CAPÍTULO 7 ADICTA
ADICTA
Otra vez estamos frente a frente. Esta vez desnudos. Hoy es jueves y eso significa que desde el viernes pasado que empezamos a vernos clandestinamente a través de nuestras ventanas esta es… nuestra séptima cita, sí.
Cada día damos un paso más. Lo que me mantiene siempre preguntándome qué pasará cuando los hayamos dado todos, cuando hayamos agotados las posibilidades que nuestras ventanas nos ofrecen.
Porque, en cuanto a nuestra vida en el exterior se refiere, seguimos siendo los mismos de siempre.
No nos hablamos, no interactuamos, ni siquiera hacemos por demostrar que la otra persona existe.
Aunque… a veces sí nos miramos. Nos lanzamos unas miradas cargadas de deseo, al menos las mías así son, pero duran exactamente una fracción de segundo, hasta que nuestras miradas chocan y uno de los dos la aparta hacia otro lado.
Es imposible sentirse así especial para él si no es únicamente cuando estoy encerrada en mi habitación.
Pero durante esos momentos… ¡ay, amiga! La cosa es totalmente distinta.
La magia se dispersa alrededor de mi cuerpo, y el deseo…
¡oh, el deseo es tan intenso que a veces es obsceno!
Porque estoy haciendo cosas que jamás pensé que haría, que una persona en su sano juicio no haría y yo…
simplemente no puedo dejar de pensar qué más podría hacer, cuán lejos puedo llegar con esto.
Ayer me planté desnuda frente a la ventana e incité a Ryder a desnudarse también.
Posé para él y él lo hizo para mí. ¡Dios, es tan atractivo!
Estuve hasta tentada de sacar el móvil de manera clandestina y hacerle fotos, para poder así llevarme ese recuerdo y esa emoción a cualquier momento de mi día.
Para no sentirme como me siento cuando el mundo exterior me aplasta y me recuerda que no soy suficiente para ningún chico, ni siquiera para Ryder, fuera de las paredes de mi habitación.
Sé que es posible que solo sea su juguetito para las horas muertas que tiene en su habitación, pero, ¿no es eso mismo él para mí?
¿Por qué me estoy planteando siquiera ser algo más para él fuera de estos momentos?
No es eso lo que quiero. Quiero un Daniel Connel, o un Jade Scott, incluso el tímido de Leo Brown, que es un chico mono y dulce que seguro que tiene mucho que ofrecer como pareja.
Sin embargo, a quien tengo delante, otra vez, es a Ryder Knox. Y mentiría si dijera que no llevo todo el día deseando que este momento del día llegase.
Para hoy he preparado una actuación digna de un cabaret.
Llevo una bata de seda negra que perteneció a mi madre, muy sexy y corta.
Y debajo nada. Tengo preparado un bote de aceite corporal sobre el alféizar de la ventana con el que planeo untarme de arriba abajo de forma muy sensual.
Cuando abro la cortina, Ryder ya está ahí, en la suya, esperándome con un cigarrillo en los labios, como siempre.
Hoy se ha ahorrado ponerse la camiseta, solo lleva unos bóxers negros que…
¡madre mía! Marcan su entrepierna bastante.
Cuando me ve coloca su pequeño altavoz en el marco de su ventana y una suave y seductora versión de la canción Toxic comienza a sonar. Sonrío y sé que es hora de comenzar con la actuación.
Comienzo desabrochándome la bata lentamente, descubriendo primero uno de mis hombros desnudos.
Ryder inspira y coloca una de sus manos sobre su exagerado bulto sobre los bóxers.
Sigo descendiendo poco a poco la prenda por mi cuerpo, sin apartar la mirada de él, hasta que la dejo caer al suelo y revelo que estoy desnuda.
Ryder se masajea por encima de la tela su erección, para darse un poco de alivio.
Entonces cojo el bote de aceite y vierto un generoso chorreón por mi esternón.
Gotas caen por mis pechos, mi vientre, mi ombligo, mi sexo…
y yo comienzo a extenderlo bien por mi cuerpo, cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás, imaginando que son las manos de Ryder las que me tocan, y no las mías.
Cuando abro los ojos, veo que se baja los bóxers en un movimiento rápido, que arrastra una silla de escritorio hacia la ventana y que se sienta sobre ella, con las piernas abiertas, dejándome a la vista todo su esplendor, coge un bote que creo que es de lubricante, y comienza a masturbarse con la cabeza ligeramente echada hacia atrás, provocando que su mirada azul me mire con ojos entornados.
Es la visión más gloriosa que he tenido en mi vida.
Me provoca la idea de hacer lo mismo y lo hago. Cojo la enorme silla de mi escritorio y me siento sobre ella, frente a Ryder, y continúo tocándome las tetas, el vientre y cuelo una de mis manos en mi sexo. ¡Dios, estoy tan mojada!
Ryder hace un gesto con sus manos, uniéndolas y separándolas, haciéndome entender que quiere que me abra de piernas para él, que quiere ver exactamente lo que me estoy haciendo.
Me muerdo el labio, respiro hondo y hago lo que me pide. Esto es muy loco.
Abierta de piernas, con mis pies apoyados en el alféizar de la ventana, comienzo a darme placer primero con un dedo, después con dos.
Con los ojos de Ryder clavados en mi sexo, su respiración irregular, su torso comienza a brillar y sus abdominales se contraen cada vez que sus caderas hacen un intento de empujar hacia arriba, como si estuviera imaginándose follándome de verdad. Estoy a punto… estoy…
—Córrete, cosita —escucho decir y abro los ojos sorprendida. ¿Lo ha dicho en voz alta?
Cuando lo miro está asintiendo, dejándome entender que está a punto. Yo también.
—Ah… ah… —gimo y me muerdo los labios para acallar mis gemidos. Si mi padre entrara me mataría.
Pero entonces miro a Ryder y juro que veo sus labios moverse pronunciando mi nombre mientras eyacula. Yo me tapo la boca con una mano y ahogo mis gemidos mientras llego al clímax también.
Es un orgasmo brutal. Me quedo laxa sobre la silla de mi escritorio, todavía con las piernas abiertas. Ryder me sigue observando, no se ha movido tampoco. Entonces me hace el gesto señalándose el ojo que me indica que quiere ver.
Sonrío nerviosa y le muestro mis dedos empapados, pegando las yemas y despegándolas para que vea los flujos que los empapan. Sí que estamos llegando lejos… sí.
Ryder se señala el pecho y vocaliza la palabra “MÍO” para dejarme entender que mi orgasmo le pertenece. No puedo llevarle la contraria. Es así. Todos mis orgasmos, que han sido muchos en esta última semana, llevan sus iniciales.
Luego me muestra su mano derecha manchada de su semen y hago lo mismo y vocalizo la palabra “MÍO”. Ryder asiente con una sonrisa preciosa y pícara. Se limpia la mano con una servilleta y lo veo coger otro cigarrillo.
Me quedaría aquí un rato más. Simplemente observándolo. Pero ya he tenido mi orgasmo y eso significaría que quiero algo más de él y no puedo confundirnos a los dos con mis tonterías. Solo es la euforia postorgasmo. Él no quiere algo más, eso lo tengo claro, y yo… yo tampoco. No es una opción.
Así que cojo mi bata del suelo, me la pongo y le hago un gesto de despedida con la mano antes de cerrar mi cortina. Ryder vocaliza un “Buenas noches, cosita” y se enciende el cigarrillo así, como dios lo trajo al mundo.
Sonrío y sacudo la cabeza y cierro la cortina.
En estos momentos no pienso en que soy la única virgen de mi curso y en todas las veces que me han plantado.
En estos momentos simplemente pienso en que tengo algo emocionante, morboso, especial y distinto.
Algo que muchas personas no tienen. Algo que muchas personas, aunque nunca lo admitan en voz alta, pagarían por tener.