Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 33 YA NO ME ESCONDO #2
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CAPÍTULO 33 YA NO ME ESCONDO #2

—Yo solo quiero protegerte —dice al fin, y no suena enfadada, sino cansada—.

Y sé que últimamente estoy insoportable, vale.

Lo sé. Pero no puedo evitar pensar que, si todo el mundo habla, por algo será.

Una persona con la vida de Ryder, con ese padre, con esa reputación, con todo lo que arrastra…

es inestable, Ava. Puede que contigo ahora sea increíble, puede que te trate bien, puede que tú estés viendo una parte que los demás no vemos.

Pero te vas a enamorar y te va a hacer daño.

Sus palabras duelen más porque no vienen de la maldad.

Vienen del miedo. Y quizá por eso no me enfado enseguida.

Respiro despacio, miro un segundo el suelo y pienso en Ryder sentado en su cama, con la cabeza entre las manos, diciéndome que no entendía cómo no había salido corriendo todavía.

Pienso en su forma de ponerse a la defensiva cuando cree que alguien va a marcharse.

Pienso en su padre esposado, en su madre que le abandonó cuando era un crío, en el pueblo entero colocándole una etiqueta desde que llegó.

—A lo mejor me hace daño —digo al final—.

No soy idiota, Kass. Sé que esto no es fácil.

Sé que puede salir mal. Pero también sé que Ryder me ha dado mucho y yo no le he dado casi nada.

Nada más que prejuicios, dudas y miedo. Me he pasado años creyendo lo que otros decían de él sin molestarme en conocerlo, y cuando por fin lo he hecho, he descubierto a alguien que merece mucho más que eso.

Así que sí, me voy a arriesgar. Porque quiero darle la oportunidad que nadie le ha dado.

Jannet se queda mirándome con los labios entreabiertos.

—Vale, eso ha sonado mucho a película romántica.

—Cállate —murmuro, aunque sonrío.

—No, en serio —dice Selena—. Me parece bien. Me parece valiente.

Kassy baja la mirada. No parece convencida del todo, pero tampoco discute.

—Solo… ten cuidado.

—Lo tendré.

—Y si te hace llorar, lo mato.

—No serás la única —añade Jannet. Selena levanta la mano.

—Yo puedo esconder el cuerpo en mi jardín.

No puedo evitar reírme. Y, de repente, siento que algo se afloja dentro de mí. No está todo resuelto. Kassy sigue preocupada. Yo sigo teniendo miedo. Ryder sigue siendo Ryder y el mundo sigue siendo el mundo. Pero ya no lo estoy guardando sola. Y eso, aunque parezca pequeño, cambia muchísimo.

Un rato después vamos hacia la cafetería.

El ruido habitual nos recibe incluso antes de cruzar la puerta: bandejas moviéndose, estudiantes hablando demasiado alto, risas, sillas arrastrándose por el suelo.

Durante años este lugar me ha parecido simplemente una parte más del instituto, pero hoy siento que estoy a punto de cruzar una frontera invisible.

Y quizá es exactamente eso lo que estoy a punto de hacer.

Porque Ryder y Nick están sentados en una mesa lateral, apartados como siempre, en esa zona donde casi nadie se acerca por un miedo irracional a esos chicos.

Están riéndose de algo y hay varias sillas libres alrededor de ellos.

Como si la mesa entera llevara un cartel invisible de “prohibido sentarse aquí si quieres conservar tu reputación intacta”.

Ryder levanta la cabeza justo cuando entro. Me ve y su sonrisa aparece despacio. No es una sonrisa enorme. No es una de esas que enseña al mundo. Es una de las suyas, de las pequeñas, de las que parecen pensadas para alguien concreto. Para mí. Siento que el corazón me golpea con fuerza.

Las chicas se detienen detrás de mí.

—¿Estás segura? —susurra Selena.

—Sí —digo sin apartar la mirada de Ryder y camino hacia él.

La cafetería no se queda en silencio, porque la vida real no funciona así, pero sí noto algunas miradas clavándose en mi espalda.

Noto la forma en que una chica deja de hablar a mi paso.

Cómo un chico de una mesa cercana sigue mi movimiento con una ceja levantada.

La manera en que Nick deja de reírse cuando entiende que estoy yendo directamente hacia ellos.

Ryder también lo entiende. Su expresión cambia y parece nervioso porque no sabe si me estoy acercando a él de verdad o en el último momento daré media vuelta y haré de nuevo como si no lo conozco.

Me planto a su lado, me inclino y le doy un beso rápido en los labios.

Un pico. Pequeño. Sencillo. Pero cargado de mensaje.

Cuando me separo, Ryder me mira como si estuviera intentando asegurarse de que eso acaba de ocurrir delante de todo el mundo.

Nick abre la boca. Luego la cierra. Después vuelve a abrirla.

—Bueno —dice Nick—. Esto acaba de mejorar mi jueves.

—Es viernes —corrige Ryder sin dejar de mirarme.

—Joder, mejor me lo pones.

Me siento junto a Ryder como si no acabara de provocar un pequeño terremoto social. Las chicas se sientan también. Jannet lo hace frente a mí, Selena se coloca al lado de Nick y Kassy se queda de pie indecisa. Nick mira a Selena.

—Vaya, vaya. ¿Y esta chica tan guapa se sienta conmigo?

—Ni se te ocurra —dice Kassy molesta y, después de una décima de segundo de duda, termina sentándose entre los Selena y Nick con una velocidad sospechosa.

—Perdona, ¿me estás hablando a mí? —le dice Nick llevándose una mano al pecho.

—Sí.

—Qué honor.

—Aléjate de mi amiga.

Nick la observa durante unos segundos, con una sonrisa de esas que anuncian peligro en forma de estupidez.

—Salamandra, ¿estás celosa? —Kassy casi se atraganta con su propia saliva al oír su comentario.

—¿Perdona? ¡En tus mejores sueños! ¡Y no me llames así!

—No has respondido y es una pregunta sencilla. Ha sonado bastante a que estabas marcando territorio, Salamandra.

—Ha sonado a que como vuelvas a decir una tontería, te meto esta pajita por la nariz.

Nick mira la pajita. Luego a ella.

—Me gusta esta mesa —dice Jannet entre risas.

—A mí también me está empezando a gustar —responde Nick con una sonrisa traviesa dirigida a la irascible de Kassy.

Ryder, mientras tanto, sigue mirándome. No ha dicho nada desde que lo he besado. Eso me pone nerviosa.

—¿Qué? —pregunto en voz baja.

—¿Estás segura de esto? —pregunta inclinando la cabeza un poco hacia mí.

La pregunta me llega directa al pecho. Porque sé lo que significa.

No me está preguntando si estoy segura de haberme sentado aquí.

Me está preguntando si estoy segura de lo que implica.

De las miradas, de los rumores, de mi padre si llega a enterarse, de todo lo que puede empezar a moverse después de un gesto tan pequeño como un beso en mitad de la cafetería.

—Más segura que de nada en mi vida —le digo sonriente.

Ryder me mira un segundo más. Luego me devuelve el beso. También rápido. También sencillo. Aun así, tengo que recordar cómo respirar.

—Bien —murmura.

—No, no, no. Necesito contexto —brama Nick golpeando la mesa con las dos manos— ¿Cuándo ha pasado esto? ¿Por qué no se me ha informado? Soy el amigo gracioso, atractivo y emocionalmente accesible de esta historia. ¿Por qué tienes tú chica y yo no? Bueno, o… lo que quiera que seáis.

—Lo de emocionalmente accesible es debatible —dice Ryder, sin contestar a la pregunta y dejándome tensa. ¿Se habrá arrepentido de sus palabras de anoche? No podría culparlo. Estaba en un momento demasiado vulnerable cuando lo dijo.

—Calla, traidor. Tú has estado ocultando una trama romántica secundaria.

—Principal —corrige Jannet.

—Me gusta ella —comenta Nick señalando a Jannet.

—A mí no me metas en tus cosas —responde Jannet, levantando las manos.

—Entonces, ¿tú eres el amigo gracioso? —pregunta Selena con curiosidad a Nick.

—Entre otras muchas virtudes.

—¿Cuáles?

Nick abre la boca y se queda pensando.

—Tengo buena mandíbula.

—Eso no es una virtud. Es genética —añade Kassy poniendo los ojos en blanco.

—La genética también requiere mantenimiento.

—¿Te escuchas cuando hablas?