Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 38 UN AGUJERO PROFUNDO, OSCURO Y SOLITARIO
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CAPÍTULO 38 UN AGUJERO PROFUNDO, OSCURO Y SOLITARIO

UN AGUJERO PROFUNDO, OSCURO Y SOLITARIO

Los exámenes han terminado. Y, sinceramente, me importa una mierda.

Hace una semana me habría importado. Hace tres semanas habría estado emocionada.

Hace un mes habría llegado a casa, habría abrazado a mi padre y habría celebrado que todo el esfuerzo había merecido la pena.

Pero ahora no siento nada. Estoy vacía. Porque cuando algo se rompe por dentro, resulta que las cosas que antes parecían importantes dejan de serlo.

Recojo mi boletín de notas y lo guardo dentro de la mochila sin apenas mirarlo.

Sé que son buenas. Lo sé porque he estudiado muchísimo estos últimos días.

Porque Ryder y yo hemos pasado tardes enteras estudiando juntos, riéndonos, soñando con Boston y construyendo un futuro que ahora no sé ni siquiera si existe.

Y eso es lo peor. Que ya no sé qué es real.

Camino por los pasillos del instituto con una sensación extraña, como si estuviera caminando dentro de un sueño horrible del que todavía no he despertado.

Ni siquiera me planteo ir a la graduación.

No quiero hacer fotos. No quiero escuchar discursos.

No quiero celebraciones. Solo quiero ver a Ryder y saber la verdad.

Porque la rabia sigue ahí. Sigue quemándome el pecho.

Pero ya no es lo único que siento. Ahora hay algo mucho peor.

La necesidad desesperada de creer que todo esto es un malentendido.

La necesidad de pensar que lo que he vivido con él ha sido real.

Porque, si no lo ha sido, entonces no sé qué parte de mí soy yo y qué parte ha construido él. Y eso me aterra.

Salgo del instituto con el boletín en la mano y lo veo.

Está en el jardín de la entrada. Esperándome.

Y, de repente, el corazón se me rompe un poco más.

Porque está guapísimo y porque a la misma vez está fatal.

Tiene ojeras. Muchísimas. Lleva dos días sin saber nada de mí y se nota.

Tiene una sonrisa pequeña, triste, y el pelo un poco revuelto.

Y, aun así, en cuanto me ve, sonríe un poco.

Como si verme fuera suficiente. Se acerca despacio, casi con cautela, y mueve el boletín delante de mí.

—Lo he conseguido —dice y trago saliva.

—¿Sí?

Asiente.

—Lo he conseguido, Ava. Gracias a ti tengo un futuro. Gracias a ti… ambos lo tenemos.

Me esfuerzo muchísimo por sonreír. Muchísimo. Pero no me sale.

—Me alegro mucho por ti, Ryder.

Y él lo nota inmediatamente. Toda la sonrisa desaparece. Se pone nervioso. Muchísimo.

—¿Dónde has estado estos dos días? —lo miro y no sé ni por dónde empezar—.

Si necesitabas estar sola para concentrarte mejor, lo habría entendido —su voz empieza a temblar—.

Pero he estado muy preocupado —mis ojos se llenan de lágrimas y él se tensa todavía más—.

Ava… —Da un paso hacia mí— ¿He hecho algo mal?

Dímelo, por favor —dice y da otro paso, y mi respiración comienza a acelerarse—.

Porque si he hecho algo mal, necesito saberlo.

Y, sobre todo, necesito que sepas una cosa.

Sea lo que sea, nunca he tenido intención de hacerte daño.

Cuando él se acerca más, yo me alejo. Y eso lo destroza. Lo veo en su cara. Porque creo que nunca me había alejado físicamente de él. Empieza a respirar con rapidez.

—Habla conmigo —suplica y su voz suena desesperada—. Sea lo que sea, lo arreglaré.

Y entonces lo miro y lo suelto.

—¿Sabes quién es Ray Bell?

Todo su cuerpo se paraliza. Palidece. Y mi corazón cae directamente al suelo.

Porque reconoce el nombre. Es el primer chico que me dejó plantada cuando toda esa locura empezó y los chicos empezaron a correr de mí como si fuera portadora de un virus letal.

Asiento despacio. Con una decepción tan enorme que casi me ahoga, y trago saliva.

—¿Amenazaste a todos los chicos que querían acercarse a mí con quitarles la vida?

—¿Qué? —pregunta mostrando incredulidad y abre mucho los ojos.

—Respóndeme.

—Por supuesto que no —contesta nervioso. Y, por un instante, quiero creerle. Quiero creerle con todas mis fuerzas. Pero entonces continúo.

—¿No amenazaste a Ray Bell con acabar con él si se acercaba a mí? —Él se queda completamente quieto—. Porque él lo asegura. Y todo el mundo también. Incluso parece ser que hay un vídeo que lo confirma. No puedo decir lo mismo de los demás chicos, pero de él, al parecer, sí.

—No es cómo tú crees —dice bajando la mirada y suspira.

Y entonces todo se derrumba. Porque no me ha dicho que no.

—Mírame —Ryder levanta la cabeza—. Mírame y prométeme que no amenazaste a Ray Bell con quitarle la vida si se acercaba a mí.

El silencio dura una eternidad. Y entonces dice algo que me destruye.

—No puedo hacer eso —dice y yo empiezo a hiperventilar.

—Dios mío…

—Ava… —susurra mi nombre e intenta acercarse a mí.

—¡No! —Me alejo— ¡No me toques! —Empiezo a llorar— Me has robado todas mis decisiones.

—No… —dice sacudiendo la cabeza.

—¡Sí! —La respiración me falla— ¡Me has hecho creer que había algo malo en mí! ¡Me has hecho pensar que el problema era yo! ¡Que nadie quería acercarse a mí porque había algo defectuoso en mí!

—No era eso.

—¡No tenías ningún derecho!

—Por favor, déjame explicarte —suplica con desesperación.

—¿Explicar qué? —Grito y noto cómo me tiembla todo el cuerpo— ¿Explicar que me has manipulado todo este tiempo para divertirte conmigo?

—¡Eso no es verdad! —grita y se le quiebra la voz—.

Todo lo que he hecho ha sido quererte. Todo.

Incluso las cosas que hice mal. Y eso es lo peor de todo, Ava.

Que si pudiera volver atrás… probablemente volvería a cometer algunos de esos errores.

Porque no soportaba la idea de perderte antes incluso de haberte tenido.

Lo miro. Y eso me destroza todavía más. Porque lo dice de verdad. Porque sé que lo dice de verdad. Pero ahora mismo no puedo soportarlo.

—No me has querido. Me has robado una parte de mí.

—No.

—¡Sí!

—Ava…

—¡Me has robado mis decisiones!

Él traga saliva.

—Te quiero de verdad —dice y su voz se rompe—. Con todas mis fuerzas. Solo he hecho amarte y protegerte.

—No me proteges si me quitas la libertad.

Las lágrimas empiezan a caer por sus mejillas. Y aun así sigue intentándolo.

—No es como tú crees.

—¡Pues explícamelo! —Ryder abre la boca.

Pero no le doy tiempo— ¿Sabes qué? ¡No, ahora no es el momento!

No es justo que me digas que me quieres ahora y me quieras contar todo cuando ves el dolor que has causado y no antes —empiezo a llorar todavía más— ¿Sabes lo cruel que es esto?

Has esperado semanas para decirme algo así y justo me lo dices cuando estoy rompiendo contigo.

¡Me has obligado a enamorarme de ti y era todo una mentira!

Él se queda inmóvil. Y, por primera vez, lo veo enfadarse un poco.

—¿Cómo se supone que obligas a alguien a amarte?

—su voz suena herida— Ava… llevo cinco años intentando que me miraras.

No sé ni cómo se obliga a alguien a enamorarse.

¿No crees que si tuviera ese poder lo habría hecho antes?

No puedes culparme de algo que ni si quiera es posible. No si antes no me escuchas, por favor…

Y eso duele muchísimo. Porque una parte de mí quiere creerlo. Pero otra está decidida a olvidarse de Ryder Knox para siempre.

—Eso tendré que decidirlo esta vez yo.

—¿Qué significa eso? —pregunta y me mira confundido.

—Que voy a salir con otros chicos.

—¿Qué? —pregunta y veo en su rostro un dolor agudo y punzante que me mata.

—Porque no está prohibido salir conmigo —las lágrimas siguen cayendo por mis ojos—. Porque no tengo nada malo. Porque nunca fui culpable de nada.

—Ava… —dice y empieza a respirar con dificultad.

—Y después… ya se verá si tengo ganas de escuchar tus explicaciones. Explicaciones que no has querido darme en todo este tiempo que hemos compartido juntos, por cierto.

—¿Estás rompiendo conmigo? —pregunta dando un paso atrás.

No respondo. Porque creo que los dos sabemos la respuesta. Él intenta serenarse.

—Ahora mismo estás viendo las cosas de una manera que no son —su voz tiembla y traga saliva—. La rabia te está cegando. Tú no eres así —se acerca un poco—. Por favor, cálmate. Analízalo desde la calma. Déjame hablar cuando estés preparada.

Sin embargo, yo ya no puedo más. Porque si me quedo un minuto más a su lado voy a abrazarlo.

Y eso sería muchísimo peor porque decidiré creer cualquier cosa que salga de su boca, sea cierta o no, siempre y cuando me permita seguir amándolo con todas mis fuerzas.

Pero todo esto está mal. No puedo basar todo lo nuestro y nuestro en una mentira.

Así que me doy la vuelta, empiezo a caminar, a alejarme de Ryder Knox.

—¡Ava! —oigo cuando me llama y no me detengo— ¡Ava, por favor!

—Necesito estar sola —le digo sin girarme y con esfuerzo porque las lágrimas no me dejan ni respirar.

Él empieza a caminar detrás de mí. Y entonces se detiene.

Porque lo entiende. Sé que lo está haciendo.

Por primera vez desde que me conoce, está respetando una decisión mía.

Se queda quieto. Absolutamente quieto. Y yo sigo alejándome.

Llorando. Con una sensación horrible dentro del pecho.

Porque, de repente, entiendo una de las mayores tragedias del amor.

A veces, la persona que más daño te hace sigue siendo el único lugar donde quieres refugiarte cuando todo se derrumba.