Capítulo 7 #4
—Tú también eres mi amor más preciado, Theron. Siempre lo serás.
El duque sonrió con una felicidad tan evidente que ella tuvo que contener el impulso de abrazarlo.
—Creo que podríamos intentarlo, Minerva. Sé mi regalo de Navidad —sugirió él.
—Tendrás que demostrarme que has aprendido a hablar de tus sentimientos. Y yo también me comprometo a hacerlo.
—Puedo practicar ahora mismo si lo deseas.
Minerva arqueó una ceja.
—Ah, ¿sí?
—Te amo —repitió—. Te amo, Minerva Haverford, y estoy convencido de que seguiré amándote incluso cuando cumplamos cincuenta años de matrimonio y continúes empeñada en llevarme la contraria.
La duquesa soltó una carcajada.
—¡Eres insufrible! Solo tú podrías convertir una declaración de amor en algo así.
—Y tú eres la mujer más hermosa de Inglaterra.
—Ahora estás exagerando.
—Ni una palabra. Me has ordenado expresar mis sentimientos y pienso cumplir con mis obligaciones.
Minerva se rio con tantas ganas que tuvo que apoyarse en el brazo de su esposo. Cuando ella recuperó la compostura, levantó los ojos hacia arriba.
—Foxworth…
—¿Sí, querida?
—Creo que has olvidado algo.
Theron frunció el ceño.
—¿El qué?
—La tradición.
—¿Qué?
—La del beso y el muérdago.
—No hay muérdago aquí.
—Lo sé.
—Entonces, ¿qué pretendes decirme?
Minerva se acercó hasta quedarse frente a él y apoyó las manos sobre su pecho, con el cuidado necesario para no rozarle las contusiones y hacerle daño.
—Que quizá me apetezca besarte otra vez, haya muérdago o no. —El duque se quedó sin habla y ella sonrió al descubrir su desconcierto—. ¿Qué ocurre, Foxworth? ¿Has perdido de pronto la capacidad para hablar?
—Si comienzo a besarte, no podré parar.
—Uhm… Un desafío…
Minerva se alzó sobre las puntas de los pies, le rodeó el cuello con los brazos y buscó sus labios.
Theron respondió al beso con suavidad, pero pronto todo dio paso a la pasión que ambos habían estado conteniendo durante demasiado tiempo. La estrechó contra su cuerpo y sintió que ella se aferraba a sus hombros mientras sus labios recuperaban una intimidad más que bienvenida.
Él permitió que Minerva marcara el ritmo y disfrutó de cada caricia y de la dulzura con la que su esposa volvía a besarlo después de tanto tiempo.
Cuando Minerva consideró que el beso estaba siendo ya demasiado, se separó, pero no huyó de su contacto, pues se quedó abrazada al duque y él lo agradeció.
—Feliz Navidad, Theron —murmuró.
Su marido suspiró. Desearía haberle podido hacer el amor, pero no quería apresurar más de lo necesario las cosas. Lo importante era que habían dado un paso muy decisivo en su relación.
—Todavía faltan unos días, querida.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué me felicitas?
Minerva volvió a sonreír y se separó un poco de él para mirarlo a los ojos.
—Porque creo que esta Navidad será muy especial.
Theron le acarició el rostro y le depositó un beso sobre la frente.
—Haré cuanto esté en mi mano para que así sea, Minnie. Esta y cada una de las que nos queden por vivir. Dios bendiga a Cedric por haberte escrito la carta.
Y cuando ella volvió a abrazarlo, el duque se dio cuenta de que recuperar a su mujer no consistía en conseguir que Minerva regresara a su cama ni en oírla decirle que todavía lo amaba.
A partir de ese instante tendría que aprender a compartir sus temores, escuchar los de su esposa y recordar que el amor que los unía no podría sobrevivir si continuaban escondiéndose detrás del orgullo.
La estrechó con suavidad y justo cuando más estaba disfrutando de ese momento, ella se removió y salió del abrazo.
—¿He hecho algo mal? —preguntó el duque, mientras ella se dirigía a la salida de la biblioteca.
—En absoluto.
—¿Y por qué huyes de mí, Minerva? —trató de averiguar.
—No huyo, me dirijo a tus habitaciones, esposo.
—¿Ya debo enclaustrarme en la cama de nuevo?
—Sí.
—Pero me siento más fuerte y capaz que nunca. Podemos salir y…
—Ha comenzado a nevar —observó ella.
Los ojos del duque se movieron hasta la ventana más próxima y se dio cuenta de que así era. El manto blanco era el claro anuncio de que la Navidad estaba a la vuelta de la esquina.
—¿Y no podemos seguir paseando por…?
—Amor mío… —lo interrumpió ella.
—¿Sí, querida? —inquirió cuando se quedó callada de pronto.
—Si te sientes con fuerzas, me gustaría mucho que me hicieses el amor.
—¿Qué? —Eso sí que no se lo había esperado.
—Creo que el paso que acabamos de dar merece sellarse con…
—No digas más —la interrumpió, a la vez que apuraba el paso para colocarse tras ella—. Abre el camino, mi amor, te sigo de cerca.
Ella soltó una gran carcajada y los duques de Foxworth caminaron con gran emoción hacia la alcoba donde harían una nueva promesa de futuro. Esta vez pensaban cumplirla para siempre.
Sobraría decir que hicieron el amor con tranquilidad, porque además de amarse con cariño, ternura y paciencia, Theron necesitaba ir poco a poco para no lastimarse, pues se imaginaba que, de otro modo, su duquesa no le permitiría volver a salir de la cama en varias semanas más.
¡Un momento!
Eso no sería tan malo, después de todo, ¿verdad?