CAPÍTULO 12 CERCANÍA
CERCANÍA
No he visto a Kassy en toda la mañana porque ella tenía una cita con su ginecóloga durante las primeras horas y las dos últimas horas no compartimos clase juntas.
Pero hoy es jueves y, si mal no recuerdo, estará a punto de empezar su entrenamiento con las animadoras del equipo de fútbol americano.
Así que antes de irme a casa me encamino decidida hacia allí para hablar con ella.
Pero a medida que me voy acercando, me voy poniendo cada vez más nerviosa porque sé que Ryder estará allí, en el campo también, entrenando.
Hoy no me lo he cruzado por el instituto, porque, seamos honestos, tengo miedo.
Tengo miedo a su presencia directa, sin ventanas de por medio.
Además, sé que ya no me lo encontraré solo por los pasillos porque su amiguito Nick Stone, que está en nuestro instituto también y es el Quarterback del equipo de fútbol del instituto, ha vuelto después de haber sido expulsado dos semanas por meter a escondidas a una chica en las duchas de los jugadores y ser pillado infraganti.
Pero, aunque tenga miedo de cruzármelo, paradójicamente, estoy deseando verlo. Verlo de cerca, analizarlo aún más y mejor, para poder construirme una imagen de él adecuada en mis fantasías sexuales.
Cuando llego al campo de entrenamiento, lo primero que hago es ver a los chicos corriendo, algunos, como Ryder Knox, descamisados.
Y, joder, me da un vuelco el corazón. Mierda, ahora que me acuerdo, yo tengo su camisa.
¿Debería habérsela devuelto tras lo de ayer?
¿Y cómo hago para preguntárselo si ambos nos ignoramos fuera de nuestras casas?
—¡Ava! —el grito de mi amiga Kassy al verme allí hace que todo el mundo se gire a mirarme, incluido Ryder Knox que me pilla comiéndomelo con los ojos, por lo que automáticamente bajo la mirada al suelo y pateo una piedrecita como si fuera la cosa más interesante del mundo— ¡Ey!
¿Qué haces aquí? —pregunta Kassy cuando ya ha llegado corriendo hasta mí.
—¡Ey! —la saludo— Necesito hablar contigo, Kass.
—¿Qué ha pasado? —pregunta preocupada— ¿Te han vuelto a pedir una cita y te has acojonado? ¿Es eso?
—Kass, ayer Daniel Connel se sentó a mi lado en historia y me dijo algo muy raro y necesito que me ayudes a investigarlo —suplico poniéndome seria y tratando de ignorar la mirada de mi vecino sobre mí, aunque no sé si está mirándome, pero mi cuerpo está en alerta ante la posibilidad.
—¿Raro? ¿Qué dijo?
—Pues, el otro día en The Ruins lo besé y… bueno ayer me dijo que se arrepentía de haberme dejado tirada en nuestra cita y que no debería haberse creído eso que dicen de mí, ¿sabes de qué cojones habla Connel?
—¡Un momento! ¡¿Te besaste con él?! ¡Ava! ¡Esa es una increíble noticia! —dice Kassy emocionada.
—¡No me estás escuchando! ¡Dicen algo de mí y es lo que está asustando a los chicos! Kass, ayúdame a averiguar qué.
—¡Claro! Por supuesto. No te preocupes. Las animadoras son unas chismosas, intentaré preguntarles. Seguro que saben algo.
—Kass, todas saben que eres mi amiga, no creo que te lo digan así como así —mi amiga mira en dirección al campo de entrenamiento, pero no está mirando a las animadoras, sino a los chicos— ¿Kass? ¿En qué piensas?
—Ven conmigo, te lo contaré mientras me pongo el uniforme de animadora.
Kassy me coge del brazo y me lleva a rastras hacia los vestuarios que están justo al lado del campo de entrenamiento.
Noto la mirada inquisitiva y el ceño fruncido de Knox sobre mí mientras paso frente a él, que sigue corriendo, bordeando el campo con sus demás compañeros de equipo, seguramente preguntándose por qué demonios estoy tan cerca de él y qué hago invadiendo su espacio.
Menos mal que él ya ha empezado su entrenamiento y no tenemos que interactuar.
Y, cuando pensaba que ya había pasado el mal trago y habíamos pasado de largo a los chicos del equipo, escuchamos el grito descarado de uno de los jugadores.
—¡Ey! ¡Salamandra! ¡Cambiaros aquí y nos alegráis la vista! —cuando me giro, me doy cuenta de que el dueño de esos gritos es Nick Stone, el amiguito de Ryder que acaba de incorporarse al instituto.
Veo a Stone reírse descaradamente mientras está mirando fijamente a mi amiga Kassy y no entiendo nada. Pero lo mejor es la risa contenida que veo en el rostro de Ryder Knox. Joder, qué guapo está cuando ríe. Creo que es la primera vez que lo veo reír.
—¡Me llamo Kassandra, idiota! —le grita mi amiga a Stone, lo que le hace reír todavía más fuerte— Estúpido idiota —farfulla mi amiga con cara de enfado mientras sigue tirando de mí hacia los vestuarios.
—¿Salamandra? —le pregunto a Kassy, mordiéndome los labios para no reírme.
—Sí, ese es el nivel —murmura mi amiga lanzando un suspiro—. Ha conseguido hacer una rima de un niño de siete años con mi nombre y se siente orgulloso.
—No sabía que te hablabas con Stone, y mucho menos que bromeabais —le indico con interés.
—¡Ya quisiera ese imbécil hablarse con alguien como yo!
—exclama Kassy mientras nos metemos en un cubículo para que se pueda cambiar y ponerse su ropa de animadora.
Mientras tanto, me dice cuál es su plan para enterarse de qué narices se está diciendo de mí—.
Lo mejor para sonsacar información son los chicos, Ava.
Una mujer no soltará prenda de nada si no quiere hacerlo, sobre todo si sabe que esa información le hace poderosa frente a ti, frente a nosotras.
Pero a los hombres es fácil manipularlos para que nos digan cosas, incluso si no quieren decirlo por nada del mundo.
—¿Ah, sí? ¿Cómo? —pregunto curiosa.
—¡Fácil! ¡Sexo!
—Ya… no sé si te acuerdas de un pequeño detalle, Kass, pero sexo es precisamente lo que no puedo tener con los chicos, porque huyen despavoridos de mí —contesto frustrada.
Cuando Kassy ya ha terminado de vestirse tira de mí para salir de los vestuarios.
—Tú no puedes, pero yo sí —dice con orgullo, levantando las cejas.
En eso tiene razón. Kassy se ha acostado con tres chicos este año. Aunque ella dice que siempre los ha tenido que obligar a acabar con la tarea de otra manera después de que ellos llegaran al orgasmo.
Estoy a punto de decirle que no tiene que hacer eso por mí cuando choco contra el duro torso desnudo de un…
¡Mierda! Levanto la vista y me encuentro con el pectoral tatuado, muy definido y sudado de Ryder Knox.
Y cuando alzo la vista del todo, con unos ojos muy azules que parecen enfadados.
En sus manos lleva dos pesas y veo a los demás chicos del equipo salir de la sala de pesas que está junto a nosotros con más pesas hacia el exterior.
Se ve que el entrenador les ha pedido que entren a por ellas, justo cuando Kass y yo estábamos saliendo… Qué suerte la mía…
Pero soy incapaz de moverme. Solo quiero examinar el azul tan enigmático de esos ojos furiosos que me observan por un rato más. Por años…
—Monroe —me saluda escuetamente y luego… ¿sonríe? Miro hacia atrás y no hay nadie más. ¡Me está sonriendo a mí! Carraspeo y me intento hacer la digna.
—Knox —le saludo yo también con una sonrisa juguetona amenazando con salir de mis labios.
—¿Pero qué tenemos aquí? ¿A Salamandra y su amiguita la virgen? —Nick Stone y sus estupideces rompen la magia del momento. Esta vez no solo refunfuña Kassy, yo también.
—¡Pero si es nada más y nada menos que Prick Stone! —suelta Kassy, haciendo una rima con el nombre de Nick, llamándolo Capullo en inglés.
No puedo evitar soltar una carcajada, aunque Stone no parece tan divertido. A pesar de eso se calla y solo achina los ojos de forma amenazante hacia Kassy y con sus dedos índice y corazón se señala sus ojos y luego los de Kassy para advertirle que la tiene vigilada y si se pasa se las verá con él.
Cuando miro de nuevo a Ryder veo que me observa con un brillo juguetón en los ojos. A pesar de que me estoy riendo abiertamente de su amigo.
—Nos vemos, Monroe —susurra y hace que me tiemble todo el cuerpo.
—Supongo que sí —digo sonriente y es lo último que puedo decirle mientras soy arrastrada al exterior, lejos de él, por mi amiga Kassy.
Y mientras salgo y me encamino a la salida del instituto y pongo ritmo a mi casa, no puedo dejar de ser consciente de que mi corazón late muy deprisa y la sonrisa estúpida no abandona mi rostro en ningún momento.