Perdida… y Encontrada por el Montañés Epílogo
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Epílogo

Mia

Dos años y un poco después…

—¡Te estás volviendo buenísima! —dice Violet mientras sumerjo con pericia el remo en el lago y maniobro la canoa alrededor de una roca grande.

—¡Lo sé! —Todavía me sorprende cada vez que soy capaz de hacer algo remotamente decente aquí fuera, en el bosque—. ¡Soy como la mejor piragüista, canoísta... lo que sea, del mundo!

Justo cuando digo eso y me confío un poco, una mosca negra me pega un bocado en el cuello. Le doy un manotazo fuerte y la canoa se tambalea peligrosamente.

Violet se da la vuelta y me mira con una ceja levantada. —¿La mejor qué del mundo?

—Olvídalo —mascullo, y las dos nos reímos entre dientes—. Supongo que me he vuelto un poco demasiado engreída.

Ella se ríe mientras vuelve a darse la vuelta y empezamos a remar por el lago, disfrutando de las vistas y sonidos tranquilos y serenos de la naturaleza. Es un día precioso.

Me echo hacia atrás y dejo que la luz del sol bañe mi rostro mientras recuerdo el increíble año que acabo de tener.

¡Hemos tenido un bebé! Un niño adorable al que llamamos Benjamin.

Se ha estado quedando con su tía Cassandra unos días mientras nosotros acogíamos a Violet.

No quería dejarlo ir, pero Cassandra insistió en que necesitaba pasar tiempo a solas con el pequeño para estrechar lazos.

Tiene catorce meses y lo echo muchísimo de menos a pesar de que solo han pasado dos días.

Me encanta verlo con Cyrus. Es el mejor padre. Tan paciente y cariñoso. Mi hijo tiene suerte de tener a un hombre como él en quien fijarse. Y yo también.

Cyrus y yo nos mudamos juntos a la ciudad después de conocernos solo desde hacía unos días. Unas semanas más tarde, compramos un lugar precioso en el Upper West Side. Actualmente pasamos más o menos la mitad del año allí y la otra mitad aquí.

Empiezo a amar de verdad el aire libre y la quietud tranquila del bosque.

Siempre estaré agradecida a Cyrus por mostrarme este lado del mundo.

Por mostrarme este lado de mí misma. Es tan agradable pasar las mañanas leyendo en el porche mientras Cyrus lleva a Benjamin a su caminata matutina, y las noches viéndolo cortar leña sin camiseta después de que Benjamin se duerma.

Es un buen descanso del constante agobio y el estrés de ser abogada en Nueva York.

Mis jefes no se alegraron cuando les dije que quería trabajar a tiempo parcial, y no iban a dejarme hacerlo hasta que los amenacé con dimitir.

Cuando vieron que hablaba en serio, me dejaron tomarme todo el tiempo libre que quisiera.

Una vez alcanzado el octavo mes de embarazo, decidí cogerme una baja de maternidad indefinida.

Todavía no he decidido qué quiero hacer.

Violet viene de vez en cuando a pasar un tiempo con nosotros en la cabaña. Cyrus incluso le dio su propia habitación. Es tan dulce.

Lo adoro. Estoy tan enamorada.

No puedo creer que pensara que no me iba el tipo grande y corpulento. Ahora soy una amante eterna de los hombres de la montaña. Me moriría si alguna vez se afeitara la barba.

—¡Qué pena que este sea mi último día! —dice Violet mientras pasa la mano por el agua—. No quiero volver.

—Tienes colegio mañana —le digo—. Si no, te quedarías aquí.

—No me lo recuerdes —gruñe.

—Puedes volver en verano —le digo—. Nos encantaría que te quedaras con nosotros otra vez. ¡Benjamin estará encantado de tenerte por aquí!

Me encanta que se quede con nosotros, pero al mismo tiempo, me hace ilusión volver a tener el lugar para nosotros solos. Es difícil tener sexo por toda la cabaña durante la hora de la siesta cuando hay una niña de diez años rondando por ahí.

Regresamos y cargamos el quad con sus cosas. El bosque es tan denso y no hay carretera, así que la única forma de entrar y salir es con un vehículo todoterreno.

Cyrus y yo la llevamos al pueblo más cercano, donde mi hermana está esperando para intercambiar niños.

—¡Ahí está mi chico grande! —digo con una sonrisa enorme al ver a Benjamin en su carrito. Empieza a dar patadas y a agitarse de emoción cuando me ve, y juro que mi corazón está a punto de estallar. Es tan malditamente adorable.

Lo saco del cochecito y le doy un fuerte abrazo, inhalando su aroma adorable de bebé. Ahhh. Necesitaba esto.

—¿Esas son botas de senderismo? —pregunta mi hermana Cassandra, conteniendo una risa mientras me mira los pies—. No puedo creer que tú lleves eso. Cyrus, ¿qué le has hecho?

—He desatado a la mujer de la montaña que llevaba dentro —dice él con orgullo mientras me rodea con su brazo musculoso y besa a su hijo en la mejilla. Le sonrío.

—Este es el estilo que más se lleva por aquí —le digo con una sonrisa—. No tengas envidia.

Cassandra sigue riéndose mientras niega con la cabeza mirando mi calzado. —A la hermana que yo conozco no la verían muerta con eso puesto.

—A la hermana que tú conoces le horroriza tener hiedra venenosa en los tobillos, así que son una necesidad.

Nos despedimos y a Violet se le saltan las lágrimas cuando tiene que irse. Siempre odio decirle adiós. No voy a verla en otros cuantos meses.

—¿Estás bien? —pregunta Cyrus mientras saludo al coche que se aleja.

Suelto un suspiro y luego lo miro. —Seguro que se me pasa durante la siesta de Benjamin.

—¿Tú crees?

—Sí. El sexo sobre la mesa de la cocina surte ese efecto en una chica.

Él sonríe mientras volvemos hacia los vehículos. —Esperemos que esté cansado.

Cuando llegamos de vuelta a casa, Benjamin está bostezando de tanta emoción. Está listo para dormir. Lo acuesto para su siesta y me encuentro a Cyrus esperándome frente a la puerta.

—Shhhhhhh —le susurro.

Mi hombre grandullón responde levantándome en silencio y llevándome en brazos a la cocina.

Antes de que me dé cuenta, mi espalda está sobre la mesa, mi ropa en el suelo, mis piernas en el aire y la polla de mi gigante hombre de la montaña alojada profundamente en mi húmedo coño.

Se siente tan jodidamente grande. Cada vez es como la primera vez.

—He estado deseando hacer esto toda la puta semana —gruñe mientras empieza a mover esas caderas poderosas, embistiendo con fuerza.

—Vamos a tener que recuperar todo ese tiempo perdido —digo mientras mis ojos recorren todo su cuerpo desnudo: su pecho ancho, sus abdominales duros, la V de su pelvis, su barba larga y sexy.

Me encanta todo. Esta es mi posición favorita porque me encanta mirarlo mientras embiste su gruesa polla dentro de mí.

Es el hombre más sexy que he visto en mi vida.

El ritmo y la intensidad aumentan hasta que me agarro al borde de la mesa, arqueando la espalda y apretando los dientes, tratando de no gritar y despertar al bebé. Me corro con fuerza por toda su polla larga y gruesa.

Él hace una mueca cuando mi coño se aprieta a su alrededor. Es suficiente para que él también estalle. Se corre con fuerza también, llenándome de un calor pegajoso.

Joder, qué bien sienta…

Espero que Benjamin esté cansado, porque ni de lejos hemos terminado.

Tenemos que recuperar el tiempo perdido.

En cada superficie plana de esta cabaña.

Oh, sí…