Perfectos Imperfectos (The Ruins 1) CAPÍTULO 1 SERÁ NUESTRO SECRETO
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Perfectos Imperfectos (The Ruins 1)

Perfectos Imperfectos (The Ruins 1)

Por Silvia Cruz

© inepub.com

CAPÍTULO 1 SERÁ NUESTRO SECRETO

SERÁ NUESTRO SECRETO

A veces pienso que los chicos del instituto Crow Hill se despiertan cada mañana preguntándose: “¿Cómo podemos joderle hoy la vida romántica a Ava Monroe?” Porque no puede ser normal. Simplemente no puede.

Miro el mensaje de Daniel Connel por quinta vez consecutiva mientras estoy tirada boca arriba sobre mi cama, con las piernas colgando por el borde y el ventilador del techo girando lentamente sobre mi cabeza.

Lo he pensado mejor. No creo que sea buena idea.

Ya está. Ese es el mensaje. Ni siquiera un triste emoji para suavizar la puñalada. Resoplo y bloqueo el teléfono antes de hacer algo todavía más patético. Como responder: ¿Por qué? O peor: ¿Qué hay de malo en mí?

Porque sí. Ya lo he hecho antes, pero esta vez no pienso sonar tan desesperada.

A veces me pregunto si alguien me ha echado un mal de ojos con los chicos.

No puede ser cierto, ¿otra vez? Ayer, cuando salía de las clases del instituto fue el propio Daniel Connel el que vino a por mí, con un destello de ilusión en la mirada, para pedirme una cita.

¡FUE ÉL! Y yo acepté con gusto. Entonces, ¿por qué demonios me ha escrito un mensaje para cancelarla?

¡Joder! ¡¿Qué demonios tengo que atemoriza tanto a los chicos?

Ya van al menos una docena de posibles citas en el último año que han salido corriendo justo después de que yo aceptara.

Todos, absolutamente todos coquetearon conmigo, me pidieron una cita, les dije que sí y pocas horas antes de la cita la cancelaron.

¿Habrá alguna especie de apuesta o algo así entre los chicos de Crow High para reírse de mí?

Por suerte, me quedan unos meses para terminar el instituto y pronto me iré de este apestoso lugar a estudiar a la Universidad de Boston.

Allí empezaré de cero. “Como una virgen inexperta” se burla de mí mi subconsciente, aunque le respondo “¡No soy virgen, gilipollas!” pero ella vuelve a burlarse de mí recordándome la verdad “Tu consolador rosa fucsia no cuenta como experiencia sexual con hombres”.

Resoplo y me tiro a la cama de forma dramática.

¿Por qué demonios me pasa esto a mí? Todas mis amigas, absolutamente TODAS han follado ya. Kassy, mi mejor amiga, ha follado ya con cinco chicos diferentes. ¡CINCO! Hasta Jannet, joder, que es la más tímida de mi grupo de amigas. Estoy desesperada. Resoplo y dejo caer el móvil sobre mi pecho.

—Qué te den, Connel —murmuro al techo.

Aunque la realidad es que no quiero que le den. Quería que me besara en el cine. Quería ponerme mona para alguien por una vez. Quería dejar de ser la chica a la que todos parecen desear… hasta que ella también lo hace. Porque ahí desaparecen. Todos. Justo después de que acepto salir con ellos.

Me incorporo frustrada y me recojo el pelo rubio en un moño desastroso antes de levantarme de la cama. La pantalla del móvil vuelve a iluminarse entre mis sábanas arrugadas. Kassy.

Kassy: ¿Entonces qué vas a hacer esta noche?

Le respondo inmediatamente:

Yo: Embriagarme hasta olvidar que soy oficialmente la única virgen de Crow Hill.

Los tres puntitos aparecen enseguida.

Kassy: Dramática.

Yo: Virgen y dramática.

Kassy: Te recojo a las nueve. Y ponte algo corto y ceñido. Necesitas recordarles a esos idiotas que tienes un buen par de tetas.

No puedo evitar reírme un poco.

—Gracias, Kassy. Muy inspirador.

Lanzo el teléfono sobre la cama y camino hasta el armario. Necesito cambiar el mood antes de acabar llorando otra vez por un chico que hace menos de veinticuatro horas parecía emocionado por salir conmigo.

Saco varios vestidos, los dejo sobre la cama y pongo música en el altavoz.

Rude Boy de Rihanna empieza a sonar en mi habitación.

Eso mejora ligeramente mi estado mental.

Empiezo a mover las caderas mientras me quito la camiseta enorme de fútbol americano de mi hermano Brian y la dejo caer al suelo.

Me quedo solo en bragas y hago una mueca frente al espejo.

—Bueno… al menos mis tetas sí parecen nivel experto.

Cojo el cepillo del pelo y lo uso como micrófono mientras canto a pleno pulmón.

Bastante alto y bastante dramática. Pero funciona.

Durante unos minutos dejo de pensar en Daniel Connel.

En Crow High. En todos los chicos que parecen interesados en mí hasta que acepto salir con ellos y de pronto actúan como si hubiese una maldición pegada a mi coño.

Entonces miro hacia la ventana y me quedo completamente congelada. Ryder Knox está mirándome desde su habitación en la casa de enfrente.

Oh. Mierda.

Mi corazón da un golpe seco contra las costillas.

Está apoyado contra el marco de su ventana abierta, fumando tranquilamente como si no acabara de pillarme bailando semidesnuda como una completa idiota. La luz tenue de su habitación ilumina parte de sus tatuajes y el humo del cigarro se mezcla con el aire de la noche.

Pero lo peor no es eso. Lo peor es que no aparta la mirada.

Ni siquiera cuando descubre que lo he visto.

Sigue observándome. Directamente. Está fumando, tranquilo, con esa expresión imposible de leer que siempre tiene.

El humo sale lentamente de sus labios mientras sus ojos azules recorren mi cuerpo desnudo de cintura para arriba sin ninguna vergüenza.

Ryder Knox, el chico prohibido, es mi vecino desde hace cinco años.

Llegó a aquí, a Oregón, con su padre y su hermano mayor desde Irlanda, Europa, y fue la comidilla del lugar durante mucho tiempo.

Yo tenía doce años, él trece, porque, aunque esté en mi mismo curso, tuvo problemas burocráticos para apuntarse en el instituto, y recuerdo lo contenta que me sentí cuando supe que iba a tener un vecino de mi misma edad tan cerca, porque mis amigas viven en la zona pija de Oregón, bastante lejos de donde vivo yo.

Ryder y yo nos hicimos amigos al instante, conectamos, nos encantaba estar juntos, pero nuestra amistad no duró mucho.

Enseguida mi padre supo que su padre era un maleante menor que a menudo hacía trabajos chungos para los narcotraficantes de la zona y me prohibió tajantemente que me juntara con él y…

bueno, aunque me dolió mucho perder su amistad en su momento, el tiempo le dio la razón a mi padre.

Ryder Knox es el paradigma del chico malo: pelo negro revuelto, ojos azules como el hielo, un cuerpo atlético bañado de tinta negra a modo de tatuajes bastante sórdidos, pero, sin embargo, no es tan mal estudiante, o al menos, no lo parece.

En Crow High siempre ha pasado desapercibido para los profesores, al menos.

Los líos en los que Ryder Knox se mete siempre son fuera de los muros del instituto.

Además, se me ha olvidado mencionar que es uno de los jugadores estrella del equipo de fútbol americano del instituto.

Quizá por todo esto es un chico indiscutiblemente sexi para el género femenino y tiene tanto éxito entre las mujeres, sobre todo mujeres bastantes más mayores que él, aunque para las chicas que optan a un futuro dorado, Ryder Knox está proscrito.

Nadie discute su atractivo, pero tampoco conozco a una chica que se valore lo suficiente que quiera salir con alguien como él o alguno de sus amiguitos.

Simplemente todas sabemos que acabarías estrellada en el intento y tu reputación se desplomaría como un edificio que está siendo demolido y del que solo quedará polvo y cenizas tras su demolición.

Y aun así… Dios. Aun así, es difícil mirar hacia otro lado cuando Ryder Knox te observa.

Tiene el pelo negro desordenado, los ojos demasiado azules y demasiado intensos y esa clase de cuerpo que parece hecho específicamente para hacer malas decisiones todavía peores.

En el instituto casi nunca habla con nadie.

Solo existe. Como una tormenta esperando el momento perfecto para romper algo.

Y ahora mismo me está mirando a mí. Desnuda de cintura para arriba.

Debería taparme. Debería bajar la persiana.

Debería dejar de sentir este calor absurdo extendiéndose lentamente por mi estómago.

Pero no hago ninguna de esas cosas. Porque por primera vez en muchísimo tiempo siento algo peligrosamente parecido a ser deseada de verdad.

Un chico que comparte al fin conmigo una escena íntima y no huye.

No. Al revés. Ryder me observa como si jamás hubiese visto algo tan hermoso antes.

Le da una calada lenta al cigarro sin dejar de mirarme. Después inclina ligeramente la cabeza hacia un lado. Como si estuviera estudiándome.

Mi respiración empieza a acelerarse. Entonces Ryder se quita la camiseta lentamente, casi como un desafío, y la tira a un lado. Su torso tatuado queda expuesto bajo la luz tenue. Trago saliva.

Joder. No recordaba que estuviera tan bueno. Y esos tatuajes bajando por su abdomen…. Es increíble lo muchísimo que intimida incluso estando quieto. La música sigue sonando de fondo. Disturbia ahora.

Intento actuar normal. Sigo moviéndome un poco al ritmo de la canción mientras me cepillo el pelo frente al espejo, fingiendo que no soy plenamente consciente de Ryder al otro lado de la calle observando cada movimiento que hago y mi cuerpo prácticamente desnudo.

Pero soy consciente. Mucho. Tanto que cuando vuelvo a mirarlo y descubro que sigue ahí, completamente inmóvil, noto un escalofrío recorriéndome la espalda.

Y entonces sonríe. Una sonrisa pequeña, torcida, peligrosa. Mi pulso se dispara. Porque hay algo en esa sonrisa que se siente demasiado íntimo. Como si acabáramos de compartir un secreto. Como si él supiera perfectamente lo que está provocando en mí.

Dios mío.

Aparto la mirada un segundo para respirar.

Cuando vuelvo a mirar hacia su ventana, Ryder ya no sonríe.

Ahora parece serio otra vez. Más serio que nunca.

Y durante unos segundos absurdos siento que va a hacer algo.

Que va a saltar de su ventana. Que va a cruzar la calle.

Que va a aparecer por mi ventana. Que va a terminar con esta tensión insoportable de alguna forma.

Pero no lo hace. Solo aplasta el cigarro contra el alféizar. Sin dejar de mirarme. Después extiende la mano lentamente hacia la cortina. Y la cierra. Dejándome sola. Parada en mitad de mi habitación. Con el corazón latiéndome tan fuerte que parece una humillación.

¿Qué demonios ha sido eso? ¿Y por qué siento unas ganas terribles de que vuelva a hacerlo otra vez?