Perdida CAPÍTULO 116 — Lo que no sabía
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CAPÍTULO 116 — Lo que no sabía

Lo que no sabía

La mañana llegó tranquila.

Julián abrió los ojos lentamente.

Durante unos segundos permaneció quieto, todavía entre dormido, hasta que sintió el calor de Milena a su lado.

Ella seguía dormida.

Julián la observó un momento y sonrió.

Después de todo lo ocurrido el día anterior, despertar junto a ella le producía una sensación de calma que no había tenido al acostarse.

Milena se movió ligeramente.

—¿Ya estás despierto? —murmuró.

—Hace un rato.

Ella abrió los ojos.

—¿Qué hora es?

Julián miró el teléfono.

—Todavía temprano.

Milena volvió a acomodarse.

—Entonces dame cinco minutos.

Julián soltó una pequeña risa.

—Otra vez.

—Es una buena costumbre.

—Eso dices ahora.

Ella sonrió y cerró los ojos.

Julián permaneció unos minutos más a su lado.

No tenían prisa.

Finalmente se levantaron y bajaron a desayunar.

La casa estaba tranquila.

Los padres de Julián ya estaban en la cocina y Milena se incorporó a la conversación con naturalidad.

Después del desayuno, Milena recordó que había olvidado algunas cosas en su bolso.

—Creo que me falta algo.

—¿Qué?

—Mi crema dental.

Julián la miró.

—¿Quieres que vaya a comprarla?

—Si no es molestia.

—No.

—Es la que te expliqué ayer.

—¿La misma que me describiste durante cinco minutos?

Milena sonrió.

—Era importante.

—Está bien. Dame el nombre.

Ella se lo mostró en el teléfono.

—Esta.

Julián tomó las llaves.

—Vuelvo enseguida.

—Gracias.

Él salió.

Un rato después, sonó el timbre.

La madre de Julián fue a abrir.

Era Elena.

—Buenos días.

—Buenos días, querida.

—¿Está Julián?

—Salió un momento. Si quieres, pasa.

—Gracias.

Elena entró y se sentó en la sala.

Había pasado la noche anterior pensando en muchas cosas.

En su padre.

En el entierro.

En Julián.

Y también en aquel pequeño momento durante la cena en el que él había retirado suavemente la mano.

No sabía exactamente qué significaba.

La madre de Julián se sentó frente a ella.

—¿Cómo amaneciste?

—Un poco mejor.

—Me alegra.

Hablaron unos minutos sobre la familia, sobre cómo se sentían después del día anterior y sobre algunas cosas que todavía tenían que organizar.

Elena agradeció poder hablar de cualquier cosa que no fuera la muerte de su padre.

Poco después, escucharon pasos en las escaleras.

Milena bajó.

Se había cambiado de ropa y llevaba el cabello recogido.

Al ver a Elena, sonrió.

—Hola.

—Hola.

La madre de Julián se levantó.

—Querida, mira. Ella es Elena, amiga de la infancia de Julián.

Después miró a Elena.

—Y ella es Milena, la novia de Julián.

Elena permaneció en silencio apenas un instante.

—Mucho gusto.

—Mucho gusto —respondió Milena.

Se estrecharon la mano.

—¿Hace mucho conoces a Julián? —preguntó Elena.

—Un tiempo —respondió Milena con una sonrisa.

La conversación continuó con naturalidad.

Milena se sentó con ellas.

No parecía incómoda ni sorprendida por la presencia de Elena.

Simplemente conversaba.

Unos minutos después, la puerta principal se abrió.

Julián entró con una pequeña bolsa en la mano.

—Hola, Elena.

—Hola.

Julián dejó las llaves sobre la mesa.

Después miró a Milena.

—Mira, conseguí el que querías.

Le entregó la bolsa.

Milena la abrió y miró el producto.

—Sabía que ibas a encontrarlo.

Julián sonrió.

—Después de que me explicaste tres veces cuál era, era difícil equivocarme.

Milena soltó una pequeña risa.

—No era tan complicado.

—Para ti no.

Julián se sentó a su lado.

Elena los observó en silencio.

No había nada exagerado en la manera en que se trataban.

No parecía una relación que necesitaran mostrar.

Era simplemente la forma en que estaban juntos.

Julián sabía lo que Milena necesitaba.

Milena sabía que él recordaría lo que le había pedido.

Se hablaban con una confianza tranquila, como si esas pequeñas cosas fueran parte de una rutina que ya conocían.

La madre de Julián se levantó para llevar unas tazas a la cocina.

—Milena, ¿me ayudas?

—Claro.

Milena se levantó.

Julián también.

—Yo llevo esto.

—Déjalo, yo puedo.

—Ya sé.

Se miraron y sonrieron.

Elena volvió a bajar la mirada.

Recordó la noche anterior.

La mano que había buscado.

La forma en que Julián había marcado distancia sin hacerla sentir rechazada.

Ahora empezaba a entenderlo de otra manera.

No había sido indiferencia.

Había sido un límite.

Un límite que, quizá, Julián ya había aprendido a establecer.

Elena levantó nuevamente la mirada.

Desde la cocina llegaba la voz de Milena hablando con la madre de Julián.

Julián estaba allí con ellas.

Se veía tranquilo.

Diferente.

No era solamente que tuviera una novia.

Era que parecía haber encontrado una manera distinta de estar con alguien.

Una manera que Elena nunca había conocido de él.

Y, sin saber exactamente por qué, una pregunta apareció en su mente.

¿En qué momento había cambiado todo?

No encontró la respuesta.

Solo supo que, mientras los observaba, había algo que ya no podía mirar de la misma manera.