Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 45 ¿QUÉ DEMONIOS NOS PASÓ?
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CAPÍTULO 45 ¿QUÉ DEMONIOS NOS PASÓ?

¿QUÉ DEMONIOS NOS PASÓ?

Estoy llorando mientras atravieso el jardín de la Hermandad de los Crows sin ver prácticamente nada.

Las luces de la fiesta se han convertido en manchas borrosas y la música retumba a mis espaldas como si perteneciera a una vida completamente ajena a la mía.

Porque quizá lo sea. Quizá llevo demasiado tiempo sintiéndome una espectadora de mi propia existencia, observando cómo el mundo sigue avanzando mientras yo me quedo atrapada en un lugar del que no sé salir.

He esperado diez meses este momento y, aun así, ha durado apenas unos minutos.

Unos minutos en los que he descubierto que Ryder está bien, que ha cumplido su sueño, que sigue siendo la persona más hermosa que he conocido nunca y que, por mucho que me empeñe en construir una vida nueva, mi corazón sigue reconociéndolo como si el tiempo no hubiera pasado.

Entonces noto un tirón suave en la muñeca. Es un gesto tan delicado que casi parece una súplica.

—Ava… —Me detengo en seco. Esa voz. Dios mío.

Esa voz. Me doy la vuelta y lo veo allí, ligeramente sin aliento, con el pecho subiendo y bajando deprisa y los ojos clavados en mí como si tuviera miedo de que volviera a desaparecer.

Y, antes de que yo pueda decir nada, habla—.

No te vayas otra vez sin escucharme. Por favor, Ava…

no vuelvas a elegir irte antes de que podamos entender qué demonios nos ha pasado.

Llevo diez meses aprendiendo a vivir sin ti y todavía no lo he conseguido ni el primer día.

Así que, por favor, no tomes otra decisión por los dos hasta que sepamos toda la verdad.

Las lágrimas vuelven a llenar mis ojos automáticamente.

Porque no esperaba escuchar eso. Porque una parte de mí llevaba demasiado tiempo preparándose para un rechazo definitivo, para una mirada fría o para una indiferencia que me castigara por todo el daño que le hice.

Sin embargo, lo que tengo delante es a un hombre agotado, roto y completamente desconcertado, exactamente igual que yo.

Él respira profundamente y da un paso más hacia mí.

—¿Qué decían esas notas? —su pregunta me deja inmóvil.

Porque, de repente, me doy cuenta de que ahí dentro estaba la parte más vulnerable de mí misma.

La Ava desesperada, la Ava arrepentida, la Ava que se había desnudado emocionalmente delante de una persona que, en teoría, ya había rehecho su vida.

Y, aunque quiera decirle la verdad, una parte de mí siente vergüenza.

Porque él tiene novia. Lo he visto con ella.

Porque quizá contarle lo desesperada que estaba sea cruzar una línea que ya no me pertenece.

Titubeo. Miro al suelo. Me humedezco los labios.

—Ava, por favor… cuéntamelo —vuelve a suplicar. Levanto la mirada y me encuentro con sus ojos azules llenos de una tristeza que me mata.

—Te pedía perdón —decido ofrecerle algo de mi verdad, de mis mensajes. Su expresión cambia inmediatamente.

—¿Qué?

—Te pedía perdón por todo. Te decía que nunca debí dudar de ti, que había sido mi culpa y que entendía que no quisieras perdonarme jamás… pero que yo iba a estar allí. Que iba a seguir allí esperándote. Aunque no quisieras volver a verme. Aunque no quisieras volver a estar conmigo.

Él cierra los ojos un instante y deja escapar un suspiro que parece haber estado reteniendo durante diez meses.

—Pero no estabas.

—¿Qué?

—Cuando volví ya no estabas. Nadie sabía dónde te habías metido —me recrimina. Parpadeo varias veces.

—¿Cómo que no estaba? Tú te fuiste primero —digo y él frunce el ceño.

—¿Yo?

—Sí. Tenías novia y me dijo que…

—¿Novia? —me interrumpe inmediatamente— ¿De qué estás hablando? —pregunta como si yo hubiera perdido la cabeza. Ahora soy yo la que lo mira completamente desconcertada.

—La chica morena. La vi hace ocho meses en tu casa. Me dijo que era tu novia —le informo. Él tarda unos segundos en reaccionar.

—Ava… yo te he dicho que estuve en terapia. Nick y su madre me la pagaron. Pasé allí muchísimo tiempo.

Mi respiración empieza a acelerarse.

—Pero… esa chica… la que estaba ahí dentro contigo… ¿No es tu novia? —insisto porque no me lo he inventado. Yo la vi en casa de Ryder y ella me lo dijo. Ryder baja la mirada. Traga saliva. Y tarda en responder.

—Sí. Es mi novia —afirma y mi corazón se encoge un poco, aunque ya lo sabía—.

Pero solo llevamos dos meses juntos —dice y me deja completamente confundida.

Juraría que es la misma chica que fue a su casa, que me dijo que estaba con él, que estaba bien…

Lo miro y siento que el suelo vuelve a moverse bajo mis pies.

—¿Dos meses? —pregunto confundida y asiente.

—Te busqué, Ava —confiesa y me tambaleo—. Te llamé. Fui a buscarte. Pero no tenías el mismo número de teléfono. No estabas en las redes sociales. Y tu padre no quiso hablar conmigo. Supuse que habías pasado página —dios mío…

—Yo también te llamé por teléfono, no solo dejé notas. Muchas veces. Pero tu teléfono estaba apagado —le digo. Su expresión cambia por completo. Esta vez parece enfadado.

—¿Qué?

—Dejé mensajes de voz. Muchísimos.

Y entonces lo veo ponerse nervioso de verdad. Empieza a caminar de un lado a otro. A pasarse la mano por el pelo. A respirar cada vez más deprisa.

—No… no… no puede ser.

—Ryder…

—No puede ser.

—¿Qué pasa?

Me mira. Pero esta vez no me mira como hace unos minutos. Ahora me mira como si estuviera uniendo piezas de un puzle gigantesco. Como si algo horrible estuviera cobrando sentido.

—Tengo que hablar con Carolina —me informa y parpadeo.

—¿Con tu novia?

—Joder —dice simplemente y empieza a dar vueltas otra vez.

—Ryder…

—Joder, Ava.

—Tranquilízate —me acerco a él y me atrevo a tocarlo, le cojo el brazo. Su piel está caliente. Y noto que se queda completamente quieto. Él me mira y hay una desesperación enorme en sus ojos.

—No lo comprendes —dice y yo asiento despacio.

—Está bien —susurro, pero él niega inmediatamente.

—No. No está bien.

Durante unos segundos pienso que se refiere a haber vuelto a hablar conmigo. Pienso que quizá está luchando contra la culpa de estar traicionando a su novia o contra el peso de todo lo que acabamos de descubrir. Pero entonces vuelve a hablar.

—Esto no está bien —lo dice como si estuviera enfadado consigo mismo. Como si acabara de descubrir que hay algo mucho más grande detrás de todo esto—. Tengo que volver a buscarla.

Lo miro confundida. Pero sonrío. Una sonrisa pequeña. Triste. Cansada.

—Ve —digo tratando de infundirle calma. Él me observa.

—Ava… yo…

—Solo quería saber que estabas bien. Y decirte que estoy orgullosa de ti.

Sus ojos se llenan inmediatamente de lágrimas. Y lo que veo en sus ojos me rompe. Porque sigue siendo Ryder. Y Ryder nunca ha necesitado demasiadas palabras para decirme lo que siente. Entonces deja escapar dos lágrimas. Y, antes de irse, me dice algo que creo que recordaré toda mi vida.

—No fue culpa tuya, Ava. Fue el mundo el que nos separó.

Lo teníamos todo en contra, aunque ambos queríamos que fuera de otra manera.

Yo lo quise con todas mis fuerzas. Pero simplemente no tuve tantas fuerzas para luchar yo solo contra todo lo que había a nuestro alrededor.

Ni siquiera sabía por dónde empezar. Solo me permití disfrutar de ti el tiempo que la vida me concediera.

Mi respiración se corta. Y, antes de que pueda responder, se inclina hacia mí y deposita un beso triste en mi frente. Un beso que sabe a despedida. Después se separa un poco y me mira.

—Tengo que hablar con Carolina antes de dejarme llevar por mi impulso. No quiero arrepentirme de nada más ni volver a ser el malo de la película.

Y se va. Se da la vuelta y vuelve a entrar en la Hermandad de los Crows a toda prisa.

Y yo me quedo allí. Inmóvil. Observando cómo se aleja.

Pero después me obligo a continuar, a dejarlo ir, a respirar un poco mejor porque sé que no me odia.

Empiezo a caminar hacia la residencia mientras mi cabeza da vueltas sin parar.

Hace ocho meses aquella chica me dijo que era su novia.

Ryder dice que eso no era verdad. Las notas desaparecieron.

Las llamadas no llegaron. Los mensajes desaparecieron.

Demasiadas cosas han desaparecido. Y, de repente, me invade una sensación horrible.