Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 22 PERDIENDO EL CONTROL
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CAPÍTULO 22 PERDIENDO EL CONTROL

PERDIENDO EL CONTROL

La victoria del equipo parece haber arrastrado a medio instituto hasta The Ruins. La música se escucha incluso antes de llegar a la casa. Las ventanas rotas vibran con los graves, hay coches aparcados por todas partes y grupos de estudiantes entrando y saliendo constantemente.

Después de la última vez, ninguna de nosotras está dispuesta a cometer errores.

Las cuatro revisamos cada bebida antes de abrirla y nos aseguramos de no perderlas de vista ni un segundo.

Selena incluso llega a bromear con que parece una inspectora de policía analizando pruebas de un crimen antes de darle el visto bueno a una lata de cerveza.

—No pienso volver a despertarme sin saber qué demonios ha pasado durante las últimas horas de mi vida —dice Kassy.

—Sabia decisión —responde Jannet.

Kassy ríe, baila y habla sin parar. Al principio me alegra verla así después de todo lo que nos ha contado esta mañana, pero cuanto más tiempo la observo más incómoda me siento.

Hay algo extraño en su comportamiento. Como si estuviera esforzándose demasiado.

Como si necesitara demostrarle al mundo entero que está bien cuando todas sabemos que no lo está.

Y creo que ella también lo sabe. Quizá por eso no deja de moverse de un lado a otro, de reírse más alto de lo normal y de buscar cualquier excusa para mantenerse ocupada.

Porque quedarse quieta significaría pensar.

Y pensar significaría volver a la pesadilla de la que quiere huir.

Mis ojos terminan desviándose hacia el otro extremo del salón principal y mi pobre corazón vuelve a sufrir un zumbido inesperado.

Ryder está apoyado contra una pared junto a Nick, Carter y Justin.

Todavía lleva parte de la equipación del equipo.

El partido terminó hace rato, pero ni él ni Nick parecen haber tenido ganas de cambiarse.

Están relajados, riéndose de algo que Carter acaba de decir.

Parece relajado. Feliz. Sin embargo, incluso desde esta distancia, me doy cuenta de que, cada pocos minutos, levanta la cabeza y busca algo entre la multitud.

O, mejor dicho, a alguien. Porque la mayoría de las veces sus ojos terminan encontrando los míos.

Nuestras miradas se cruzan durante apenas unos segundos antes de que ambos finjamos estar prestando atención a cualquier otra cosa.

Como si necesitara comprobar que estoy bien, que no me han drogado, o acosado, o puesto en alguna situación incómoda. Es absurdo. Ridículo. Y me encanta.

Estoy terminando mi segunda cerveza cuando una chica aparece junto al grupo. Muy rubia. Muy guapa. Muy alta. Muy… me cago en la puta.

Se acerca directamente a Ryder y le dice algo que nadie más parece escuchar. Él responde. Ella sonríe. Después vuelve a decir algo y esta vez le toca el brazo mientras se ríe.

La sensación es inmediata. Como una corriente eléctrica desagradable recorriéndome la espalda.

Intento ignorarla. De verdad que lo intento. ¿Qué demonios me pasa? Ryder puede hablar con quien quiera. No es mi novio. No hemos hablado de exclusividad. No hemos hablado de absolutamente nada. Ni siquiera sé qué somos.

Solo sé que me paso el día pensando en él, que me besa cada vez que encuentra una oportunidad a escondidas en el instituto y que últimamente me cuesta recordar cómo era mi vida antes de que apareciera al otro lado de aquella ventana.

Pero eso no me da ningún derecho. Ninguno. Y sin embargo sigo observando.

La rubia vuelve a reírse. Ryder dice algo y ella le da un pequeño golpe en el pecho. Entonces tomo una decisión completamente madura y racional: Salir de allí antes de convertirme en una psicópata.

Me separo del grupo sin dar explicaciones y me voy a bailar a otra zona, más lejos. Intento perderme entre la gente. Bailo con un par de chicos y con algunas chicas, pero no siento nada. Mi cuerpo se mueve, pero mi cabeza está en aquella esquina.

Al cabo de un rato, de repente, doy un sobresalto al sentir una mano rodeándome la cintura por detrás. Y lo que más me sorprende es el efecto inmediato que provoca. Todo mi cuerpo reconoce a Ryder antes incluso de escuchar su voz.

—¿Por qué te vas tan lejos y me privas de mi visión favorita, cosita?

Una sonrisa traidora aparece en mi cara antes de que pueda evitarlo. Me giro. Y ahí está. Con su sonrisa arrogante. Demasiado consciente del efecto que tiene sobre mí.

—No parecía que estuvieras mirando a nadie más que a la rubia esa —suelto y sus ojos se iluminan al instante.

—Vaya.

—¿Qué?

—Nada.

—¡No, dime!

—Estás celosa —su comentario hace que ponga los ojos en blanco.

—¡Sí claro! ¡Ja! No estoy celosa.

—Claro.

—¡No lo estoy!

—Por supuesto.

—Ni siquiera somos nada —eso parece divertirlo todavía más.

—Efectivamente. No tienes ningún motivo para estar celosa —añade el muy cabrón.

—Exacto —escupo cruzándome de brazos.

—Sobre todo porque es la hermana pequeña de Carter —parpadeo—. Prácticamente es una hermana para mí —el muy imbécil intenta contener la sonrisa. Fracasa—. Me encanta cuando te pones celosa, cosita.

Abro la boca dispuesta a protestar. No llego a hacerlo. Porque Selena aparece prácticamente corriendo.

—¿Habéis visto a Kassy? —pregunta y la sonrisa desaparece inmediatamente de mi cara.

—¿No está contigo?

—No.

—Pensaba que estaba con Jannet.

—Jannet pensaba que estaba contigo.

Nos miramos las tres y una sensación de inquietud nos inunda a las tres.

—Tenemos que encontrarla.

Nos dividimos casi de inmediato. Jannet se encarga de la planta superior. Selena comienza a registrar las habitaciones de la planta baja. Yo salgo al exterior. Cuando estoy saliendo por la puerta trasera, Ryder me sigue.

—¿Qué haces? —pregunto.

—Ayudarte a buscarla. Últimamente soy el héroe oficial de chicas que se complican la vida en fiestas.

Sonrío a pesar de todo. Nos separamos: él va hacia la izquierda y yo hacia la derecha.

Llevo unos minutos llamándola entre los árboles cuando Ryder reaparece a mi lado, con una expresión divertida y un poco incómoda.

—La he encontrado.

—¿Dónde? —pregunto, aliviada.

—Está… ocupada —Ryder se rasca la nuca.

—¿Ocupada cómo?

—Ocupada ocupada. Con un tío. Bastante entretenida, vamos. Si vas ahora mismo, vas a interrumpir algo muy intenso y probablemente se monte un espectáculo.

Me quedo mirándolo con la boca abierta. Luego miro hacia donde él señala y vuelvo a mirarlo a él.

El ambiente entre nosotros cambia de repente. La preocupación por Kassy se diluye un poco y la tensión que siempre hay cuando estamos cerca sube como la marea.

Ryder da un paso hacia mí.

—No me mires así —murmura, con la voz más grave.

—¿Por qué no?

—Porque no estás dispuesta a ir más lejos conmigo… y yo estoy intentando tener autocontrol.

Sonrío, coqueta, y doy un paso hacia él también.

—¿Qué te hace pensar que no estoy dispuesta a ir más lejos contigo?

Ryder inspira con fuerza, mirándome la boca.

—El hecho de que no has vuelto a mi habitación lo corrobora.

Doy otro paso. Estamos muy cerca.

—Puedo ir esta noche —susurro—. Ahora. Mi padre cree que voy a dormir en casa de Kassy.

La expresión de Ryder cambia. Sus ojos se oscurecen de deseo y sorpresa. Por un segundo parece que va a decir algo, pero solo me mira como si estuviera intentando procesar lo que acabo de decirle.

—Ava...