Perdida CAPÍTULO 139 — Un pequeño corazón
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CAPÍTULO 139 — Un pequeño corazón

Un pequeño corazón

Habían pasado algunas semanas.

La noticia ya no era un secreto.

Las familias se habían acostumbrado rápidamente a hablar del bebé como si ya formara parte de cada conversación.

Pero para Julián y Milena todavía había momentos en los que se miraban y parecía que ninguno terminaba de creerlo.

Aquella mañana tenían una cita.

Milena estaba sentada junto a Julián, esperando.

—¿Estás nerviosa? —preguntó él.

—Un poco.

—¿Por qué?

—No sé.

Sonrió.

—Supongo que porque hoy vamos a verlo.

Julián tomó su mano.

—Yo también estoy nervioso.

Cuando llegó el momento, Milena se recostó mientras comenzaba la revisión.

Julián permaneció a su lado.

Por unos segundos solo escucharon las indicaciones del profesional.

Hasta que un sonido llenó la habitación.

Rápido.

Constante.

Pequeño.

Milena abrió los ojos.

Julián se quedó inmóvil.

—¿Ese es…?

—Sí —respondió Milena, con una sonrisa.

Era el corazón de su bebé.

Julián bajó la mirada hacia ella.

Milena tenía los ojos brillantes.

Él apretó suavemente su mano.

No hacía falta decir nada.

Aquel sonido había dicho suficiente.

Después de la revisión salieron en silencio.

Caminaron unos pasos.

Julián se detuvo.

—Ahora sí lo sentí real.

Milena sonrió.

—Yo también.

Él la abrazó con cuidado.

—Hola, bebé.

Milena soltó una pequeña risa.

—Todavía no puede escucharte así.

—No importa.

La miró.

—Yo necesitaba decírselo.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

Y continuaron caminando.

Habían comenzado aquella etapa sin saber exactamente qué encontrarían en el camino.

Ahora tenían una pequeña razón latiendo dentro de ellos.

Y por primera vez, el futuro parecía tener un sonido.