Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 8 ¿RUINAS O CIMIENTOS?
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CAPÍTULO 8 ¿RUINAS O CIMIENTOS?

¿RUINAS O CIMIENTOS?

La fiesta del sábado en The Ruins está en su máximo apogeo. Estoy con Selena bailando, dándolo todo, bastante afectada por el alcohol ingerido, pero no tanto como para no ser consciente de lo que sucede a mi alrededor.

Hoy no habrá cita con Ryder, supongo. Él suele salir los fines de semana hasta la madrugada. Así que… ya nos veremos mañana.

No me importa. Lo estoy pasando tan bien hoy que no me importa nada. Es la primera vez que no me agobia la idea de no ligar. De no llamar la atención de algún chico. Gracias al secreto que comparto con Knox, hoy no siento la necesidad de sentirme especial ni elegida por nadie.

Selena y yo estamos bailando con un grupo de chicos y también chicas de nuestro curso cuando al hacer un giro me encuentro con la mirada de Ryder, recorriendo mi cuerpo con descaro.

Acaba de entrar en The Ruins y yo obligo a mis piernas a recordar cómo seguir moviéndose y a mis pulmones cómo seguir respirando para que no se me note el estado en que me encuentro de repente.

Como si su mera mirada detonara una llamarada en mi interior que me paraliza y me atrapa.

Ryder acaba recordando que fuera de mi ventana yo no existo porque acaba apartando la mirada de mí sin siquiera saludarme. ¡Bah! ¡Tampoco esperaba que lo hiciera! Simplemente hemos compartido, ¿qué? ¿seis o siete orgasmos?

Como me estoy volviendo una experta en fingir, pues finjo que no estoy molesta.

Porque, sinceramente, no sé ni por qué lo estoy.

Así es como quiero que sean las cosas. Tengo que ser capaz de apagar y encender el interruptor que Ryder ha instalado en mí ante su presencia a mi antojo.

Solo en mi habitación. De modo que la siguiente hora es lo que hago.

Sigo bailando con mis amigas y no miro, o bueno, casi no miro a Ryder.

Hasta que, de repente, una chica de un grupo que no conozco por su nombre, pero es una cara conocida en The Ruins, se sienta sobre el regazo de Ryder y éste le ofrece una sonrisa de lo más seductora a ella.

Entonces es cuando mi molestia se hace complicada de esconder.

Porque en parte me siento ya un poco dueña de las atenciones de ese chico. ¡Mierda!

—¡Eh! ¿Qué pasa? —me pregunta mi amiga Selena preocupada—. Has puesto una cara de entierro de repente…

—¿Qué hacen esos capullos aquí otra vez? —protesto y mi amiga sabe exactamente a quiénes me refiero.

—Ignóralos, Ava. Solo vienen cuando o bien ya se han hartado de follar con esposas de otros, o no han podido follar con desesperadas y creen que a estas horas van a encontrar aquí a alguna joven lo suficientemente borracha para hacerlo.

—Este no es su territorio —escupo con asco y desvío involuntariamente la mirada hacia Ryder que sigue coqueteando abiertamente con la chica y le dice cosas al oído que la hacen sonrojarse.

¿Le llamará “cosita” a ella también? ¿A todas? Quizá esa es su táctica para no equivocarse de nombre… ¡Mierda, lo odio!

Me vuelvo hacia Selena y sigo con mi baile. Ahora me muevo de forma exageradamente seductora. No es porque me apetezca, es porque quiero seguir atrayendo su atención.

—No sufras. Knox ya se va hacia una de las habitaciones con una tipa, Stone y Maloni se están yendo ya y James está liándose con una rubia del Northen High School. No tardará en desaparecer a otra habitación.

Selena intenta calmarme con su relato. Sin embargo, yo solo escucho que Ryder se está yendo a una habitación con la tipa esa.

No puedo evitar girarme completamente para comprobarlo con mis propios ojos.

Y alcanzo a verlo de espaldas, de la mano de la chica de antes, desapareciendo por las escaleras que dan al piso superior.

Siento una grieta en mi pecho. Una sensación de lo más asquerosa.

—Creo que he bebido demasiado. Me voy a casa —digo, pero Selena me agarra de la mano para evitar que me vaya.

—Si estás mal bebe un poco de agua y espera a que te sientas mejor. No querrás vomitar en casa y llevarte el sermón de tu padre.

—¿Dónde cojones está Kassy? —suspiro y le pregunto a mi amiga.

Hemos venido las tres juntas, pero desde hace unos veinte minutos hemos visto a Kassy mirar su teléfono, sonreír al ver un mensaje, y desaparecer en el piso superior.

Si ella estuviera aquí podría irme a su casa.

Sus padres casi nunca están en casa los fines de semana y podemos volver todo lo borracha que queramos.

—Ni idea —responde Selena.

Vuelvo a suspirar, me acerco a una de las neveras portátiles y agarro un botellín de agua. Después me siento en uno de los sofás de las esquinas, le doy un largo trago a la botella y me quedo sola con mi enfado y mirando a la fiesta que tengo en frente y que sigue sin mí.

—¡Hey! —Un saludo tímido llama mi atención y al levantar la mirada veo al mismísimo Daniel Connel en pie junto a mí.

—Hey —le saludo sin la mínima emoción en mi tono.

Sin ser invitado a hacerlo, Connel se sienta junto a mí y apoya sus codos en sus muslos, con sus manos se frota el rostro.

—Escucha, Ava, sobre el otro día, yo…

—Sí, sí, que lo sientes mucho y bla, bla, bla… —contesto con los ojos en blanco. Connel me mira con cara de arrepentimiento.

—Quería estar contigo —confiesa y yo creí que no podía enfadare más. Pero lo hago.

—¡¿Me ves cara de imbécil, Connel?! ¡No te he pedido explicaciones, así que no me las des!

¡No, no te apetecía una mierda estar conmigo!

¡Entendí tu mensaje perfectamente! Y, ¿sabes qué?

¡A mí tampoco me apetece estar con alguien que se mea en los pantalones justo antes de una cita y prefiere cancelarla en lugar de intentar pasar un buen rato conmigo!

—¡Es que me apetecía estar contigo, Ava!

—¡¿Entonces por qué cojones en vez de mandarme esa mierda de mensaje no quedaste conmigo y ya está?! ¡Podíamos habernos enrollado, follado, o simplemente haber hablado de nuestras cosas! ¡No sé! ¡No muerdo, ¿sabes?!

—¿De verdad no sabes qué es lo que sucede? —La pregunta de Daniel Connel me hace girar la cabeza como un resorte en su dirección. Entonces sí pasa algo. Algo que yo no sé, pero que me afecta directamente.

—Habla —le ordeno.

—No… yo, solo son rumores, yo no sé si lo que me dijeron es verdad o solo…

—¡Habla, maldita sea! —le grito con el corazón a punto de salírseme por la garganta y cuando veo que Connel se mantiene en silencio presiono un poco más—. ¡Me lo debes, Connel!

Estoy a punto de ponerme a llorar. De arrodillarme. De suplicar.

El silencio se alarga más de la cuenta. Perfecto.

Ahora estoy molesta de la hostia. El puto Ryder Knox está follándose arriba a una tipa cualquiera y Connel no me quiere decir qué cojones sucede para que todos los chicos huyan de mí como de la pólvora.

Tengo un nudo en la garganta tan imposible de tragar y unas ganas de llorar que me asfixian.

Miro hacia las escaleras y veo a mi amiga Kassy bajar, toda desaliñada y con una enorme sonrisa en la cara de satisfacción y suspiro de alivio.

Si ya ha follado o hecho lo que sea que quería hacer a lo mejor querrá irse a casa y podré irme con ella.

Pero justo detrás de ella baja Ryder y la chica con la que ha subido antes detrás de él.

Ryder va con su pelo negro hecho una total y completa maraña y la chica va todavía abrochándose la parte delantera de la blusa mientras baja las escaleras.

Entonces sin pensarlo, me giro hacia Connel, le agarro del cuello y le empujo contra mí para comerle la boca como una auténtica posesa. Connel se queda en shock y abochornado intenta separarse.

—Ava, estás borracha, no hagas esto. Estás enfadada conmigo, ¿recuerdas? —dice el muy imbécil.

—Calla y bésame. Me lo debes, Connel —le ordeno con mirada fiera—. Solo bésame una puta vez como un hombre de verdad y me iré de aquí y no volverás a saber de mí.

Vuelvo a pegar sus labios a los mío y Connel se debate entre responder a mi beso o separarse. Finalmente me besa con ganas y cuando ya he tenido suficiente de esta farsa me levanto del sofá, le dedico mi sonrisa más falsa a Connel y me cuadro los hombros.

—Ya terminaremos esto en otro momento, Connel —digo guiñándole un ojo.

Acto seguido levanto la barbilla y salgo de The Ruins sin despedirme de mis amigas ni nada. No quiero quedarme en ese sitio ni un instante más.

Por el camino a casa no sé si alucino o no, pero siento unas pisadas tras de mí.

No pienso girarme a comprobar si es Knox que ya vuelve a casa después de haber follado como broche final a una buena noche de sábado.

No miro, no. Pero me obligo a pensar que es él quien está detrás de mí para evitar echarme a llorar y guardar la compostura un poco más hasta llegar a mi casa.

Cuando por fin entro en mi calle las pisadas tras de mí se desplazan hacia la izquierda y oigo el inconfundible sonido de la puerta de la casa junto a la mía abrirse y luego cerrarse. Joder. Era él.

Me quito los tacones en cuanto entro en casa y apoyo la espalda en la puerta para tomar unas cuantas bocanadas de aire.

Subo poco a poco los escalones y entro en mi habitación.

Ni siquiera voy a encender la luz. Pero me acerco un poco hasta mi ventana y observo la habitación de Ryder sin ser vista, en la penumbra.

La luz de su habitación está encendida. Ryder está en la ventana.

Se quita la ropa y se queda en ropa interior y se enciende un cigarrillo como si nada, asomado a la ventana.

A veces sus ojos vuelan a mi ventana y yo doy un salto hacia atrás, aunque sé que no puede verme.

Pero sus ojos son… son de esos que una siente sobre su piel, aunque no estén mirándote.

Suelto una especie de quejido y me obligo a separarme de la ventana cuando advierto que estoy llorando.

Me meto en la cama y me abrazo a la almohada.

Ni siquiera sé por qué lloro. Solo sé que no puedo parar.

Que mi último año de instituto es un jodido caos y que no veo la hora de que lleguen las cartas de las universidades, me acepten en una universidad que esté en el culo del mundo y pueda dejar toda esta montaña rusa de emociones tan intensas y devastadoras tras de mí.