CAPÍTULO 33 YA NO ME ESCONDO
YA NO ME ESCONDO
El viernes por la mañana llego al instituto con una sensación extraña pegada al pecho.
No es exactamente miedo, aunque se le parece bastante.
Tampoco es culpa, aunque también tiene algo de eso.
Es más bien la certeza incómoda de que hay secretos que, cuando crecen demasiado dentro de ti, empiezan a ocupar más espacio del que deberían.
Y lo mío con Ryder ya no cabe en la palabra secreto.
Ni en la palabra aventura. Ni siquiera en la palabra locura, aunque esa todavía le queda bastante bien en algunos momentos.
He pasado demasiadas semanas guardándome cosas. Muchas cosas que he vivido en las últimas semanas con Ryder. Demasiadas. No sé en qué punto exacto dejé de esconderme de Ryder y empecé a esconder a Ryder de todo el mundo, pero esta mañana me pesa. Me pesa muchísimo.
Anoche, Ryder y yo nos quedamos dormidos en su sofá mientras veíamos la tele. No recuerdo lo que veíamos, solo que me quise quedar allí, con él, y con todo ese vendaval de sensaciones que lo estaban arrollando después de que se llevaran a su padre y lo dejaran completamente solo.
Sé que quizá esa sensación aplastante de soledad fue la que le empujó a decir “Te Quiero” a la única persona que se quedó a su lado, cuidándolo.
Sé que quizá no lo siente así, solo necesitó en ese momento el consuelo de sentirse arropado y protegido por alguien.
Sé, también, que quizá yo también me vi motivada a decirle que yo también me estaba enamorando de él por todo lo que le estaba pasando.
Es demasiado pronto. Es demasiado rápido.
Pero… ¿y si es así como funciona el amor?
A lo mejor no se trata de conocer a la persona perfecta, en el momento perfecto.
A lo mejor se trata de llegar a ese punto, de traspasar esas capas que protegen el corazón humano, y nadie sabe exactamente cómo pasa ni cuando, hasta que pasa.
No dudo de que me esté enamorando de él.
Pero sí dudo que Ryder se deje querer tan fácilmente como me hizo ver anoche, durante su arrebato de tristeza y soledad.
Por eso me fui cuando desperté a mitad de la noche y decidí poner espacio entre los dos para que él pudiera volver a sentirse él mismo sin mi presencia invadiendo un espacio que todavía no sé ocupar ni me ha pedido él que ocupe.
Lo que sí tengo claro es que Ryder Knox no va a ser nunca más un secreto.
Él no se merece que me avergüence de lo que me da, de lo que me hace sentir.
Y si no me quiere en realidad y es solo un espejismo momentáneo para aliviar su dolor, me sentiré una privilegiada igualmente porque me deje ayudarlo. Lo demás ya se verá.
Cuando llego a las inmediaciones del instituto, encuentro a Selena, Jannet y Kassy en el patio, sentadas en uno de los bancos de piedra junto a los árboles.
Kassy lleva la sudadera del equipo de animadoras, el pelo recogido en una coleta alta y la misma expresión cansada que últimamente parece habérsele instalado en la cara.
Selena está enseñándole algo a Jannet en el móvil y Jannet se ríe con una de esas risas suyas que empiezan discretas y terminan sonando como si alguien hubiera pisado un juguete de goma.
Durante unos segundos me quedo mirándolas sin acercarme, sintiendo un cariño enorme y una punzada de miedo al mismo tiempo, porque son mis amigas y aun así me aterra lo que puedan pensar de mí.
—¿Vas a quedarte ahí mirándonos como una señora rara o piensas venir? —pregunta Selena sin levantar demasiado la vista del móvil.
—Estoy decidiendo si os merecéis mi presencia —respondo, acercándome con una sonrisa. Me siento junto a ellas, intento sonreír, pero supongo que no me sale demasiado bien porque Kassy me mira enseguida con el ceño fruncido.
—¿Qué te pasa?
Podría mentir. Podría decir que estoy cansada, que he dormido mal, que tengo un examen o que me ha bajado la regla.
Podría alargar esto un día más, una semana más, seguir guardando a Ryder en esa parte de mi vida que nadie ve.
Pero estoy cansada de hacerlo. Estoy cansada de sentir que cada vez que pronuncio su nombre tengo que mirar antes a mi alrededor, como si estuviera cometiendo un delito.
—Tengo que contaros algo —digo al final, y las tres cambian de postura casi al mismo tiempo. Es impresionante cómo cuatro palabras pueden convertir a tres adolescentes aparentemente normales en un tribunal de investigación.
—¿Estás embarazada? —pregunta Jannet.
—¡Jannet! —Selena le da un golpe en el brazo— ¡Si es virgen! —la afirmación de Selena me hace apretar los labios para no contradecirla.
—¿Qué? A lo mejor anoche perdió por fin la virginidad y no le ha dado tiempo a contárnoslo. Hay que descartar lo peor.
—¿Perdió anoche la virginidad y hoy ya sabe que está embarazada? —protesta de nuevo Selena— Tienes que dejar de leer culebrones de esos.
—No estoy embarazada —digo, horrorizada y divertida a partes iguales.
—Menos mal. Continúa.
Respiro hondo y bajo la mirada a mis manos.
Por algún motivo, ahora que he decidido hablar, las palabras parecen haberse atascado en algún lugar entre mi garganta y mi dignidad.
No sé cómo empezar una confesión así. No sé si se empieza por “me he estado viendo con Ryder Knox”, por “os he mentido durante semanas” o por “creo que me estoy enamorando del chico al que medio pueblo tiene miedo”.
Ninguna opción suena especialmente tranquilizadora.
—Es sobre Ryder —digo al fin. Las tres se quedan congeladas mirándome, supongo que esperando a que continúe.
—¿Ryder Knox? —pregunta Selena y asiento.
—Ryder Knox.
—Vale —dice Jannet, incorporándose un poco—. Ahora dinos por qué estás tan seria y qué tiene que ver con Ryder Knox.
—Llevo un tiempo… viéndome con él —suelto de golpe.
Ninguna dice nada. El silencio que sigue no es largo, pero a mí me parece eterno. Siento cómo me sube el calor por el cuello y me arrepiento durante medio segundo de no haberme quedado callada hasta los treinta y cinco años.
—¿Viéndote cómo? —pregunta Kassy con una seriedad que me incomoda.
—Pues… viéndome —digo encogiéndome de hombros y Jannet, que es la primera en atar cabos, abre mucho los ojos.
—¿Viéndote de “hola, somos compañeros de Filosofía” o viéndote de “te meto mano por los rincones de los pasillos del instituto”? —la miro y no sé cómo contestar a esa pregunta. ¿En serio hace falta? Ella se tapa la boca—. Vale. Por tu cara entiendo que es la segunda.
—Joder, Ava —murmura Selena, aunque no suena enfadada. Suena sorprendida. Muy sorprendida.
—No os lo he contado porque tenía miedo —suelto de golpe, antes de perder el valor—.
Tenía miedo de que me dijerais que estaba loca, de que me juzgarais, de que pensarais que me estaba dejando llevar por algo peligroso solo porque Ryder tiene la reputación que tiene.
Y también tenía miedo de equivocarme, supongo.
Porque al principio yo tampoco sabía qué estaba haciendo.
Solo sabía que él no era como yo pensaba.
No era como todos decían. Y cuanto más lo conocía, más injusto me parecía todo lo que se decía de él.
—Ava… —protesta Kassy cruzándose de brazos.
—Déjame terminar, por favor —le ordeno y ella cierra la boca, aunque no parece especialmente convencida—.
Sé lo que dice todo el mundo. Lo he escuchado toda mi vida.
Sé lo que dice mi padre, sé lo que decís vosotras, sé lo que se comenta en los pasillos.
Pero yo he visto otra cosa. He visto a un chico que me cuidó cuando pudo haberse aprovechado de una situación horrible.
He visto a alguien que no me presiona, que me pregunta si estoy bien, que se fija en cosas que nadie más ve, que hace bromas para no decir lo que siente y que tiene una vida mucho más complicada de lo que nadie se molesta en imaginar.
Y no digo que sea perfecto, porque no lo es.
Ryder no es un santo. Pero no es el monstruo que todos han decidido que es.
Selena me mira durante unos segundos, muy seria. Luego suspira y se pasa una mano por el pelo.
—Creo que, si estás en lo cierto, entonces nos hemos equivocado todos un poco con él. Todo el mundo merece la oportunidad —añade y yo la miro sorprendida.
—¿Tú crees?
—Sí. Y no solo por lo que estás diciendo.
Últimamente he coincidido con su amigo Carter varias veces porque está ayudando a mi tío con una reforma en su casa.
Y te juro que yo esperaba encontrarme a un delincuente juvenil con una motosierra en la mochila, porque al final él también forma parte de los proscritos.
Pero no. Es educado, trabaja bien, le da conversación a mi tío y el otro día se quedó media hora más porque mi no podía mover una estantería solo.
No digo que ahora vayamos a montar un club de fans de los chicos peligrosos del pueblo, pero quizá sí hemos repetido demasiadas cosas sin comprobarlas.
—Yo también creo que a veces exageramos —añade Jannet—.
O sea, no voy a decir que Ryder Knox tenga cara de voluntario en una residencia de ancianos, porque no.
Tiene cara de meterte en problemas y hacer que encima le des las gracias.
Pero una cosa es tener pinta de peligro y otra ser peligroso de verdad.
Y si tú dices que contigo se está portando bien, yo te creo.
—Gracias —digo y siento que la garganta se me cierra un poco. Kassy no dice nada. La miro, porque es importante para mí su opinión. Siempre hemos sido uña y carne—. Kass…