CAPÍTULO 14 SOÑANDO
SOÑANDO
Me muevo entre las sábanas con un calor delicioso en la espalda. Hay un olor que me envuelve por completo: masculino, un poco dulce, con un toque de cigarrillo y piel. Huele tan bien que me pego más contra él, frotando la nariz contra la almohada como una adicta. Espera… ¿la almohada?
Abro los ojos de golpe. Esto no es mi habitación. Ni mi cama. Ni mi techo. Y definitivamente el brazo tatuado que rodea mi cintura no es mío.
Giro la cabeza muy despacio y ahí está: Ryder Knox, dormido a menos de veinte centímetros de mi cara. Sin camiseta. Pelo revuelto. Labios entreabiertos. Tan jodidamente guapo que me quedo sin aliento.
Mi primer pensamiento no es miedo. Es pura alegría. Estoy soñando. Después de semanas tocándome pensando en él, después de todas las noches en la ventana, mi cerebro por fin me está regalando el sueño húmedo más realista de la historia.
Sonrío como una idiota y me incorporo sobre un codo para observarlo mejor. El brazo de Ryder cae sobre mi muslo y su mano queda peligrosamente cerca de mi culo. Dios… hasta en sueños tiene las manos grandes.
—Joder, Knox… —susurro—. Eres mucho más follable de cerca.
Ryder frunce el ceño ligeramente y abre los ojos.
Esos ojos azules me golpean como siempre. Durante unos segundos nos miramos en silencio. Yo sigo sonriendo como una loca.
—Tus ojos son ridículamente bonitos —murmuro—. En mis sueños siempre son así.
—¿Monroe? ¿Qué coño…? —Ryder parpadea, todavía medio dormido.
—Shhh —lo callo poniendo un dedo sobre sus labios—. Es mi sueño. Yo pongo las reglas.
Él levanta una ceja, claramente confundido, pero no se mueve.
Eso me da todavía más confianza. Me muerdo el labio y me subo encima de él sin pensarlo dos veces, sentándome a horcajadas sobre sus caderas.
Ryder suelta un gruñido ronco cuando mi centro caliente se aprieta contra su polla, que ya está medio dura debajo del pantalón de chándal.
—Hostia, Ava…
—¿Ves? —digo sonriendo mientras me froto lentamente contra él—. En mis sueños siempre reaccionas así.
Empiezo a moverme. Despacio. Provocadora. Siento cómo se pone completamente duro debajo de mí y eso me enciende todavía más. Me inclino hacia delante, apoyando las manos en su pecho tatuado, y lamo su cuello.
Ryder responde al instante. Sus manos grandes me agarran el culo con fuerza, apretándome contra él. Gimo contra su pecho y froto mi coño contra su erección con más ganas, sintiendo cómo la tela de mis braguitas se humedece.
—Ava… ¿qué cojones…?
No le dejo terminar. Me lanzo a besarlo.
El beso es inmediato, hambriento y profundo.
Nuestras lenguas se encuentran con fuerza, enredándose con desesperación.
Ryder suelta un gruñido ronco contra mi boca y toda su contención se rompe.
Me agarra del pelo con una mano y me besa como si llevara años queriendo hacerlo.
Su lengua entra en mi boca con posesión, devorándome. Sabe a pecado y a deseo reprimido.
—Joder, Ava… —gruñe contra mis labios, mordiéndome el inferior—.
Me estás matando… —me derrito. Me froto contra su polla.
Ryder jadea y sus manos suben por debajo de la camiseta enorme que llevo puesta.
Sus dedos acarician mi piel con reverencia—.
Dios… qué suave eres —susurra, deslizando las manos por mis costillas—.
Tu piel es jodidamente perfecta… caliente… hueles tan bien…
Aprieta mis tetas con las dos manos, rozando mis pezones con los pulgares mientras seguimos besándonos con hambre. Nuestras lenguas no paran de enredarse, húmedas y ansiosas. Gimo en su boca y me froto más fuerte contra él.
—Fóllame, Ryder —suplico contra sus labios, metiéndole la lengua otra vez—. Fóllame antes de que me despierte. Esto es un sueño… no quiero despertarme sin que me hayas follado.
Ryder suelta un gemido torturado. Sus caderas se levantan solas buscando más fricción. Está luchando consigo mismo. Se nota en cómo aprieta la mandíbula y en cómo sus manos me agarran con fuerza, pero su mirada muestra contención. Mierda, ¿hasta en mis sueños los chicos se echan para atrás?
—Ava… joder… para —dice con voz rota, aunque sigue besándome y tocándome—. No estás en condiciones… no puedo…
—Por favor —gimo, mordiéndole el labio—. Solo es un sueño… hazme tuya. Necesito hacerlo. Por favor…
Ryder cierra los ojos con fuerza, respirando agitado. Su polla palpita contra mí. Está desesperado, pero no quiere seguir con esto. Con un esfuerzo visible, me agarra de las caderas y me detiene.
—Ava… para —me aparto un poco, jadeando, con los labios hinchados.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunto y Ryder me mira fijamente.
—Estás despierta.
—No es verdad. Esto tiene que ser un sueño porque se está haciendo mi fantasía realidad —añado riéndome.
Ryder se queda callado un segundo. Sus ojos se oscurecen.
—¿Tienes fantasías conmigo?
—A la vista está, ¿no? —respondo sonriendo—. Si no, ¿por qué estaría aquí?
Ryder me mira en silencio durante unos segundos. Luego me coge suavemente del hombro, obligándome a centrarme en sus ojos.
—Ava, estás despierta, ¿vale? —Su tono es serio. Firme. Ya no hay rastro de broma.
La sonrisa se me empieza a borrar poco a poco de la cara. Lo miro fijamente, intentando procesar sus palabras. La habitación sigue dando vueltas, pero algo dentro de mí comienza a entender que esto no es un sueño.
—¿De verdad? —susurro, de repente mucho más seria. Ryder asiente lentamente, sin apartar la mirada.
—Sí, Monroe. Esto es real.
Lo miro a los ojos. Su expresión es seria. Demasiado seria para un sueño. La realidad me cae encima como un cubo de agua fría.
—Espera… ¿qué?
Intento incorporarme y la habitación da vueltas como un puto tiovivo. Ryder me sujeta para que no me caiga.
—Oh, no… —murmuro, sintiendo cómo todo el alcohol y lo que sea que me metieron anoche sube por mi garganta.
—¿Ava…?
No llego ni a contestar. Me lanzo fuera de la cama y vomito violentamente en el suelo de su habitación. Ryder suspira, pero se acerca inmediatamente, sujetándome el pelo con una mano mientras con la otra me frota la espalda.
—Genial… —murmura—. Justo lo que necesitaba a las cinco de la mañana.
Cuando termino, estoy temblando de vergüenza. Ryder me limpia la boca con una toalla húmeda que ha traído y me da agua.
—No puedo creer que te haya vomitado en la habitación después de intentar que me follaras —gimo, tapándome la cara con las manos.
Ryder suelta una carcajada grave.
—Tranquila, Monroe. Has hecho cosas peores esta noche.
—¿Como qué?
—Intentar tirarte desde un tejado porque creías que podías volar.
Me quedo callada, horrorizada. Ryder me mira con una mezcla de diversión y algo más suave.
—Ahora duérmete —dice, metiéndome de nuevo en la cama y tapándome.
—¿Vas a dormir conmigo otra vez?
—Alguien tiene que asegurarse de que no intentes volar por la ventana.
Sonrío débilmente, todavía mareada.
—Knox…
—¿Qué?
—Cuando esté sobria… ¿podemos repetir lo de antes? Pero sin vómito.
Ryder se ríe bajito y apaga la luz.
—Duérmete, desastre.