CAPÍTULO 33 YA NO ME ESCONDO #3
—Constantemente. Es una de mis actividades favoritas.
Jannet se ríe tanto que tiene que taparse la boca.
Selena también sonríe, aunque intenta disimularlo.
Kassy, en cambio, parece estar luchando contra su voluntad para no reírse, lo que resulta mucho más evidente que si simplemente se riera.
Nick la mira con descaro, como si hubiera conseguido exactamente lo que quería.
—Vas a sonreír —le dice.
—No.
—Sí.
—No estoy sonriendo.
—Todavía no, Salamandra. Pero estás a punto.
—Nicholas.
—Otra vez mi nombre completo. Me estás malcriando.
Ryder suelta una risa baja a mi lado y yo lo miro de reojo.
Hay algo diferente en él. No sabría decir qué es.
Tal vez sea que no parece tan apartado. Tal vez sea que, por una vez, hay gente sentada a su mesa que no lo mira como si fuera una amenaza.
Le sienta bien esta nueva sensación. Y a Nick también.
De repente, han perdido todo ese aura de peligro y destrucción solo porque cuatro chicas se han sentado a hablar con ellos.
—¿De qué os reíais antes? —pregunta Selena, señalando a Nick y Ryder. Nick se ilumina como si le hubieran dado permiso para subir a un escenario.
—Ah, eso es buenísimo.
—No lo es —Ryder niega con la cabeza como advirtiendo a Nick que calle.
—Sí, lo es. Estábamos hablando del entrenamiento de ayer.
—No.
—Sí. Resulta que nuestro querido Knox se desconcentró bastante porque cierta rubia estaba mirando desde la barandilla como si estuviera evaluando ganado de competición.
—Yo no estaba evaluando nada —me defiendo mientras siento que me arde la cara.
—No, claro —dice Nick—. Estabas haciendo un estudio sociológico sobre torsos masculinos en el deporte escolar.
—¿Fuiste a mirar entrenamientos sin nosotras? —pregunta Jannet con ojos muy abiertos.
—Fui a ver a Kassy.
—Sí, claro —añade Kassy para humillarme más con la ceja alzada.
—También fui a verte a ti.
—¿También?
—Bueno, estabas allí.
—Ava Monroe, qué fuerte —se ríe Selena—. Fuiste a ver el ganado sola.
—No hagáis un drama —digo poniéndome roja como un tomate.
—Lo mejor fue la cara de Ryder —dice Nick, echando su cuerpo hacia adelante—. Intentaba correr como si nada, pero cada vez que miraba hacia la grada parecía que alguien le hubiera reiniciado el cerebro.
—Nick… calla —añade Ryder lanzándole una mirada mortal.
—¿Qué? Estoy contando la verdad.
—Estás exagerando.
—Knox, estabas babeando por todo el campo. Jamás te he visto tan ensimismado.
Yo miro a Ryder, encantada.
—¿Te desconcentré?
—No.
—Mentira —resopla Nick.
—Joder, un poco —admite Ryder, sin mirarme.
Y, Dios, esa pequeña confesión me hace sonreír como una idiota.
—Pues yo sigo pensando que fue vergonzoso —dice Kassy, cómo no… ¿Qué le pasa? ¡Está insufrible!
—Tú calla —dice Nick—. Eres mi desanimadora favorita, ya lo sabes, pero siempre estás cortando el rollo. Deberías sonreír un poquito más. Con lo guapa que eres y lo mucho que protestas, estás desequilibrando la balanza del universo, Salamandra.
—Te odio.
—No lo suficiente, lo sabes.
Kassy se queda callada de golpe. Solo un segundo. Pero yo lo veo. Veo cómo algo le cruza la cara, una sombra rápida, casi imperceptible, antes de volver a ponerse borde.
—No te emociones, Nicholas.
Nick sonríe, pero esta vez no responde y le guiña. Y eso me llama la atención. Hay algo ahí. No sé qué. Pero algo.
La conversación sigue saltando de un tema a otro con una facilidad extraña.
Hablamos de la fiesta de mañana en The Ruins y de ir juntos, los amigos de Ryder y nosotras.
Las chicas parecen encantadas con la idea.
Y yo sonrío agradecida por tener las amigas que tengo y haber confiado finalmente en ellas.
Ryder apenas habla, pero escucha. Se ríe de vez en cuando de las tonterías que dice Nick.
Añade comentarios secos que hacen que Nick se indigne y que Jannet se ría.
Y, poco a poco, la mesa deja de parecer una rareza para convertirse en algo casi normal.
Casi. Porque sigo notando miradas. No tantas como al principio, pero están ahí.
Pero no menciono nada al respecto. Ryder tampoco dice nada, pero en algún momento, mientras Nick cuenta que una vez intentó impresionar a una chica en primaria saltando desde un columpio y terminó con un diente partido, siento una mano rozar la mía debajo de la mesa.
Me quedo quieta. Ryder no me mira al principio.
Simplemente enlaza sus dedos con los míos y los aprieta con suavidad, como si quisiera comprobar que sigo ahí.
Como si el beso hubiera sido una cosa, sentarme a su lado otra, pero quedarme de verdad fuera lo que más le cueste creerse.
Entonces sí me mira. Y lo que veo en sus ojos me aprieta algo por dentro.
—Gracias —dice en voz muy baja, para que solo yo pueda escucharlo. Le aprieto la mano.
—No —susurro—. Gracias a ti.
Él no pregunta por qué. Yo tampoco se lo explico. No soy capaz todavía de decirle todo lo que él le ha dado a mi vida sin proponérselo. Pero me hago la promesa de que algún día se lo diré.