Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 25 DESPERTAR
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CAPÍTULO 25 DESPERTAR

DESPERTAR

Estoy a punto de caerme de la cama. El susto es tan grande que abro los ojos de golpe. Tardo varios segundos en entender dónde estoy. Esta no es mi habitación. Estas no son mis sábanas. Y el brazo tatuado que rodea mi cintura definitivamente no es mío.

Todo vuelve de golpe. La noche anterior. Ryder. Sus manos. Su boca. Su cuerpo dentro del mío. La forma en que me miró cuando se corrió. El calor. Los gemidos. La intimidad. Siento que me arde toda la cara.

Giro la cabeza lentamente. Ahí está él: Ryder Knox, dormido a mi lado.

Torso desnudo, sábana apenas cubriéndole la cintura, dejando a la vista una evidente erección mañanera que marca la tela.

Trago saliva y me muerdo el labio para no sonreír como una completa idiota.

Dios… es tan guapo que duele. No debería sorprenderme.

Llevo semanas observándolo. Pero verlo dormir es diferente.

No tiene esa tensión constante en la mandíbula ni el ceño fruncido.

Parece más joven. Más humano. Casi vulnerable.

Mi mirada baja por su pecho. Su piel bronceada tiene un aspecto aterciopelado bajo la luz suave de la mañana.

Recorro mentalmente sus tatuajes: el ojo en el hombro (perfecto para alguien que parece observarlo todo), la mariposa bajo el pectoral derecho (tan delicada que contrasta con toda su dureza), y las palabras “Never Give Up” (nunca rendirse) sobre el izquierdo.

Sin darme cuenta, acerco la yema del dedo y rozo suavemente las letras.

La piel de Ryder se eriza al instante. Levanto la vista. Tiene los ojos abiertos, mirándome con una mezcla de sueño y diversión.

—Buenos días, Monroe —dice con voz ronca y adormilada. Me pongo nerviosa al instante. Todo lo de anoche me cae encima como una ola. Me incorporo de golpe, sujetando la sábana contra mi pecho.

—Es muy tarde. Tengo que irme —intento salir de la cama, pero Ryder me sujeta suavemente de la muñeca.

—Eh… ¿está todo bien? —pregunta y asiento sin mirarlo— ¿Seguro?

—Sí… —pero sigo sin poder sostenerle la mirada. Ryder me levanta la barbilla con dos dedos, obligándome a hacerlo.

—Mírame —pide con suavidad—. ¿De verdad estás bien?

Esta vez consigo sonreír un poco. Mi mirada traicionera baja accidentalmente hacia la sábana de nuevo y la evidente erección que hay debajo. Me pongo roja como un tomate. Ryder carraspea, claramente incómodo.

—No le hagas caso a eso… Son reacciones involuntarias matutinas.

—Ya me imaginaba —digo, intentando no reírme.

Me levanto y empiezo a vestirme bajo su mirada atenta. Siento sus ojos siguiéndome por toda la habitación. Cuando termino, cojo mi móvil y las llaves del bolsillo de la sudadera que me prestó anoche. Ryder también se levanta y se pone unos pantalones cortos de deporte.

—¿Irás esta noche a The Ruins? —pregunta, intentando sonar casual. Lo miro. Sé que está intentando que todo siga siendo normal, pero algo dentro de mí se encoge.

—No tienes que fingir que te importo, Ryder. Sé lo que es esto. Y está bien. De verdad. Es mejor que siga siendo secreto, de todos modos —Ryder me mira muy serio durante unos segundos y luego asiente lentamente.

—No has respondido a mi pregunta.

—No creo que pueda ir. Mi hermano viene de Boston y seguramente tengamos cena familiar —comento con tristeza.

—Entendido —susurra y me dirijo a la ventana. Antes de que pueda salir, su voz me detiene— Ava —me llama y me giro— ¿Te gustaría repetir lo de anoche alguna vez? —La pregunta me pilla por sorpresa. No esperaba que me lo preguntara directamente. Sonrío, sincera.

—La verdad es que sí.

Ryder también sonríe un poco. Me pide el móvil, teclea algo y me lo devuelve. En los contactos aparece un nuevo número guardado bajo el nombre “Filosofía” .

—Cuando quieras verme… escríbeme.

Asiento, con una sonrisa tonta en la cara. Antes de que baje por la escalera, Ryder se acerca, me sujeta de la cintura con suavidad y me da un beso largo en la frente.

—Cuidado al bajar, cosita —susurra contra mi piel—. Nos vemos pronto… espero.

Bajo la escalera con las piernas temblando y el corazón latiendo a mil por hora.