CAPÍTULO 23 TODAS LAS VENTANAS ME LLEVAN A TI #2
Me río bajito, todavía sintiéndolo dentro. Ryder sale con cuidado, se quita el condón y se tumba a mi lado. Me mira con una mezcla de ternura y sorpresa.
—¿Te ha gustado? —pregunto un poco avergonzada—. A ver, sé que este no es ni de cerca el mejor polvo de tu vida, pero no ha estado mal, ¿verdad? —Ryder me ofrece una sonrisa muy tierna para venir de alguien como él.
—Jamás me había corrido tan rápido con alguien —confiesa, acariciándome el pelo—. Así que este polvo está fácilmente en mi puesto número 5. —Sonrío, pero no puedo evitar preguntar con un poco de miedo.
—¿Y cuáles son los otros cuatro? Tengo curiosidad —pregunto y Ryder se ríe suavemente y me atrae hacia su pecho, besándome la frente.
—Los cuatro siguientes que te eche… y espero alargarlos hasta que te corras al menos dos veces antes que yo.
Me sonrojo hasta las orejas. Ryder se ríe y me abraza con fuerza. Tumbados en su cama, sudorosos y todavía jadeando, Ryder me tiene abrazada contra su pecho, acariciándome la espalda con lentos movimientos. Siento su corazón latiendo fuerte contra mi mejilla. No puedo dejar de sonreír.
—¿Y si vamos a por el número 4? —pregunto con picardía, levantando la cabeza para mirarlo. Ryder abre mucho los ojos, sorprendido.
—¿Ya? ¿No me vas a dar ni cinco minutos de tregua, Monroe? —Me río y me incorporo un poco sobre su pecho.
—Te dejo fumar el cigarrillo de después —Ryder suelta una carcajada grave y sexy que me vibra por todo el cuerpo.
—Eres peligrosa, ¿lo sabías? Pero ahora que lo dices, el cigarrillo de después es una buena idea.
Se levanta de la cama completamente desnudo y yo no puedo evitar devorarlo con la mirada.
Es jodidamente perfecto. Los tatuajes, los músculos marcados del fútbol, esa V profunda que baja hasta su polla, que todavía parece semierecta incluso después de correrse…
Ryder coge un cigarrillo de su escritorio, lo enciende y le da una calada profunda, mirándome con una ceja levantada.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunta, divertido.
—Mucho —admito sin vergüenza, mordiéndome el labio. Veo cómo su polla empieza a endurecerse de nuevo solo con mi mirada. Ryder suelta el humo y sonríe con arrogancia.
—Si sigues mirándome así, no voy a poder fumar tranquilo.
Me levanto de la cama sin decir nada, contoneando las caderas mientras camino hacia él. Ryder me observa como hipnotizado, con el cigarrillo olvidado entre los dedos. Me arrodillo frente a él, le miro a los ojos y le doy un lento lametón en la punta de su polla.
—Joder… —gruñe, abriendo la boca. Animada por su reacción, me la meto en la boca. Ryder suelta un gemido ronco y pone una mano en mi cabeza, sin presionar—. Ava… hostia… —Levanto la vista hacia él, con la boca llena.
—Guíame —susurro—. Nunca he hecho esto —Ryder maldice otra vez y asiente.
—Sigue así, cosita… joder, lo estás haciendo genial. Chúpame un poco la punta… así… sí… justo así.
Sus palabras me excitan tanto que me esfuerzo más. Ryder mueve las caderas suavemente, follándome la boca con cuidado mientras gime mi nombre.
—Para… para —dice de repente, respirando con dificultad—. Si sigues así no llego ni al segundo round.
Me levanto sonriendo, le cojo de la mano y tiro de él hacia la cama.
—Ven aquí.
Ryder tira el cigarrillo por la ventana y me sigue como si estuviera hechizado.
Volvemos a besarnos con ardor, casi con violencia.
Me tumba en la cama y se pone otro condón con manos torpes de las ganas.
Esta vez no hay tanta delicadeza. Me pone a cuatro patas, me besa el cuello y la oreja mientras frota su polla contra mi coño empapado.
—¿Estás bien? —pregunta, siempre atento.
—Sigue… por favor.
Entra en mí de una sola embestida más profunda. Grito de placer. Ryder gruñe y empieza a follarme con más fuerza, sujetándome las caderas. Una de sus manos baja hasta mi clítoris y lo estimula mientras me penetra.
—Dios… Ryder… ¡sí! ¡Sigue!
Me folla más duro, más salvaje, pero siempre pendiente de mí. El sonido de su piel chocando contra la mía llena la habitación. Siento que voy a explotar.
—¡Por dios! ¡Este coño tuyo es el cielo! —grita Ryder y me embiste con más fuerza. Grito un poco por la intensidad, pero él me acaricia la espalda y me susurra en el oído— ¿Estás bien, cosita?
—Sí… Ahh…
Siento una de sus manos pellizcarme un pezón mientras la otra sigue en mi clítoris. Estoy tan estimulada que no noto ya ninguna molestia. Entonces Ryder hace círculos con sus caderas cuando llega al fondo de mi sexo y me hace ver las estrellas.
—Estoy cerca… —gimo.
—Córrete para mí, Monroe.
El orgasmo me golpea con brutalidad. Me corro con espasmos fuertes, apretándolo dentro de mí. Ryder gruñe con fuerza, embiste un par de veces más y se corre violentamente, temblando encima de mí. Caemos exhaustos sobre la cama. Ryder me abraza por detrás, todavía dentro de mí, besándome el hombro.
—¿Ves? —dice entre respiraciones agitadas—. Este está fácilmente en el puesto número 4 —me río sin aliento y giro la cabeza para mirarlo.
—¿Qué tiene que pasar para que entre en el top 3?
Ryder sonríe con picardía, me besa la nuca y susurra contra mi piel:
—Como te dije… tengo que conseguir que te corras al menos dos veces antes que yo. Y que no me pongas tan jodidamente cachondo que pierda el control como un puto principiante.
Me río y me acurruco contra él, sintiendo su calor y su olor envolviéndome.