Perdida CAPÍTULO 118 — La amiga
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CAPÍTULO 118 — La amiga

La amiga

Elena observó cómo el auto de Julián se alejaba por la calle.

Permaneció unos minutos más en la casa de Julián y después se retiró a la suya.

Al llegar, encontró a su madre en la cocina.

—¿Ya llegaste?

—Sí.

Elena dejó sus cosas y caminó hasta la sala. Se sentó nuevamente en el sofá, en el mismo lugar donde había pasado tantos momentos durante su infancia y adolescencia.

Desde la cocina, su madre continuó haciendo sus cosas.

Elena permaneció en silencio.

Poco a poco, su mente volvió a la mañana que acababa de vivir.

Pensó en Julián.

En la manera en que se había comportado con ella desde que había llegado a la casa.

No había sido diferente.

Seguía tratándola como siempre.

Había estado pendiente de ella, la había escuchado y había permanecido a su lado cuando lo necesitó.

Incluso después de tantos años sin verse con la misma frecuencia, Elena había sentido que podía contar con él.

Eso no había cambiado.

Tampoco había cambiado su forma de ser con ella cuando Milena estaba presente.

No había notado incomodidad ni distancia.

Julián simplemente había seguido siendo Julián.

Y Milena tampoco había hecho que aquello se sintiera extraño.

Había hablado con ella con naturalidad, la había tratado con cariño y se había despedido como si no hubiera ninguna razón para hacerlo de otra manera.

Elena apoyó la cabeza en el respaldo del sofá.

Volvió a pensar en los últimos días.

En el funeral.

En las horas que Julián había permanecido a su lado.

En la noche anterior, cuando ella necesitaba compañía y él se había quedado.

Había sido el mismo de siempre.

El mismo amigo al que había conocido tantos años atrás.

Solo que ahora había algo que antes no estaba.

Una persona que formaba parte de su vida de una manera diferente.

Milena.

Elena cerró los ojos durante unos segundos.

No sabía por qué seguía pensando en ellos.

Quizá porque después de tantos años había vuelto a ver a Julián de cerca.

Y aunque muchas cosas habían cambiado, había otras que seguían exactamente en el lugar donde las recordaba.