CAPÍTULO 47 SI FUERA EL FIN DEL MUNDO, ¿VENDRÍAS A POR MÍ? #3
Subo las escaleras despacio, dejando la maleta olvidada en cuanto piso el que fue mi refugio durante toda mi adolescencia.
Es extraño comprobar que un lugar puede permanecer inmóvil mientras tú sientes que has vivido diez vidas distintas lejos de él.
Durante un instante cierro la puerta a mi espalda y simplemente respiro.
Huele a casa. A recuerdos, a muchos recuerdos.
A la habitación en la que crecí. A la habitación desde cuya ventana aprendí que, a veces, el destino decide colocarte justo delante de la persona que cambiará tu vida para siempre en el momento en que menos te esperas.
No enciendo la luz. Porque hay un gesto que llevo demasiado tiempo reprimiendo y que, incluso ahora, después de todo lo ocurrido, sigue siendo el primero que mi cuerpo quiere hacer antes que cualquier otro.
Camino lentamente hacia la ventana con una mezcla absurda de esperanza y miedo, sintiendo que cada paso pesa como si estuviera avanzando hacia el borde de un precipicio.
Me digo que soy una idiota. Que tanto Ryder como yo llevamos casi un año sin vivir aquí.
Que la casa de enfrente probablemente esté vacía.
Que Ryder tiene otra vida. Otra universidad.
Otra novia. Otro futuro. Pero mi corazón no entiende de lógica.
Nunca la ha entendido cuando se trata de él.
Aparto apenas unos centímetros la cortina.
Y, en ese mismo instante, dejo de respirar.
La luz de la habitación de Ryder está encendida.
La misma que tantas noches observé apagarse cuando él se acostaba tarde después de entregarnos a la pasión simplemente observándonos el uno al otro.
La misma que, durante los últimos meses en casa, permaneció completamente negra mientras yo seguía mirando desde aquí como una estúpida, incapaz de aceptar que aquella ventana ya no volvería a iluminarse para mí.
Hay movimiento. Una sombra cruza despacio delante del cristal.
Parpadeo varias veces porque estoy convencida de que mi cabeza vuelve a jugar conmigo.
Llevo demasiados meses viendo a Ryder donde no está.
Escuchándolo donde no existe. Encontrándolo escondido en canciones, en frases escritas en una cafetería, en números absurdos y en recuerdos que aparecen cuando menos los necesito.
Mi salud mental lleva demasiado tiempo sosteniéndose con alfileres y, durante un segundo, estoy completamente convencida de que esto no es más que otra alucinación nacida de las ganas insoportables que tengo de volver a verlo.
Pero entonces lo veo. ¡Joder! ¡Es él! ¡Joder, joder, joder! Retrocedo un paso casi por instinto. Mierda, ¿qué hago? ¿Y si está con su novia? No quiero ver eso. No puedo. Mi habitación sigue completamente a oscuras, así que, si es él, quizá no me haya visto. O sí… ¡Mierda, mierda! ¿Qué hago?
Respira Ava. Puede ser su hermano Connor.
Primero necesito saber si él está en el pueblo también y si me voy a tener que topar con él durante mi breve estancia.
También necesito saber si ha venido solo o con su chica.
Así que cojo el teléfono, entro en Instagram y busco otra vez el perfil de Ryder.
Tengo la excusa perfecta hoy, ya que solo quiero comprobar si ha publicado algo sobre la fiesta, si realmente ha venido con Carolina, si volverá a Boston pronto…
Pero no ha subido nada. Aprieto los labios.
Voy a cerrar la aplicación. No necesito seguir haciéndome daño.
Pero justo en ese momento… Ryder Knox ha publicado una nueva foto.
El corazón me golpea tan fuerte que siento un dolor físico en el pecho.
La abro y me quedo en estado de shock severo.
Soy yo. ¡Es una jodida foto de mí! Estoy sentada en la biblioteca de California, completamente absorta entre apuntes y libros, mordiéndome distraídamente el capuchón de un bolígrafo mientras estoy estudiando para los exámenes finales.
Las manos empiezan a temblarme mientras leo el pie de foto.
"¿Has visto alguna vez algo más perfecto?"
Las lágrimas empiezan a caer sin que llegue siquiera a sentirlas.
No. No puede ser. Ha estado allí. ¿Durante cuánto tiempo?
Esta foto es de varios días después de su partido…
Pero, si estaba allí… Podría haberme buscado.
Podría haberme abrazado. Y, sin embargo, eligió quedarse mirándome desde la distancia.
Exactamente igual que hizo hace cinco años. ¿Por qué no quiso acercarse a mí?
De repente una melodía rompe el silencio de la habitación y doy un respingo tan fuerte que el teléfono se me escapa casi de las manos.
El corazón empieza a golpearme el pecho con una violencia absurda.
Durante un instante ni siquiera soy capaz de identificar de dónde viene la música.
Solo sé que la conozco. Que la he escuchado cientos de veces.
Mi respiración se queda suspendida cuando la voz comienza a cantar.
"If the world was ending..." Las lágrimas acuden inmediatamente a mis ojos, porque es nuestra canción.
La canción que Ryder eligió aquella noche en la hamburguesería cuando yo insistía, entre bromas, en que toda pareja necesitaba un nombre ridículo y una canción que la representara.
La canción que hablaba de dos personas que solo se atrevían a volver a buscarse cuando el mundo entero se estaba derrumbando y ya no quedaban excusas para seguir separados.
Si fuera el fin del mundo, vendrías a casa, ¿verdad?
Vendrías y pasarías la noche conmigo, ¿verdad?
¿Me amarías durante lo que dure ese infierno?
Todos nuestros miedos serían irrelevantes.
Si fuera el fin del mundo, volverías a casa, ¿verdad?
El cielo se estaría cayendo y yo te abrazaría fuerte y no habría un motivo por el que decir adiós.
Escucho la letra y necesito agarrarme a la silla para no caerme. Niego despacio con la cabeza mientras las lágrimas empiezan a deslizarse por mis mejillas sin que pueda hacer absolutamente nada para detenerlas.
Un momento… ¿De dónde narices sale esa música y por qué parece que suena en mi habitación?
Levanto lentamente la cabeza, intentando seguir el sonido mientras el corazón me golpea con tanta fuerza que siento un ligero mareo.
Camino casi sin darme cuenta hacia la ventana y, cuando estoy lo suficientemente cerca, descubro sobre el alféizar un pequeño altavoz Bluetooth del que brotan las notas de nuestra canción.
Justo a su lado, perfectamente colocado, hay un dónut glaseado.
Me llevo una mano a la boca para contener el sollozo que amenaza con escaparse.
Solo existe una persona en el mundo capaz de dejarme un dónut glaseado acompañado de esa canción.
Solo una persona habría entendido que no hacía falta escribir una sola palabra para decirme exactamente todo lo que necesitaba escuchar.
Levanto la vista con el corazón completamente desbocado y lo busco automáticamente en la ventana de enfrente.
Lo veo y él me ve. Y dios, estoy tan en shock que no sé qué hacer.
De un segundo a otro, el cielo estalla en una tormenta veraniega potente y ruidosa.
La luz de la habitación de Ryder se apaga y ya no lo veo allí.
¿Habrán sido alucinaciones mías? No, no, no estoy tan loca.
Pero, ¿dónde está? Un relámpago rasga la noche de extremo a extremo en el cielo y comienza a llover con una violencia casi irreal.
Una tormenta de verano cae sobre el pueblo como si el propio cielo hubiera decidido romper a llorar.
El destello ilumina la calle durante apenas un instante, pero ese instante basta para encontrarlo.
Está allí. Ryder está allí. En mitad de la calle que separa su casa de la mía.
Completamente empapado. Con las manos escondidas dentro de los bolsillos del pantalón.
Los hombros ligeramente caídos. Y la mirada fija en mi ventana como si estuviera dispuesto a esperar toda la noche una respuesta por mi parte.
Otro relámpago vuelve a iluminarlo todo y nuestros ojos se encuentran.
Una sonrisa temblorosa se abre paso entre mis lágrimas.
Está aquí. Ha vuelto. Y ha venido a por mí.
Salgo corriendo de la habitación casi sin ser consciente de mis propios movimientos.
Escucho a mi padre llamarme desde la planta baja, preguntándome qué ocurre, adónde voy o por qué bajo las escaleras como si la casa estuviera ardiendo, pero soy incapaz de responderle.
Llevo demasiado tiempo respondiendo a todo el mundo menos a la única llamada que de verdad importaba.
Abro la puerta principal y la lluvia me empapa antes incluso de dar el primer paso.
El agua me cala la ropa, el pelo y la piel en cuestión de segundos, pero me da exactamente igual.
Echo a correr con todas mis fuerzas hacia él mientras siento que algo dentro de mí vuelve por fin a ocupar el lugar del que nunca debió marcharse.
Llevo demasiado tiempo corriendo en dirección contraria. Y esta vez... Esta vez corro exactamente hacia donde siempre pertenecí.