Perdida CAPÍTULO 142 — Emma
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CAPÍTULO 142 — Emma

Emma

El día llegó antes de que estuvieran preparados.

Milena despertó de madrugada.

Durante unos segundos permaneció en silencio, intentando entender lo que sentía.

Luego miró a Julián.

—Creo que es hora.

Él abrió los ojos.

—¿Ahora?

Milena asintió.

Julián se levantó de inmediato.

Por primera vez en mucho tiempo, el hombre que siempre encontraba palabras para todo parecía no saber qué decir.

—Tranquilo —dijo Milena, sonriendo—. Soy yo la que va a tener que hacer todo el trabajo.

Él la miró.

—Eso no ayuda.

Ella soltó una pequeña risa.

Horas después, finalmente llegó el momento.

Todo ocurrió rápido y, al mismo tiempo, pareció durar una eternidad.

Hasta que un llanto llenó la habitación.

Julián se quedó inmóvil.

Milena tenía los ojos llenos de lágrimas.

—¿Es ella?

—Sí.

Julián se acercó.

Por primera vez vio a su hija.

Tan pequeña.

Tan frágil.

Y, sin embargo, capaz de hacer que todo lo demás pareciera detenerse.

—Hola, Emma.

Su voz salió apenas como un susurro.

Milena lo observó.

—¿Quieres cargarla?

Julián asintió.

Cuando la tomó entre sus brazos, la miró durante unos segundos sin apartar los ojos de ella.

—Es pequeña.

Milena sonrió.

—Mucho.

Él levantó la mirada hacia ella.

—Es perfecta.

Milena extendió una mano y tocó suavemente la pequeña cabeza de su hija.

—Hola, Emma.

La niña dejó escapar un pequeño sonido.

Julián sonrió.

—Creo que nos escuchó.

—Ya veremos cuando empiece a llorar de madrugada.

—No arruines el momento.

Milena soltó una risa cansada.

Julián volvió a mirar a Emma.

Habían imaginado aquel día muchas veces.

Pero ninguna imaginación había sido capaz de prepararlos para lo que sentían.

Ahora la tenían allí.

Entre sus brazos.

Y comprendieron que algunas cosas no necesitaban ser explicadas para cambiar una vida.

A veces bastaba un pequeño llanto.

Unos ojos todavía cerrados.

Un nombre elegido meses atrás.

Emma.

Su hija.

Y desde aquel instante, su mundo tuvo una nueva forma.