Capítulo 7 #3
—Lo sé, pero me dolió que comenzasen los rumores sobre vosotros.
Y antes de eso tuve que lidiar sobre los otros rumores de por qué me aceptaste.
No podía evitar preguntármelo. Tú, la hermosa hija de un conde que había rechazado a tantos, casada conmigo de pronto.
¿Y si solo veías mi título? No sabía qué hacer e hice lo peor: distanciarme.
Ella asintió.
—No puedo negar que tu título me impresionó, pero no solo fue eso.
Eras diferente. Sabía que eras frío y difícil, mi madre ya me lo había advertido, pero cuando estabas conmigo no veía al hombre del que me prevenían.
Te quise en cuanto te vi. Había algo en la forma de mirarme que me cautivó.
—Él sonrió—. Además, sobre el vizconde, debo confesar que no medí bien mis acciones.
Yo solo pretendía que volvieras a mirarme, Theron.
Estaba tan cansada de sentirme invisible que pensé que, si otro hombre me encontraba atractiva, quizá recordarías que seguía siendo tu esposa.
El duque cerró los ojos durante unos segundos.
—Y yo interpreté tu desesperación como una amenaza.
—Me acusaste de ser capaz de traicionarte.
—Lo recuerdo, y no tengo excusa para haber pronunciado esas palabras. Estaba furioso, celoso y aterrorizado ante la posibilidad de perderte. Dije un montón de tonterías que no creía, cosas horribles que jamás debí ni pensar, y después fui demasiado orgulloso para reconocer mi error.
Minerva apretó los dedos de su marido.
—Me hiciste muchísimo daño.
—Lo sé, querida.
—Pensé que habías dejado de desearme. Que te habías cansado de mí después de conseguir lo que querías.
Theron la miró con verdadero dolor.
—Nunca podría cansarme de ti, Minnie. Ni cuando toda la servidumbre pone en duda mi liderazgo porque has tomado tú el mando nada más llegar. Mi ayuda de cámara y el ama de llaves se mostraron aterrorizados cuando me vieron fuera de la alcoba y tú no lo habías autorizado —le contó.
Ella dejó escapar una risa entre lágrimas.
—Es porque yo tomo mejores decisiones que tú.
—Por desgracia, sospecho que eso no cambiará.
La duquesa sonrió, pero enseguida recuperó la seriedad.
—¿Por qué viniste al campo y te quedaste tanto tiempo aquí?
Theron tardó unos segundos en responder.
—Porque cuando me dijiste que no ibas acompañarme, pensé que necesitabas estar lejos de mí.
Me marché convencido de que regresarías cuando se te pasara el enfado, pero los días se convirtieron en semanas y después en meses.
Cada vez que pensaba en volver a Londres, recordaba nuestra última discusión y temía que me dijeras que ya no querías ser mi esposa.
—Yo esperaba que regresaras a buscarme.
—¿Lo esperabas? —preguntó sorprendido y Minerva asintió con la cabeza.
—Sí, a pesar de que sugeriste que convertirme en tu duquesa había sido un error.
—Lamento haberlo dicho. Estaba furioso y dolido. Tú eres lo mejor que me ha sucedido jamás y tienes que creerme. Dime que me crees, te lo ruego.
La duquesa asintió.
—Somos un par de necios, Theron. Recibí tu carta de que ibas a regresar a Londres y hui porque me enfadé. Te mostraste tan… tan… ducal y autoritario al informarme de tus planes que no quise esperarte, ni verte.
—Dos necios extraordinariamente orgullosos. —Los dos sonrieron, pero el duque volvió a mostrar una expresión más cauta y siguió—: Hay algo más que necesito decirte, Minnie. Algo que debería haberte dicho hace mucho tiempo.
Ella frunció el ceño.
—¿A qué te refieres? Ya te has disculpado.
El duque se colocó sobre la rodilla derecha sin soltarle las manos.
—Theron, no quiero que te hagas daño.
—Estoy bien y debes saberlo. Te amo —dijo con seguridad.
Minerva lo contemplaba con la boca entreabierta—.
Te amo profundamente —continuó él—. Eres lo más importante de mi vida y no existe título, fortuna ni responsabilidad que pueda compararse con la felicidad de tenerte a mi lado.
Te amé en cuanto te vi y he continuado amándote durante el tiempo que hemos pasado separados.
Ni mis celos ni mi orgullo han conseguido cambiar eso.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Minerva. Esa debió haber sido su petición de mano. Al fin tenía lo que tanto había deseado escuchar.
—Nunca me lo habías dicho —susurró.
El duque negó con la cabeza.
—¿Cómo que nunca?
—Nunca me habías dicho que me amabas.
—Minerva, me casé contigo.
—Lo sé.
—Te elegí para compartir mi vida.
—También lo sé.
—¿Y no comprendiste lo que significaba para mí?
Ella negó con la cabeza.
—No, Theron. Por favor, levántate. —Él obedeció y ella siguió hablando—: Durante los primeros meses pensé que me querías porque eras atento conmigo y disfrutábamos estando juntos. Pero después dejaste de hacerlo y empecé a pensar que nunca habías sentido verdadero amor por mí.
El duque la contempló con desconcierto.
—Estaba convencido de que lo sabías.
—¿Cómo iba a saberlo si nunca me lo habías dicho?
Theron comprendió entonces cuánto daño le había provocado su silencio.
Durante toda su vida había considerado que las acciones bastaban para demostrar los sentimientos y que las palabras carecían de importancia cuando un hombre estaba dispuesto a compartir su nombre, su fortuna y su hogar con una mujer.
Jamás se le ocurrió pensar que Minerva necesitara escucharlo de sus labios.
—Te lo dije ante Dios cuando pronuncié nuestros votos —murmuró.
—Sí, Theron. Y después dejaste que pasaran los meses y yo te veía alejarte de mí. Eso sin olvidar que te limitaste a decirme que nuestro matrimonio era un hecho después de bailar más de la cuenta conmigo. Nunca me lo preguntaste.
El duque sintió una punzada de vergüenza.
—Por lo visto, he sido un marido espantoso y un pretendiente negligente —se lamentó.
—Muy orgulloso, también.
—Y bastante estúpido.
—Extraordinariamente estúpido —confirmó ella.
Theron soltó una carcajada que terminó contagiando a Minerva.
—Gracias por tu comprensión, querida.
—Siempre he procurado ser sincera contigo.
—Una virtud que agradecería un poco más si no la utilizaras para recordarme mis defectos.
A no ser, por supuesto, que decidas sacarlos a relucir y yo pueda obtener mil besos.
—Minerva sonrió y él aprovechó para acariciarle la mejilla—.
No espero que me perdones tan pronto —continuó con una voz más suave—.
Sé que las palabras no bastan para reparar lo que he hecho y que necesitaré tiempo para demostrarte que he comprendido mis errores, pero quiero que sepas que no volveré a permitir que mis inseguridades decidan por mí y que jamás volveré a alejarme de ti sin hablar antes de lo que nos preocupa.
Prefiero discutir contigo a tener que soportar el silencio más triste del mundo porque tú no estás a mi lado.
—¡Oh, Theron! No sabía que pudieses ser capaz de decir cosas tan bonitas.
—La duquesa lo observaba con una emoción desbordada—.
Además, yo también debo disculparme. No me comporté como debía.
Quise darte celos con Mondrake y sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
Estaba herida y deseaba que sintieras una pequeña parte de lo que yo sufría cada vez que me dejabas sola.
Yo también debí haber tratado de aclarar las cosas contigo.
—No más reproches, mi amor. Mi dulce y gran amor… Eso es lo que eres para mí, Minerva.
La dama suspiró. Su duque sería siempre el hombre orgulloso, arrogante y exasperante del que se había enamorado, pero acababa de descubrir una vulnerabilidad que él nunca le había permitido conocer.
Comprendía cuánto había debido costarle reconocer sus temores y admitir que había cometido errores, y sintió que parte del dolor acumulado durante los últimos meses comenzaba a aliviarse.