Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 5 LO QUE NADIE VE
8%

CAPÍTULO 5 LO QUE NADIE VE

LO QUE NADIE VE

—Ava, concéntrate, maldita sea. Mañana tienes un examen de álgebra importante.

Ya queda poco para el final de curso y no la puedes cagar —me digo en voz alta mientras estoy sentada en el escritorio de mi habitación, con los libros abiertos, pero no puedo dejar de mirar en dirección a la ventana de mi habitación.

No estoy en un lugar visible, de modo que ni Ryder me ve ahora mismo la cara de idiota que tengo ni yo puedo saber si él está en su habitación, o peor aún, en la ventana, con las mismas ganas de verlo a él que tengo yo.

Pero no logro concentrarme por más que lo intente y eso me molesta mucho porque siempre he sido una alumna bastante responsable, estoy en la recta final del último curso del instituto y necesito que mis notas sean lo más sobresalientes posibles para que me admitan en la Universidad de Boston el año que viene.

Sin saber por qué me pregunto si Ryder Knox también estará estudiando, si le preocupará como a mí su futuro, si tiene en mente ir a la universidad…

Nunca antes me lo había planteado de él.

Jamás me he preguntado nada de él, a decir verdad, al menos no desde hace unos años.

Siempre lo encontré atractivo, eso está claro, porque lo es y mucho, pero un tipo de atractivo que sabes que no debes desear si quieres salir indemne.

Sin embargo, desde la clase de filosofía, he comenzado a plantearme la posibilidad de que no todo con él sea tan blanco o negro.

Ni con él ni con nadie. ¿Quién no ha hecho cosas reprochables a nuestra edad?

Porque yo, aunque tenga fama de chica buena, lista y por desgracia virgen, no soy ninguna santa tampoco.

Sacudo la cabeza y me obligo a pensar en otra cosa.

No soy yo la causante de la fama de Knox y no tengo que hacerme cargo de su reputación, eso es cosa suya.

Bastante tengo ya con hacerme cargo de la mía.

Acabo de cumplir dieciocho hace solo dos meses, no soy ni de lejos una adulta con soluciones a problemas existenciales.

Después de estudiar durante tres horas algo que como máximo me habría ocupado una, mi padre entra en la habitación y me deja un par de porciones de pizza.

—Come algo, cariño. Tanto estudiar sin nada en el estómago no es bueno —me dice con una sonrisa tierna y cariñosa a la que respondo del mismo modo.

—Gracias, papá. Siento haberte dejado cenar solo hoy —le digo con verdadero arrepentimiento porque sé lo mucho que detesta estar solo y desde que mi madre murió y mi hermano mayor se fue a la universidad solo estamos él y yo.

—No te preocupes, cariño. Estaba viendo un partido de la NHL. Y tendré que acostumbrarme a estar solo, porque en unos meses te irás a la universidad y así estaré siempre.

Me duele el pecho su afirmación y lo miro con preocupación.

—Vendré a casa todos los fines de semana que me sea posible. Y todas las fiestas. Y cada vez que me lo pidas, papá.

Mi padre solo sonríe con cariño, me planta un beso en la frente, me da las buenas noches y sale de mi habitación.

Suspiro y miro los trozos de pizza. Ahora mismo se me ha quietado el hambre y me siento un poco triste por papá.

Pero no quiero estar triste. Quiero pensar en que yo soy la única ahora mismo que puede mantener feliz a papá, el tiempo que me quede aquí, y que para eso yo también he de estar feliz.

Y, automáticamente, mis ojos se van hacia la ventana de mi habitación.

Me levanto lentamente y miro hacia la puerta de mi habitación.

Papá ya no entrará, espero. Entonces me dirijo a mi armario, lo abro y comienzo a rebuscar entre mi lencería las piezas más atrevidas que tengo.

Mis manos van hacia una combinación rosa pastel de sujetador y tanga que Kassy me regaló en mi cumpleaños con la esperanza de que algún día lo usara para perder la virginidad.

Observo el conjunto y me debato entre si esta ocasión es así de importante o no.

Ni siquiera sé si Knox va a estar en su habitación y mucho menos si se asomará a la ventana, pero, joder, deseo tanto que lo haga…

Al final inspiro hondo, me quito lo que tengo y me pongo la combinación.

Pero también me decido por ponerme encima un kimono rosa tipo geisha que usé en Halloween cuando me disfracé de geisha sexi.

Es absurdo lo de sexi, lo sé, pero, ¿qué te digo?

Soy una adolescente insegura que busca tener experiencias sexuales y sentimentales de esas que todo el mundo debería tener en el instituto, de esas que todos dicen que no olvidan jamás, a pesar de que siempre se dicen que son las experiencias en las que uno ha tomado siempre la peor decisión posible.

Yo tampoco estoy exenta de cometer cagadas, a la vista está.

Pero me da igual ahora mismo. Solo quiero seguir sintiéndome tan viva y tan eufórica como lo hice el fin de semana.

Me pongo la mini bata encima, aunque no la llego a anudar muy bien del todo, después rebusco en mi bolso hasta que encuentro un váper que compré para una fiesta.

No me gusta mucho vapear, solo lo hago cuando estamos de fiesta y todo el mundo lo hace, pero creo que tener algo para distraerme y a la vez hacerme la interesante en la ventana me vendrá bien como excusa.

Lo cojo y sin pensarlo más me acerco al alféizar de la ventana y me siento allí de lado, con la espalda apoyada en el marco lateral y las piernas desnudas un poco plegadas y apoyadas a lo largo del alféizar.

Mi corazón truena contra mis costillas y me obligo a mostrarme lo más casual posible y despreocupada mientras inhalo una bocanada del váper y lo expulso por la ventana.

Mientras lo hago, mis ojos se desvían hacia la ventana de mi vecino y veo algo de movimiento entre las cortinas. ¡Dios! Mi corazón da un vuelco.

Pero no sale a la ventana.

¿Por qué no sale? A lo mejor lleva un rato esperando a que yo lo haga y se ha cansado de esperar.

Estoy valorando la opción de hacer una gilipollez y tirarle un objeto o algo a la ventana cuando de repente su musculosa figura emerge de entre la suave luz amarillenta que alumbra su habitación y lo veo asomarse a la ventana con su cigarrillo encendido, como de costumbre, entre sus labios.

La sensación que tengo al mirarlo es rara.

Es como si mi cuerpo se pusiera nervioso y a la vez relajado.

Lo miro fijamente mientras doy otra inhalación a mi váper y pienso que eso es lo mismo que un adicto a una droga debe sentir cada vez que te suministras una dosis: por un lado, el cuerpo se llena de la euforia del momento y por otro el mono se sacia y te calma.

Es indiscutible que lo único que me atrae de él y de esta situación es el aspecto físico de Ryder y el morbo de la situación.

No puede ser más que eso. Apenas hemos cruzado más de cincuenta palabras en estos últimos cinco años.

Pero comienzo a ser bastante consciente del poder que tiene el morbo en nuestras mentes.

Es un subidón. Hacer algo, o estar a punto de hacerlo, que sabes que no está bien, o que al menos no así, en público, saber que te pueden pillar, pero encontrar todavía más placer en ello, es una sensación aun más potente que cualquier cóctel que haya probado.

Ryder me mira y yo lo miro mientras seguimos expulsando humo por la boca. Quiero que esta vez sea él quien haga algo para seducirme, pero no puedo ni pienso decírselo.

De repente me hace un gesto señalándose el ojo para decirme que quiere que le muestre lo que tengo debajo de la bata, con una sonrisa pícara en el rostro.

Me muerdo el labio y niego con la cabeza.

Acto seguido le señalo con el dedo para que entienda que hoy quiero que empiece él.

Ryder se señala a sí mismo preguntándome si lo ha entendido bien y asiento con una sonrisa en la cara, aguardando su reacción.

Entonces él tira el cigarrillo por la venta y sé que comienza la acción.

Me giro un poco más para observarlo y veo que coloca un pequeño altavoz bluetooth en la ventana desde que me llega suavemente la melodía de The Weeknd cantando The Hill .

Sonrío con satisfacción y entonces Ryder comienza a moverse y…

¡joder! Sí que sabe moverse. Me hace un bailecito de lo más sexi, agarrándose al marco de la ventana y haciendo como si se follase el cristal con un balanceo de caderas de lo más sensual.

No puedo evitar imaginármelo desnudo moviéndose así sobre mí mientras me penetra con esa sensualidad.

Jadeo y agradezco la distancia para que no me oiga.

Le hago el mismo gesto que me hizo él señalándome uno de mis ojos y me responde con una sonrisa mientras comienza a quitarse la camiseta. Mierda está muy bueno.

Al quitarse la camiseta no solo revela un torso magnífico y un poquito entintado, sino que la tienda de campaña que se ha formado en sus pantalones de chándal se hace muy evidente y hace que se me atore la respiración.

Está excitado con esto. Como yo. No soy yo sola en esta locura. Estamos los dos en esto.

Sus movimientos mientras se acaricia el torso son brutalmente sexis.

Y cuando una de sus palmas se posa sobre su pantalón, donde se encuentra escondida su enorme erección, no reprimo más las ganas y me meto una de las manos por debajo de la bata, la desciendo por mi estómago, hasta colarla por debajo de mi tanga y comienzo a acariciarme el clítoris en círculos.

Veo como Ryder se queda congelado por unos segundos al adivinar lo que estoy haciendo.

Como sus hombros se levantan y se bajan por culpa de su respiración acelerada.

Me hace un gesto con su ojo pidiéndome que le muestre, pero yo niego con la cabeza mientras me sigo masturbando. Joder, esto es muy excitante.

Lo miro mientras sigo masturbándome y adivino como sus labios pronuncian la palabra “Mala” mientras me mira con ojos entrecerrados.

Me río mientras sigo con mi tarea de darme placer y entonces él hace lo mismo.

Se baja los pantalones y libera una impresionante erección que rodea con su puño.

Con el dedo pulgar se acaricia la punta y comienza a darse placer sin esconderse ni un poco mientras me mira.

Yo ya no tengo ojos para otra cosa que no sea su erección y la forma en la que se da placer, y me imagino ese mismo brío en mi interior a modo de embestidas de Ryder en mi sexo.

Mierda estoy muy cerca.

Acelero mi ritmo y comienzo a convulsionar con los labios entreabiertos para silenciar mis gemidos de placer.

Miro a los ojos a Ryder mientras mi increíble orgasmo se alarga unos segundos que parecen demasiados y que van a consumir todas mis fuerzas y veo como su cuello se tensa y su mandíbula se aprieta.

Entonces desvío de nuevo la mirada hacia su polla y lo veo eyacular contra el cristal de su ventana.

Ahora mismo estoy muy satisfecha y sobre todo soy muy consciente de que a este juego le queda mucho tablero por recorrer.

Que esto solo ha hecho confirmar que ambos lo disfrutamos igual y que a partir de ahora ninguno de los dos mirará a su ventana de la misma forma.

Siempre sabremos que al otro lado de la calle hay alguien a quien deseamos ver en su estado más erótico y vulnerable y que está deseando vernos a nosotros de la misma forma.

Sabremos que estamos compartiendo un mismo anhelo y un mismo secreto.

Hoy soy yo quien se aleja de la ventana antes que él. Me toca a mí, ¿no? Y me meto en mi cama después de cerrar las cortinas con una sonrisa enorme en el rostro. No recuerdo haber tenido una sonrisa igual antes.