de tu familia. Nos vemos a la vuelta. Un besito.
No dudo en responderle. A mí sí que me ha hecho ilusión que me escribiera.
Manuel: No te voy a engañar, están siendo una mierda de navidades, pero van a mejorar. Mañana me voy al pueblo, tengo pendiente darme un homenaje con Los Esaboríos. No te quiero molestar más. Pásatelo bien y nos vemos en unos días. Un beso y un abrazo enorme.