Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 9 ¿EXISTE UN NOSOTROS?
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CAPÍTULO 9 ¿EXISTE UN NOSOTROS?

¿EXISTE UN NOSOTROS?

Llevo varios días sin asomarme a la ventana por las noches, a nuestra hora. Joder, ¿por qué digo “nuestra”? ¡No hay un “nuestra”! Pero la cuestión es que me siento muy dolida, y ninguneada, y reemplazada, y menospreciada y… bueno, también reglosa.

Tener la regla estos días ha sido un gran aliado para no exponerme o exhibirme frente a la ventana.

Porque eso es lo que hago, ¿no? Pero la cuestión es esa.

Nunca me había alegrado tanto de estar en mis días de menstruación como ahora.

Porque sé que habría sucumbido antes y habría mandado mi autocontrol a la mierda para volver a compartir nuestros momentos.

Ya estamos otra vez con eso de “nuestros”…

¡Uff! ¡Qué agotador es mantener las distancias con alguien cuando no quieres hacerlo realmente!

Ya es suficientemente cansino tener que ignorarlo en el instituto.

Pero cuando llega la hora en la que hemos estado viéndonos por nuestras ventanas la desesperación se hace aún mayor.

He tenido que buscarme un millón de cosas que hacer para evitar la tentación de acercarme a la ventana.

Y he acabado convenciéndome de que en realidad es lo mejor que puedo hacer: mantener las distancias.

Ya nos lo hemos pasado bien. Ha estado genial.

Bueno… ha sido increíblemente emocionante y placentero.

Al menos para mí. Pero siendo sinceros, partimos de puntos completamente distintos y distantes.

Mi escasa o nula experiencia con el sexo palidece ante la enorme experiencia de Ryder.

No me extrañaría nada que ya se hubiera aburrido y necesite pasar al siguiente nivel.

Por eso se fue frente a mis narices con esa chica el sábado pasado.

Bueno, por eso y porque ese ha sido nuestro pacto silencioso desde el principio, ¿no?

Solo existimos el uno para el otro detrás de nuestras respectivas ventanas.

Pero el problema es que para mí está dejando de ser así.

Y estoy segura de que para él es una historia más dentro de su catálogo de historias de seducción.

Yo, no tengo otras, no tengo nada más a mi alrededor ahora mismo que me llene de la manera que la simple mirada de Ryder Knox sobre mi cuerpo ha conseguido llenarme.

Y me aterra asomarme a la ventana y comprobar que él ya no está esperándome y que se ha olvidado de mí.

Así que hoy, para ocupar mi mente en otra cosa, me estoy dedicando a cambiar todos los muebles de mi habitación de sitio, junto a toda la decoración también.

Para cuando haya terminado estaré tan exhausta que caeré dormida en seguida y habré superado un día más la tentación de asomarme a la ventana.

Así paso las horas, con la música a todo volumen, me dejo puesta la camiseta antigua de mi hermano de su equipo de futbol americano de la universidad, porque me hace sentirlo cerca de alguna manera, me ato la melena rubia en un moño descuidado, y mientras bailo y canto voy cambiando todo de sitio.

Mi padre entra en algún momento del proceso para preguntarme si he perdido la cabeza, pero se conforma cuando le digo que la nueva distribución hará que descanse mejor y estudie mejor para los exámenes finales.

Lo último que cambio en la distribución de mi habitación es mi cama.

La he dejado para el final porque tenía la esperanza de que la idea que se me formó en principio en la cabeza fuera desapareciendo poco a poco a medida que iba despejándome la mente.

Pero al final he hecho justo lo que intentaba evitar hacer, que no es otra cosa que colocar mi cama frente a la ventana.

Estoy sudada y echa un desastre y no quiero pensar más en esta locura. Así que salgo de mi habitación y me doy una ducha. Con el pelo aun mojado ceno algo con mi padre y apenas hablamos porque está hipnotizado con el partido de hockey sobre hielo que echan en la tele.

No como mucho. No tengo mucha hambre. Solo siento un nudo de ansiedad de pensar que tengo que volver a mi habitación y tengo que mentalizarme de meterme en la cama y dormir.

Nada más. Si no soy capaz de controlar este absurdo juego con Ryder Knox es mejor que lo pare.

Es como si me hubiera apuntado por primera vez a un deporte y me hubiera tocado jugar contra un deportista de élite profesional.

Finalmente me encierro en mi cuarto, suspiro con la espalda contra la puerta y me dirijo hacia mi cama.

Me arrodillo sobre ella y mis ojos vuelan sin pedir permiso hacia la ventana de mi vecino.

El corazón me da un vuelco cuando lo veo ahí, mirándome, fumándose un cigarrillo.

Y peor aun cuando hace un gesto tímido de saludo con la mano.

Le devuelvo el saludo, pero acto seguido cierro la cortina y me meto en la cama.

Sé que voy a dormir poco, pero necesito ganar una pequeña batalla y volver a relajarme con este juego si voy a seguir jugando.

No puedo estar pensando todo el día en alguien como Ryder Knox.

Mis ojos se quedan durante horas clavados en la cortina de mi ventana.

Una vocecita dentro de mi cabeza me grita que abra la maldita cortina.

Pero hay otra vocecita nueva, una que no había oído nunca antes, que me advierte que me meteré en un gran lío si sigo haciendo esto.