CAPÍTULO 30 ESTRENAMIENTOS Y DISTRACCIONES
ESTRENAMIENTOS Y DISTRACCIONES
Es martes. La noche anterior me quedé dormida sin darme cuenta bastante pronto.
Ni siquiera recuerdo en qué momento dejé el móvil sobre la mesita de noche.
Solo recuerdo el cansancio cayendo sobre mí de golpe después de un fin de semana y un lunes demasiado intensos.
No pude asomarme a la ventana ni hablar con Ryder.
El cansancio acumulado de la noche del sábado y del domingo me venció.
Cuando desperté esta mañana, me sentí rara.
Como si hubiera perdido una oportunidad de verlo, aunque solo fuera a través del cristal.
Ahora, mientras camino por los pasillos con Selena y Jannet, veo a Kassy al fondo. Está más delgada, con ojeras, pero al menos está aquí. Eso me consuela un poco.
—Kassy ha vuelto —digo en voz baja. Selena asiente.
—Parece que solo viene cuando tiene entrenamiento. Pobre…
Decido que después de las clases me pasaré por el entrenamiento de fútbol americano. Con la excusa perfecta: quiero ver a Kassy. Nadie tiene por qué saber que, en realidad, quiero ver a Ryder.
Estamos hablando las cuatro cuando, al girar una esquina, nos cruzamos precisamente con Ryder y su amigo Nick.
Los dos llevan la mochila colgada de un hombro y vienen hablando de algo que parece divertirles bastante.
Mi corazón da el ya habitual saltito ridículo.
Y, antes de pensarlo demasiado, hago algo completamente nuevo. Lo saludo.
—Knox.
Él levanta la cabeza inmediatamente. Sus ojos azules encuentran los míos. Y durante un instante parece sorprenderse. Después aparece esa pequeña sonrisa.
—Monroe.
Nada más. Pero, Dios mío. Qué barbaridad de efecto puede tener mi apellido en los labios de ese chico. Nick parece dispuesto a detenerse para empezar a bromear con nosotras, pero Kassy, de repente, tira de mi brazo y me arrastra hacia delante.
—Venga, vamos.
—¿Qué prisa tienes? —pregunto frunciendo el ceño.
—Kassy, relájate. Solo es un saludo —resopla Selena.
—¿Desde cuándo os saludáis? —Kassy mira hacia atrás y luego vuelve a mirarme.
—Desde hoy, supongo —digo encogiéndome de hombros.
—Es un poco raro.
—Tampoco es para tanto —apunta Selena poniendo los ojos en blanco.
—Sí, relájate, Kass —añado—. Knox no es como todo el mundo piensa.
Ella me mira unos segundos.
—¿Y qué sabes tú de él?
—Tenemos un trabajo juntos en Filosofía.
—Eso no significa nada.
—No, pero sí significa que he podido conocerlo un poco más. De verdad, Kass, hay que dejar de escuchar lo que dicen los demás y empezar a tener criterio propio.
Ella no responde. Simplemente parece meditar mis palabras. Luego suspira.
—Puede ser.
Y, unos segundos después, nos separamos porque cada una tiene una clase distinta.
Toda la mañana pasa lenta. Demasiado lenta. Y, cuando por fin llega la hora de los entrenamientos, me dirijo hacia el campo intentando fingir que estoy allí única y exclusivamente por Kassy.
Fracaso estrepitosamente. Porque lo primero que veo al llegar es a Ryder.
Está corriendo junto al resto del equipo, sin camiseta, con el pelo ligeramente húmedo por el sudor y la respiración acompasada.
Sus músculos se tensan cada vez que acelera y el número 09 aparece estampado en sus pantalones deportivos.
Levanta la cabeza. Me ve. Y se detiene durante una fracción de segundo.
Pero yo ya lo conozco un poco. Y sé que se ha sorprendido. Aunque, como siempre, recupera la compostura enseguida. Como siempre, hace como si nada le afectara. Pero esta vez voy a jugar a su juego. Veamos si le afecta tan poco.
Me apoyo sobre la barandilla, coloco la barbilla sobre una mano y lo observo descaradamente.
Sin vergüenza ninguna. Y la recompensa es maravillosa.
Porque Ryder empieza a mirarme constantemente.
Por el rabillo del ojo, pero lo veo mirarme.
O quizá sea imaginación mía. No lo sé. Solo sé que, por una vez, parece un poco menos imperturbable de lo habitual y eso, de una forma completamente inmadura, me resulta tremendamente satisfactorio.
Y, por primera vez desde que lo conozco, parece ligeramente nervioso.
Sonrío para mis adentros. Qué gusto da devolverle un poco de su propia medicina.
Kassy está ensayando una pirueta cuando me descubre.
—¡AVA MONROE!
Todo el mundo gira la cabeza.
—¿Qué? —respondo tranquilamente.
—¡Deja de mirar tanto!
Levanto una ceja.
—¿Mirar qué?
—¡Ya sabes qué!
Me hago la inocente y me encojo de hombros.
—Hay muy buen material en el equipo masculino de fútbol americano. No es mi culpa.
Las animadoras empiezan a reírse. Incluso algunas se unen a la observación.
—¡No es verdad…! —Kassy abre la boca para protestar, pero no le da tiempo porque Nick aparece a su lado, la coge por detrás y se la carga sobre un hombro— ¡NICK! ¡QUÉ COJONES HACES! ¡SUÉLTAME!
—No.
—¡BÁJAME AHORA MISMO!
—No.
—¡NICHOLAS!
—Uy, me ha llamado por mi nombre completo. Está enfadada de verdad.
Kassy empieza a patalear como una posesa. El entrenador los mira.
—¿Qué demonios estás haciendo, Nick?
Nick responde sin detenerse.
—Las animadoras están para animar, no para desanimar. Esta no nos sirve.
Todo el mundo estalla en carcajadas. Yo incluida.
Incluso Ryder se ríe. Nick desaparece hacia los vestuarios mientras Kassy sigue gritando que lo va a matar.
Un par de minutos después reaparece con una sonrisa enorme en la cara y se reincorpora al entrenamiento.
Y Kassy vuelve poco después. Despeinada y con mala cara.
Además de con unas ganas enormes de asesinar a alguien.
Pero no protesta más. Simplemente continúa con el ensayo.
Cuando todo termina, la sigo hasta los vestuarios femeninos.
—¿Estás bien?
—Sí —dice suspirando.
—¿Seguro?
—Sí, Ava. Ya estoy acostumbrada al absurdo de Nick.
No parece enfadada. Pero tampoco parece bien. Hay algo raro en ella. Algo que lleva días acompañándola y no consigo descifrar qué es. Aun así, no insisto. Está demasiado irascible últimamente.
—Lo siento, pero me tengo que ir.
—¿Tan rápido?
—Sí. Tengo planes y no puedo llegar tarde.
—Vale.
—Nos vemos mañana.
—Nos vemos.
La observo alejarse y me quedo pensativa durante unos segundos.
Pero no tengo tiempo de pensar mucho más.
Porque una mano aparece de repente, me agarra de la cintura y me arrastra hacia una esquina apartada del interior del edificio.
Y antes de que pueda reaccionar, unos labios ya están sobre los míos.
Ryder. Sonrío inmediatamente. Y respondo al beso. Él me aprieta contra la pared y me besa con desesperación.
—No puedes hacerme esto —murmura entre beso y beso.
—¿El qué?
—Desconcentrarme de esa manera —vuelve a besarme —. Sobre todo cuando no he podido besarte desde el sábado.
Me río contra su boca.
—Ten cuidado, Knox.
—¿Con qué?
—Vas a parecer un chico malote que se está pillando de la virgen del instituto.
Él apoya la frente sobre la mía. Respira agitado y me mira con esos ojos azules que cada vez me desarman más.
—Ya no eres la virgen del instituto —dice y sonrío.
—Pero nadie sabe eso.
—Oh, créeme. Yo sí lo sé —susurra con una sonrisa pícara que me desarma.
Y vuelve a besarme. Y madre mía. Qué problema tan grande es este chico y sus besos. Esos labios son capaces de que olvides hasta tu nombre. Cuando se separa, nuestros labios todavía se rozan.
—¿Podré verte esta noche, cosita? —Asiento inmediatamente. Y eso lo hace sonreír— Estupendo.
Me da un último beso rápido y se aleja caminando hacia el campo con una sonrisa enorme en la cara. Y yo me quedo allí plantada, con los labios hormigueándome y pensando que quizá, solo quizá, Ryder Knox empieza a parecerse peligrosamente a una costumbre.
Y eso sí que da miedo.