Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 2 ESTO NO ESTÁ BIEN
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CAPÍTULO 2 ESTO NO ESTÁ BIEN

ESTO NO ESTÁ BIEN

Kassy, Jannet, Selena y yo llegamos a The Ruins poco antes de las once.

Así es como llamamos a la vieja casa abandonada que hay a las afueras de Crow Hill.

Hace años perteneció a un viejo huraño que murió solo y sin dejar herederos, y desde entonces el lugar se convirtió, de alguna manera, en territorio adolescente.

The Ruins ya no parece realmente una casa abandonada.

Ahora parece el caos juvenil hecho lugar físico.

Entre todos hemos ido trayendo muebles viejos que nuestros padres querían tirar, colchones rescatados de la basura, sofás medio rotos y hasta luces LED cutres que alguien consiguió conectar milagrosamente sin provocar un incendio.

Está todo lleno de grafitis, pero eso le da carácter.

La mayoría de la gente de Crow High se ha emborrachado por primera vez aquí. Ha vomitado por primera vez aquí. Ha llorado por alguien por primera vez aquí. Y probablemente también ha follado por primera vez aquí.

Aunque en esa categoría, tristemente, yo sigo fuera del ranking.

La música se escucha incluso desde el camino de tierra que lleva hasta la entrada de la casa. Hay coches aparcados por todas partes y grupos de chicos fumando fuera mientras las luces de colores atraviesan las ventanas rotas del piso de arriba.

—Vale, Monroe —dice Kassy agarrándome del brazo—. Esta noche nada de pensar en Daniel Connel.

—¿Quién es ese? —pregunto dramáticamente.

—Ni siquiera has empezado a beber y ya estás actuando como una borracha despechada —dice Selena.

—Una borracha despechada sexy —corrijo.

Entramos riéndonos y enseguida vamos directas hacia una de las neveras portátiles del salón principal. Cojo una cerveza fría y doy un trago largo mientras la música retumba bajo mis pies.

Por primera vez en todo el día siento que quizá pueda olvidarme de la humillación de esta tarde.

Shake it off de Taylor Swift empieza a sonar por los altavoces y Kassy grita emocionada antes de empezar a bailar como una loca en mitad del salón. No tardamos ni diez segundos en unirnos.

El alcohol empieza a calentarme el cuerpo rápidamente mientras bailo con las chicas entre risas y empujones. Cierro los ojos un instante y, sin querer, vuelvo a pensar en Ryder Knox observándome desde la ventana de enfrente.

Joder. Estoy tan desesperada que acabo de imaginarme desnuda frente a Ryder Knox y él tocándose por mí. Abro los ojos inmediatamente. No. Definitivamente no. Ni hablar. Mi cerebro necesita ayuda profesional. ¡Oh, mierda! Debo estar muy desesperada si tengo ahora fantasías con el siniestro de Knox.

Kassy me hace un gesto extraño con la cabeza. Sigo la dirección de su mirada y me encuentro con Daniel Connel observándome desde el otro lado del salón.

Ah. Así que sí ha venido. Va acompañado de sus amigos y tiene una cerveza en la mano, pero apenas parece prestarles atención.

Me mira directamente a mí. Y otra vez vuelvo a sentir esa mezcla horrible entre rabia y humillación.

No entiendo nada. Si no quería salir conmigo, ¿por qué me mira así?

¿Por qué parece arrepentido? Yo habría dicho que sí a literalmente cualquier cosa que me hubiera pedido. Pero ya da igual.

Ahora mismo ya no quiero que se me acerque.

Me siento demasiado dolida y con el ego demasiado magullado como para perdonar otro desplante a última hora.

Quizá para él no tenga tanta importancia, pero para mí ha sido el duodécimo desencanto a mi corta edad, la duodécima vez que han jugado con mis sentimientos y jamás ni una sola vez he sido complacida con una puta cita al completo que me deje mostrar lo que tengo que ofrecer.

Así que le pongo mala cara y sigo bebiendo y bailando con mis amigas mientras ignoro a Connel. Aunque no dejo de sentir su mirada sobre mí en toda la noche.

Pasan las horas y las chicas y yo estamos cada vez más borrachas.

Tampoco dejamos de bailar con todo el que se nos acerca y al fin siento que estoy sanando de la herida que me dejó Connel esta tarde.

Por fortuna no ha sido demasiado profunda.

Eso es lo bueno de no ir más lejos con nadie, que no hay herida profunda que sanar.

Mis amigas, sin embargo, han tenido que sufrir rupturas espantosas y ya se han enamorado más de una vez.

Yo no. Soy intocable ¡Ja! Pero en realidad no tiene gracia.

No me quiero quedar toda la vida sola, como mi padre decidió hacer tras la muerte de mamá.

Ya es de madrugada cuando estamos completamente borrachas y desmadradas.

Selena está liándose con un tío random en el sofá, Jannet está hablando con un tipo que está de intercambio que es de algún país de Europa y estará aquí durante todo el último curso del instituto, Kassy está bailando con dos amigos de mi hermano Brian, que está ya en la universidad.

Nuestras fiestas son tan guais que hasta los mayores vienen.

Y yo estoy bailando con uno de los amiguitos de Connel que se ha ido acercando lentamente hacia mí durante la noche, Jade Scott.

Me viene bien bailar con él para que ese bobo vea lo que pierde.

—Connel dice que lo siente mucho —me dice Jade de repente al oído mientras estamos bailando bien pegados y yo estaba sonriente dándolo todo, pero sus palabras me enfadan y me cambian el mood.

—Pues dile a Connel que me importa una mierda lo mucho que lo siente —le digo enfadada— y que espero que se le pongan los huevos azules y no pueda follar nunca más en su vida.

Jade se ríe de mi respuesta y me coloca un mechón de pelo tras la oreja en un gesto demasiado tierno. Cosa que me descoloca y me hace mirarlo con otros ojos. Es mono…

—¡Hey! ¡No te enfades conmigo! Solo soy el emisario —dice con voz seductora—. Yo nunca habría cancelado una cita con la chica más guapa de Crow High.

—¿Te parezco guapa? —mi corazón da un salto absurdo y pregunto envalentonada por el alcohol.

—¿Estás de coña? Eres un puto pibón, Monroe.

Durante un segundo horrible y emocionante creo que por fin alguien va a elegirme. Así que sonrío. Y me lanzo al vacío.

—¿Quieres follar conmigo?

Oh, dios mío. ¿He dicho eso en voz alta? Por la cara de Jade… sí. Definitivamente sí.

Empiezo a reírme de pura vergüenza mientras él parece debatirse entre el shock y la ilusión más absoluta.

—¿Hablas en serio, Ava? —pregunta y parece ilusionado mientras yo asiento con la cabeza y una sonrisa traviesa en el rostro— ¡Joder!

Yo… —mira un segundo hacia donde está su amigo, el estúpido Daniel Connel y luego a mí.

Parece que va a decirme que sí y mi cuerpo se tensa ante la emoción del momento cuando de repente sus ojos se desvían hacia la entrada de The Ruins y veo que el rostro de Jade palidece y da dos pasos atrás alejándose de mí.

Mi mirada vuela hacia donde están clavados los ojos de Jade y me encuentro nada más y nada menos que con mi vecino, el mismísimo Ryder Knox, y sus amiguitos Carter James, Nicolas Stone y Justin Maloni.

¿Qué hacen estos aquí? No suelen venir a nuestras fiestas.

Bueno, a veces aparecen a última hora cuando todo el mundo está borracho como una cuba para hacerse ver un ratito, recordarnos al resto de los mortales lo malotes que son e intimidarnos para que no olvidemos que son los putos amos.

Yo hoy no tengo ganas de dejarme intimidar y continúo bailando mientras observo como Jade Scott se va alejando poco a poco de mí y vuelve a reunirse con su grupo de amigos.

—Lo siento, Ava —susurra con una mirada triste— de verdad que lo siento. En otra ocasión sin duda será.

Cobarde…  Lo que no sabe Scott es que una vez me dicen que no ya no quiero volver a intentarlo, porque, ¿quién me garantiza que no habrá un segundo no?

Y, por lo que he visto de mis amigas, los siguientes noes duelen más.

De modo que lo ignoro y continúo bailando sola con mi borrachera en mitad de la pista de baile.

Ignoro a todo el mundo, hasta al imbécil de mi vecino.

No quiero mirarlo porque corro el riesgo de preguntarle la misma estupidez que le he preguntado a Scott hace unos instantes y no pienso caer tan bajo de follarme a ese pseudo criminal.

Así que sigo bailando con los ojos cerrados y disfrutando de mi momento.

De repente siento unas manos masculinas agarrarme por la cintura.

Alguien baila tras de mí y joder, sus movimientos son sensuales y baila muy bien.

Y… dios mío… huele a… huele a no sé a qué, pero algo muy follable.

Pero aún no quiero girarme a ver de quién se trata y rompa la magia tan pronto.

Sobre todo, porque me acabo de dar cuenta de la cara con la que me miran Daniel Connel y sus amigos y…

joder Kassy también está mirándome con el rostro pálido y los ojos casi salidos de sus órbitas. ¿Quién…?

—Hola, cosita —no…— Vaya, no esperaba verte hoy de nuevo —una voz grave y profunda con un reconocidísimo rastro de acento irlandés me susurra en el oído y me estremezco.

¡Oh, no, no, no! Bajo mi mirada a las manos que me aprietan de la cintura y me congelo al notar la tinta negra que las recubre. Mierda. Es Ryder.

—Suéltame, Ryder —susurro para que solo él me oiga porque estoy siendo ahora mismo el centro de todas las miradas, pero por las razones equivocadas.

—Tranquila, cosita. Solo venía a decirte que tienes unas tetas increíbles y que tu bailecito de antes ha sido tan impresionante que me ha tenido tenso toda la tarde.

Me giro con los ojos muy abiertos y me encuentro con la mirada azul clara de Knox y una sonrisa canalla encantadora.

No lo había visto tan guapo nunca como ahora, ¿será cosa del alcohol?

No, las cosas como son, Ryder Knox es guapo.

Más bien guapísimo. Está jodidamente bueno, ¿vale?

Pero créeme, no querrías nada con él. No, de verdad, lo digo en serio.

No está bien de la cabeza. Siempre anda metiéndose en problemas.

O su familia. O sus amigos. Es un caso perdido.

Sin embargo, heme aquí mirándole la boca de manera lasciva y mordiéndome el labio de pensar lo que le dejaría hacer a esa boquita ahora mismo si… ¡Oh, por favor, que alguien me rescate!

—No me mires así o verás lo que…

—¡AVA! —nos interrumpe Kassy tirando de mi brazo, separándome del peligro y rompiendo finalmente mi hechizo. ¡Gracias al cielo! —Vámonos, mi padre nos va a matar si llegamos más tarde.

Me dejo arrastras por Kassy hacia el exterior, sintiendo la mirada clavada en mí de Ryder y su sonrisa perversa.

Jannet por lo visto ya se ha ido hace rato con su hermano y no me he dado cuenta y Selena va a pasar la noche con un chico que se ha ligado, me explica Kassy.

Yo apenas presto atención y miro constantemente hacia mi espalda para ver si Ryder me sigue y sale hacia afuera o no.

¿Quiero que lo haga? No, no quiero que lo haga. Bueno yo… ¡no, no!

—¡Hey! Deja de pensar en ese tío —me grita Kassy dándome toquecitos en la mejilla— no estás tan desesperada para meterte con Knox, ¿verdad?

—niego con la cabeza, pero no digo nada porque no estoy muy convencida.

Mañana cuando ya no esté borracha volveré a estarlo—.

En serio, Ava. Knox solo te destrozaría.

¡Eres virgen, por dios! Además, en el proceso también destrozaría tu reputación para siempre.

Ningún chico se atrevería a acercarse a ti si pensara que Ryder Knox te tiene en su radar. No follarías nunca más.

—¿Acaso estoy follando ahora? —pregunto indignada con una voz demasiado emborronada con el alcohol.

—Aun tienes otras opciones. Vámonos a casa, anda. Antes de que hagas más tonterías hoy.

Kassy me arrastra de la mano calle abajo y yo la sigo, pero voy protestando todo el camino como la ridícula borracha, virgen y constantemente plantada que soy.

—¡Quiero hacer tonterías, joder! ¡Estoy en la jodida edad de hacer tonterías!

—grito a pleno pulmón mientras sigo andando por la calle con Kassy a mi lado en dirección a su casa.

Kassy me pide que me calle. La estoy avergonzando.

Pero no lo hago porque necesito desahogarme—.

¡No me callo, joder! ¡Quiero hacer tonterías, ¿me oís? ! ¡Y follar! ¡Follar mucho!

—¡Ava, maldita sea, está todo el vecindario durmiendo! —me regaña Kassy en parte avergonzada y en parte muerta de risa.

—Esto es una mierda, Kassy. ¡Mi vida es una mierda, ¿me oís?! —grito de nuevo y Kassy estalla en una carcajada mientras tira con más fuerza de mi mano en dirección a su casa.

Me río yo también y llegamos a su casa entre risas e intentando no hacer ruido para no despertar a sus padres, pero tropiezo con todo de camino a su habitación.

Finalmente me tiro en la cama supletoria de la habitación de Kassy, cual estrella de mar, con el vestido aun puesto y el maquillaje hecho un desastre y me quedo dormida en cuanto mi cuerpo toca el colchón.