Perdida CAPÍTULO 109 — El regreso
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CAPÍTULO 109 — El regreso

El regreso

El regreso comenzó esa misma tarde.

Después de pasar buena parte del día en el campo de flores, emprendieron el camino de vuelta.

Milena iba mirando por la ventana mientras el paisaje comenzaba a cambiar poco a poco. El pueblo quedaba atrás y la carretera volvía a ocupar el lugar de las calles tranquilas que habían recorrido durante esos días.

—¿Cansada? —preguntó Julián.

—Un poquito.

—Puedes dormir.

—No quiero.

—¿Por qué?

—Porque después me despierto y ya estamos llegando.

Julián la miró de reojo.

—Eso es precisamente lo que pasa cuando uno llega.

—Ya sé.

Sonrió y volvió a mirar por la ventana.

Durante un rato hablaron de cosas sin importancia. De la comida que habían probado, de las fotografías que habían tomado y, por supuesto, del famoso gato que Milena seguía asegurando que era un gato.

—Sigo pensando que era una vaca —dijo Julián.

—Era un gato.

—Tenía cara de vaca.

—No sabes nada de animales.

—Tú tampoco, aparentemente.

Milena le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Concéntrate en manejar.

—Eso hago.

La carretera continuó tranquila.

Unas horas después, cuando empezaba a oscurecer, llegaron a la ciudad.

Julián dejó a Milena frente a su casa y bajó a sacar el equipaje.

—Dame eso —dijo ella.

—Yo lo llevo.

—Julián, solo es una maleta.

—Y puedo cargarla.

—Ya sé.

Él sonrió.

—Entonces déjame.

Milena lo dejó hacer.

Antes de entrar, se quedaron unos segundos frente a la puerta.

—¿Nos vemos mañana? —preguntó ella.

Julián negó con la cabeza.

—Mañana es festivo.

Milena sonrió.

—Cierto.

—Entonces no tienes excusa para no descansar.

—Tú tampoco.

—Lo intentaré.

Ella se acercó y le dio un beso.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Milena entró y cerró la puerta.

Julián regresó al carro.

El viaje había terminado.

Pero todavía quedaba un día antes de que la rutina volviera a ocuparlo todo.

El lunes pasó tranquilo.

Cada uno aprovechó para descansar, organizar sus cosas y recuperar el ritmo después del viaje.

Milena revisó algunas fotografías mientras desayunaba tarde. Entre ellas encontró varias que Julián le había tomado sin que se diera cuenta.

En una aparecía riéndose.

En otra estaba mirando las flores.

Y en una última salía de espaldas, caminando entre el campo.

La observó durante unos segundos y sonrió.

El teléfono vibró.

Julián: ¿Ya viste las fotos?

Milena respondió: Milena: Sí. Hay unas horribles.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Julián: Las tuyas o las mías.

Milena: Las que tú tomaste.

Julián: Entonces son artísticas.

Milena soltó una carcajada.

Milena: Claro. Artísticas.

Dejó el teléfono sobre la mesa y continuó con su desayuno.

Al día siguiente volverían al trabajo, a las clases, a los horarios y a las obligaciones de siempre.

Pero esta vez regresar a la rutina no significaba volver exactamente al mismo punto donde la habían dejado.

Algo de aquel viaje se había quedado con ellos.