Perdida CAPÍTULO 141 — Emma
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CAPÍTULO 141 — Emma

Emma

La noticia de que sería una niña llegó unas semanas después.

Milena salió de la consulta con una sonrisa que no había podido ocultar desde que escucharon la noticia.

Julián caminaba a su lado.

—Una niña.

—Una niña —repitió él.

Ambos sonrieron.

Durante unos segundos caminaron en silencio.

—¿Ya tienes un nombre en mente? —preguntó Julián.

Milena lo miró.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace tiempo.

—¿Y no me lo habías dicho?

—Quería saber primero si algún día tendríamos una niña.

Julián sonrió.

—¿Y ahora?

Milena tomó su mano.

—Emma.

Él repitió el nombre en voz baja.

—Emma.

Como si quisiera acostumbrarse a pronunciarlo.

—Me gusta.

—A mí también.

Julián volvió a mirarla.

—Entonces será Emma.

Milena sonrió.

—Emma.

Por un momento ninguno dijo nada.

Ya no era solamente una bebé.

Ahora tenía un nombre.

Un nombre que, aunque todavía no podían pronunciar frente a ella, ya pertenecía a sus conversaciones, a sus planes y a sus sueños.

Cuando llegaron a casa, la familia estaba esperándolos.

—¿Y? —preguntó la madre de Milena apenas los vio.

Milena sonrió.

—Es una niña.

La alegría volvió a llenar la casa.

—¡Una niña!

—¡Qué felicidad!

—¿Y ya escogieron el nombre?

Julián y Milena se miraron.

—Todavía no —respondió él.

Milena tuvo que contener la risa.

—¿Cómo que todavía no? —preguntó alguien.

—Estamos pensándolo —dijo ella.

La conversación continuó entre nombres posibles.

Cada familiar tenía una sugerencia.

Julián escuchaba con seriedad, mientras Milena intentaba no delatarse.

Cuando por fin quedaron solos aquella noche, ella lo miró.

—Creo que casi descubren nuestro secreto.

—Casi.

—¿Te arrepientes de no haberlo dicho?

Julián negó con la cabeza.

—No.

Se acercó a ella y puso una mano sobre su vientre.

—Me gusta que por ahora sea solo nuestro.

Milena cubrió su mano con la suya.

—Entonces queda entre nosotros.

Julián sonrió.

—Buenas noches, Emma.

Milena lo miró.

—Todavía no es hora de dormir.

—No se lo decía a ella.

Milena soltó una carcajada.

—¿Entonces a quién?

—A nuestra hija.

Ella volvió a sonreír.

Y aquella noche, por primera vez, el nombre de Emma quedó flotando entre ellos.

Un pequeño secreto.

Uno de los más bonitos que habían compartido.