CAPÍTULO 119 — Como antes
Como antes
Los días siguientes transcurrieron con una calma que Elena no había sentido desde la muerte de su padre.
El dolor seguía allí.
Había momentos en los que podía hablar con su madre, ocuparse de alguna cosa en la casa y distraerse durante un rato. Pero después, cuando todo quedaba en silencio, los recuerdos volvían.
Y en esos momentos pensaba en Julián.
No había vuelto a verlo desde aquella mañana en casa de sus padres.
Pero, por primera vez en mucho tiempo, Elena sintió que podía escribirle sin pensarlo demasiado.
Durante los años que habían estado distanciados, muchas veces había tomado el teléfono y había pensado en hacerlo.
Después terminaba dejándolo.
No sabía si era el momento.
No sabía si sería extraño.
No sabía cómo recibiría él un mensaje después de tanto tiempo.
Ahora era diferente.
Habían hablado.
Se habían visto.
Julián había estado con ella cuando murió su padre.
Había compartido su dolor.
Y seguía tratándola con la misma cercanía de siempre.
Ya no sentía aquella distancia que durante tanto tiempo había mantenido entre los dos.
Una tarde tomó el teléfono y escribió: ¿Cómo estás?
Julián respondió unos minutos después.
Bien. ¿Y tú?
Elena sonrió ligeramente.
Ahí voy.
Hablaron durante un rato.
No fue una conversación profunda.
Hablaron de su madre, de algunos asuntos de la casa y de cómo habían estado pasando esos días.
Fue sencillo.
Natural.
Como si los años de distancia hubieran sido solamente una pausa.
Cuando terminaron de hablar, Elena dejó el teléfono sobre la mesa.
Se quedó mirando la pantalla unos segundos.
Había sido fácil.
Demasiado fácil.
Y quizá eso era lo que necesitaba.
Volver a sentir que podía hablar con Julián sin tener que pensar demasiado antes de hacerlo.
Dos días después volvió a escribirle.
Esta vez para contarle algo que había recordado de su padre.
Julián respondió.
La escuchó.
Le hizo algunas preguntas.
Y Elena volvió a sentir aquella familiaridad que tanto había extrañado.
No parecía haber razón para seguir guardando distancia.
Julián tenía su vida.
Tenía a Milena.
Y Elena podía verlo claramente.
No había nada que pudiera confundirse.
Por eso, unos días después, cuando volvió a sentirse mal, tomó el teléfono y decidió llamarlo.
Marcó su número.
El teléfono sonó varias veces.
No contestó.
Elena miró la pantalla y esperó unos segundos antes de dejar el teléfono sobre la mesa.
Quizá estaba ocupado.
No le dio demasiada importancia.
Unos minutos después recibió un mensaje.
Elena, perdóname. Ahora no puedo hablar. Estoy ocupado. Después te llamo.
Ella leyó el mensaje dos veces.
Sonrió ligeramente.
Está bien.
Dejó el teléfono a un lado.
No había nada extraño en aquello.
Julián simplemente estaba ocupado.
Después de todo, ahora tenía su propia vida.
Y ella estaba aprendiendo nuevamente a formar parte de ella.