Perdida CAPÍTULO 106 — La mañana siguiente
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CAPÍTULO 106 — La mañana siguiente

La mañana siguiente

La luz de la mañana entraba lentamente por la ventana.

Milena abrió los ojos.

Durante unos segundos permaneció quieta, todavía medio dormida.

Después giró la cabeza.

Julián estaba a su lado.

Lo observó en silencio.

Y sonrió.

No pudo evitarlo.

Julián abrió los ojos poco después.

La encontró mirándolo.

—¿Qué?

Milena negó con la cabeza.

—Nada.

—Te estás riendo.

—No.

—Sí.

Ella intentó contener la sonrisa.

No funcionó.

Julián también sonrió.

—¿Por qué te ríes?

—No sé.

—Claro que sabes.

Milena se cubrió un poco la cara con la sábana.

—Cállate.

Julián soltó una risa.

—Ahora tienes vergüenza.

—Un poquito.

—¿De mí?

—No.

Hizo una pausa.

—De mí misma.

Julián la miró con ternura.

—No tienes por qué.

Milena bajó la sábana.

—Ya sé.

Se quedaron en silencio unos segundos.

Ella volvió a mirarlo.

—Buenos días.

—Buenos días.

Milena sonrió otra vez.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—Yo también.

Julián se acercó un poco y le dio un beso en la frente.

Milena cerró los ojos por un instante.

Después apoyó la cabeza sobre su pecho.

Él la rodeó con un brazo.

No hablaron durante un rato.

La mañana seguía avanzando detrás de la ventana.

—Tengo hambre —dijo Milena finalmente.

Julián rio.

—Eso sí no cambió.

—¿Qué cosa?

—Tu hambre.

—Dormí toda la noche.

—Eso explica muchas cosas.

Milena levantó la cabeza.

—¿Muchas cosas?

—Que tengas hambre.

—Ah.

Ella volvió a recostarse.

—Pensé que ibas a decir otra cosa.

—¿Qué cosa?

Milena lo miró.

—Nada.

Julián sonrió.

—Ahora eres tú la que está pensando demasiado.

—Puede ser.

Se quedaron mirándose.

Milena volvió a sonreír.

—Otra vez esa risa —dijo él.

—No puedo evitarlo.

—Me gusta.

Ella se quedó quieta un momento.

—¿Sí?

—Sí.

Julián le acarició suavemente el cabello.

Milena tomó su mano.

—Ayer fue bonito.

La sonrisa de él se hizo más tranquila.

—Sí.

—Me sentí bien.

Julián la miró.

—Yo también.

Milena respiró profundamente.

No necesitaba decir mucho más.

Lo que habían compartido la noche anterior no había cambiado quiénes eran.

Pero sí había cambiado algo entre ellos.

Había una confianza nueva.

Una cercanía diferente.

Como si ahora conocieran una parte más del otro.

Y lo más importante era que ninguno se arrepentía.

Después de un rato, Milena se incorporó.

—Ahora sí.

—¿Ahora sí qué?

—Vamos a buscar desayuno.

Julián se quedó acostado.

—Cinco minutos.

Milena lo miró.

—¿No que tenías hambre?

—Tengo hambre.

—Entonces levántate.

—Estoy pensando.

—¿En qué?

—En si vale la pena levantarme.

Milena tomó una almohada y se la puso encima.

—¡Julián!

Él rio debajo de ella.

—Está bien, está bien.

Se levantó.

Milena también.

Mientras se preparaban, intercambiaron algunas miradas y sonrisas que ninguno intentó esconder.

No necesitaban hablar de la noche anterior todo el tiempo.

Estaba ahí.

En la manera en que ahora se buscaban.

En la facilidad con que se acercaban.

En aquella sonrisa que aparecía sin permiso.

Y en la tranquilidad de saber que lo que habían compartido pertenecía a los dos.

Unos minutos después salieron de la habitación.

Esta vez iban a buscar desayuno.

Y aunque el viaje todavía no terminaba, ambos sabían que algo entre ellos había dado un pequeño paso hacia adelante.