Capítulo Nueve
Mia
Uno de los padres me trae una toalla, que uso para cubrirme mientras salgo a toda prisa del agua. Tengo todo el cuerpo helado, pero las mejillas me arden mientras el grupo entero me mira con cara de asombro.
Esto es terrible. Es el momento más humillante de mi vida.
Ni siquiera puedo mirar a Violet mientras me esfuerzo por tapar la mayor parte de mi cuerpo que puedo con la toalla mientras recojo mi ropa.
Cyrus no parece ni de lejos tan avergonzado como yo. Alguien le tiende una toalla y él se la envuelve con naturalidad alrededor de la cintura, dejando el torso al descubierto.
Al menos las miradas se han desplazado hacia él. Las mujeres se lo comen con los ojos, obviamente, pero incluso los hombres se quedan mirando su impresionante físico mientras meten barriga.
Me escondo detrás de un árbol y me visto rápidamente, maldiciéndome entre dientes mientras me pongo la ropa sobre el cuerpo mojado.
Violet me va a odiar. No volverá a invitarme a hacer nada nunca más. A estas alturas, me sorprendería que me invitara a su futura boda. ¿En qué demonios estaba pensando?
Cuando estoy totalmente vestida, salgo de detrás del árbol con mariposas en el estómago. Carla, la jefa del grupo, me está esperando con su uniforme morado, y no parece precisamente complacida.
—Debería estar avergonzada —me sisea.
Suspiro. —No se preocupe. Lo estoy.
Este viaje ha sido un desastre absoluto.
Una cosa es perder la dignidad, pero perder el respeto de mi sobrina… eso es duro. Me ha visto bañándome desnuda con un desconocido. Tenía las piernas enredadas a su cintura, por amor de Dios. Mi hermana nunca dejará que me olvide de esto.
Me aterra enfrentarme a Violet, pero no tengo otra opción. Mientras Cyrus se viste tras un enorme roble, me acerco a mi sobrina con la cabeza gacha.
—Lo siento mucho, Violet. No quería avergonzar…
Ella salta sobre mí y me rodea la espalda con los brazos. Apoya la mejilla contra mi estómago mientras me abraza con fuerza. —¡Pensé que habías muerto, tía Mia!
—Yo también lo pensé —digo mientras me aferro a ella—. Siento haberte preocupado, pequeña.
—¿Qué te ha pasado?
Se aparta y me mira con los ojos llorosos. Ay. Estaba así de preocupada por mí.
—¡¿Qué me ha pasado?! ¡Me he caído por una maldita catarata!
Se le iluminan los ojos. —¡No fastidies! ¡Qué pasada!
—¡Ha sido aterrador!
Se lo cuento todo y le explico cómo Cyrus vino a rescatarme.
—Entonces, ¿estáis saliendo o algo así? —pregunta.
Sonrío mientras lo miro. Ay, mierda. La General de morado está hablando con él. Un momento… ¡¿Está flirteando con él?! ¡Lo está haciendo! ¡Esa zorra!
—¿Tía Mia?
La voz de Violet me saca de mi ataque de rabia. Supongo que Cyrus no es el único posesivo en esta relación. ¡Me dan ganas de empujarla al río por atreverse a hablar con mi hombre!
—Sí —digo tras respirar hondo—. Supongo que sí.
—Mamá se va a poner contentísima —dice con una gran sonrisa en la cara—. Siempre está diciendo que necesitas echarte un novio y sentar la cabeza.
Rechino los dientes mientras la miro. —Ah, ¿conque dice eso, eh?
Vuelvo a mirar a Carla de reojo. Se ha quitado el sombrero y se pasa una mano por el pelo castaño mientras habla con Cyrus, pero él solo tiene ojos para mí. No deja de mirar por encima de la cabeza de ella y de sonreírme mientras ella parlotea sobre Dios sabe qué.
—Siento mucho haberte arruinado el viaje, Violet.
—¡No me has arruinado el viaje!
—¿No? Pero si me he perdido y he hecho que todo el mundo viniera a buscarme. —Decido omitir la parte en la que me han pillado desnuda en el río con un hombre de las montañas.
—¡Esa ha sido la mejor parte! —dice emocionada—. ¡La jefa Carla ha dicho que todos conseguiremos la insignia de Búsqueda y Rescate si te encontramos, viva o muerta!
—Ah —digo, desconcertada—. ¿De verdad ha dicho que podríais encontrarme muerta?
Violet se encoge de hombros mientras sale corriendo a hablar con sus amigas.
Me está empezando a caer realmente mal la jefa Carla. Me gustaría tirarla a ella por una catarata.
—¡Atención todo el mundo! —grita Carla, convocando a todos como si fuera una reina y nosotros sus sirvientes. Le pongo mala cara mientras me acerco, pero no se da cuenta.
—¡Nos espera una sorpresa maravillosa para lo que queda de viaje!
Sonrío tímidamente, esperando que me dé la bienvenida de nuevo al grupo.
—¡Cyrus nos acompañará durante el resto de nuestra Excursión por la Naturaleza!
—Aplaude con entusiasmo mientras todos miran a su alrededor confundidos.
Algunos se unen con aplausos desganados—.
Vive en estos bosques y conoce muy bien la flora y fauna locales.
Será un activo fantástico para el grupo.
Se gira y deja escapar un gemido ahogado mientras se queda mirando sus abdominales marcados.
¡Oye!, me dan ganas de gritar. ¡Esos son mis abdominales!
Ya he montado bastantes numeritos para un solo viaje de camping, así que me lo trago y me uno a los aplausos.
Un poco más tarde, empezamos a regresar hacia el campamento original. Los niños están encantados porque han conseguido sus insignias de Búsqueda y Rescate. Creo que les emocionan más las insignias que el hecho de que yo esté viva.
—No me vas a dejar por Carla, la pesada de morado, ¿verdad? —le pregunto a Cyrus cuando se pone a caminar a mi lado.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe. Ese estruendo profundo me recorre el cuerpo hasta la punta de los pies. Me encanta hacerle reír.
—Eso no va a pasar nunca —dice.
Tengo ganas de adelantarme hasta ella, tocarle el hombro y decirle: «¿Has oído, zorra? ¡Nunca va a pasar!».
En lugar de eso, sonrío con timidez mientras miro al suelo.
—Y… ¿tienes una tienda donde quedarte? —pregunto con torpeza.
Me dedica una sonrisa de lobo. —¿Hay alguien buscando su insignia de Sexo en el Bosque?
Yo le devuelvo la sonrisa. —Si la tienda se menea, ni te acerques para que te vea.
Ambos nos estamos sonriendo cuando Violet llega y se abre paso a codazos entre nosotros.
—Soy Violet —le dice a Cyrus—. La sobrina.
—Yo soy Cyrus —le responde él—. El tío desnudo del río.
Ella suelta una risita y noto que ya le cae bien. —¿De verdad vives aquí fuera?
—Sí. En una cabaña por allí. ¿Crees que alguna vez seré capaz de convencer a tu tía para que se mude aquí conmigo?
Él suelta una carcajada mientras Violet arruga la nariz. —No eres tan listo como pareces, ¿verdad?
—Supongo que no —dice él riendo—. Pero tengo esperanzas.
Ella se inclina y le susurra de forma conspiradora: —¿Esa cabaña tiene una habitación extra para mí?
—Por supuesto —le susurra él—. Incluso te pondré tu propia cama.
—Entonces puedo convencerla para que venga de visita —le susurra ella—. Si a mí también me invitan.
—Trato hecho.
Sonrío mientras se dan la mano.
Ya se ha ganado a mi sobrina, y eso que es un hueso duro de roer.
Esto se está volviendo cada vez más complicado.
En el último día, he ganado tres insignias. Una por cortar leña, otra por hacer una fogata desde cero y otra por hacer una mamada. Las dos primeras me las dio Carla y la última fue de Cyrus.
Dejo que adivinéis cuál fue mi favorita.
—Tienes que poner el peso encima —le dice Cyrus a Violet mientras le enseña cómo enrollar una tienda de campaña correctamente—. Tienes que apretarla lo más posible para que vuelva a caber en la bolsa.
Esos dos se han hecho mejores amigos. Él le ha enseñado todo tipo de tácticas de supervivencia en la naturaleza, mientras yo me quedaba sentada con mi libro.
Pero no he estado totalmente ociosa. He conectado con la naturaleza mientras estaba aquí fuera. He aprendido algunos nombres de árboles y pájaros, y las caminatas han sido bastante increíbles.
Este viaje me ha abierto los ojos a la belleza de este lugar.
Me ha abierto los ojos a muchas cosas. No va a ser lo mismo volver a la ciudad de Nueva York, viviendo en mi minúsculo apartamento y trabajando en mi estresante empleo.
Las noches serán muy solitarias, mi cama vacía estará fría.
Sé que voy a estar pensando en Cyrus sin parar, preguntándome qué estará haciendo, preguntándome si estará pensando en mí.
—No quiero volver —le digo cuando casi es hora de partir.
Su rostro se ilumina con esperanza. —¿No?
Niego con la cabeza.
—Entonces quédate —dice en tono desesperado—. Quédate conmigo. Un tiempo, y luego volveremos juntos a la ciudad. Tu jefa lo entenderá.
—No, no lo hará —digo con una risa. Se va a volver loca cuando descubra que no estaré allí el lunes por la mañana. Ni siquiera quería que viniera a este viaje, a pesar de que no me había tomado vacaciones en más de tres años.
—Harás que lo entienda —dice él.
Están buscando abogados y les cuesta mucho encontrarlos. Sé que podría trabajar a tiempo parcial si me pongo firme. Si no les doy otra opción.
—¿Qué vamos a hacer esta noche si me quedo? —pregunto con una sonrisa coqueta.
—Vamos a follar —dice con voz profunda y sensual—. Toda la noche. Tú. Yo. Desnudos. Sudados. Follar duro. Te correrás tantas veces que perderás la cuenta.
Contengo el aliento mientras lo medito durante unos 0,2 segundos. Sí, que le den. No pienso aparecer el lunes por la mañana. Ni el martes.
Ni en el resto del mes, ya puestos.
Me quedo con mi hombre de las montañas.
En nuestro pequeño paraíso montañoso…