CAPÍTULO 140 — Un pequeño espacio
Un pequeño espacio
Pasaron algunas semanas.
El embarazo empezaba a hacerse más evidente y, poco a poco, la idea de que serían padres dejaba de parecer algo lejano.
Una tarde, Milena abrió una puerta que hasta entonces habían utilizado para guardar algunas cajas.
Miró el espacio.
—Julián.
Él apareció detrás de ella.
—¿Qué pasa?
—Creo que este podría ser el cuarto del bebé.
Julián entró y observó la habitación.
Todavía estaba casi vacía.
Solo había algunas cajas y una pequeña estantería.
—Sí —dijo finalmente—. Creo que tienes razón.
Milena sonrió.
—¿Sabes qué quiero?
—Eso me preocupa.
Ella soltó una pequeña risa.
—Quiero que sea sencillo.
—Me parece bien.
—Un lugar tranquilo. Con mucha luz.
Julián miró hacia la ventana.
—Entonces ya tenemos lo más importante.
—¿Qué?
—La ventana.
Milena lo miró.
—¿La ventana?
—Sí. En esta casa todo empezó con una ventana.
Ella recordó aquella primera visita.
La habitación que había llamado la atención de Julián.
La misma casa que habían ido a conocer solamente por curiosidad.
—Es verdad.
Se quedaron unos segundos mirando el cuarto.
Todavía no había muebles.
No había colores definidos.
Ni juguetes.
Ni fotografías.
Pero por primera vez pudieron imaginarlo de otra manera.
—¿Crees que algún día vamos a extrañar que esté así de vacío? —preguntó Milena.
Julián sonrió.
—Probablemente.
—Porque después va a estar lleno de cosas.
—Y de alguien que no nos dejará dormir.
Milena soltó una carcajada.
—Ya estás pensando en eso.
—Soy filósofo. Tengo derecho a preocuparme por el futuro.
—Pues yo soy psiquiatra y te digo que todavía falta mucho para eso.
—Entonces confiaré en tu diagnóstico.
Ella negó con la cabeza, divertida.
Julián tomó su mano.
—No tenemos que decidirlo todo hoy.
—Lo sé.
—Podemos ir haciéndolo poco a poco.
Milena apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Me gusta así.
Permanecieron juntos en aquella habitación vacía.
No necesitaban llenarla todavía.
Por ahora bastaba con saber que, algún día, allí habría una cuna, pequeños juguetes y una vida que cambiaría para siempre el silencio de aquella casa.
Y ambos sonrieron al imaginarlo.