Perdida CAPÍTULO 115 — Unos momentos más
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CAPÍTULO 115 — Unos momentos más

Unos momentos más

Después del entierro, la familia de Elena regresó a casa.

Milena acompañó a los padres de Julián. Antes de irse, se acercó a él.

—¿Vas a venir?

Julián negó suavemente con la cabeza.

—Creo que me voy a quedar un poco más.

Milena asintió.

—Está bien.

Julián le dio un beso en la frente.

—Te llamo después.

—No tienes que hacerlo ahora. Quédate el tiempo que necesites.

Él le sostuvo la mano unos segundos.

Él le sostuvo la mano unos segundos.

La noche había avanzado sin que Julián se diera

—Gracias.

—Gracias.

Milena se despidió de la familia de Elena y se marchó con los

Milena se despidió de la familia de Elena y se marchó con los

padres de Julián.

padres de Julián.

Miró el reloj. Ya era tarde.

Julián se quedó.

Julián se quedó.

No quería irse todavía.

No quería irse todavía.

Se despidió de Elena y de su familia y salió de la casa.

Había pasado muchos años entrando y saliendo de aquella

Había pasado muchos años entrando y saliendo de aquella

casa. Había compartido conversaciones con el padre de Elena,

casa. Había compartido conversaciones con el padre de Elena,

Necesitaba volver.

escuchado sus consejos y recibido de él una confianza que nunca

escuchado sus consejos y recibido de él una confianza que nunca

olvidaría.

olvidaría.

Sentía que marcharse después del entierro habría sido

Milena lo estaba esperando en casa de sus padres.

Sentía que marcharse después del entierro habría sido

demasiado pronto.

demasiado pronto.

Durante la tarde, permaneció cerca de la familia.

D

f

Ayudó con algunas cosas, escuchó historias que volvían una y otra vez y compartió recuerdos que también formaban parte de su propia vida.

Elena estaba agotada.

Había momentos en los que hablaba y otros en los que simplemente permanecía sentada, mirando hacia algún punto de la habitación.

Julián no intentaba llenar esos silencios.

Solo estaba allí.

Al llegar la noche, algunos familiares se reunieron alrededor de la mesa para cenar.

Nadie tenía demasiado apetito, pero comer juntos parecía una forma de mantenerse acompañados.

Elena se sentó junto a Julián.

Durante un rato escucharon las conversaciones de los demás.

—Todavía no puedo creer que ya no esté —dijo ella finalmente.

Julián bajó la mirada.

—Yo tampoco.

Elena permaneció en silencio unos segundos.

Después apoyó suavemente la cabeza sobre su hombro.

Julián no se movió.

Entendía que necesitaba sentirse acompañada.

—Él te quería mucho —dijo ella.

—Yo también lo quería.

Elena levantó la cabeza y lo miró.

—Siempre estuviste ahí.

—Y voy a seguir estando.

Ella sonrió apenas.

Su mano buscó la de él sobre la mesa.

Julián dejó que sus dedos se encontraran durante un instante.

Pero cuando Elena entrelazó los suyos con los de él y mantuvo el contacto, Julián retiró suavemente la mano.

No fue un movimiento brusco.

Simplemente la apartó y la dejó sobre su pierna.

Elena lo observó durante unos segundos.

Julián no dijo nada.

Ella tampoco.

Volvió a mirar hacia el frente y continuó escuchando la conversación de los demás.

Julián permaneció a su lado.

Sin alejarse.

Sin dejar de acompañarla.

Solo manteniendo una distancia que, hasta entonces, ninguno de los dos había necesitado marcar.

Más tarde, cuando la cena terminó, Elena se quedó unos minutos en la sala con Julián.

—Gracias por quedarte —dijo.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Julián sonrió ligeramente.

—Descansa un poco.

Elena asintió.

—Tú también.

Julián permaneció allí mientras la casa comenzaba a quedarse en silencio.

No sabía cuánto tiempo más se quedaría.

Por ahora, simplemente no quería irse.

El día había sido demasiado largo.

Y aquella familia todavía necesitaba compañía.

La noche había avanzado sin que Julián se diera

Miró el reloj. Ya era tarde.

Se despidió de Elena y de su familia y salió de la casa.

Necesitaba volver.

Milena lo estaba esperando en casa de sus padres.