Perdida CAPÍTULO 99 — Algo diferente
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CAPÍTULO 99 — Algo diferente

Algo diferente

La universidad estaba igual que siempre.

Los mismos pasillos.

Las mismas voces.

El movimiento de estudiantes entrando y saliendo de las aulas.

Pero Julián llegó aquella mañana con una tranquilidad diferente.

No podía explicar exactamente por qué.

Había dormido poco.

Aun así, se sentía bien.

Quizá demasiado bien.

Entró a la sala de profesores con un café en la mano.

—Buenos días.

Uno de sus compañeros levantó la mirada.

—Buenos días.

Julián dejó algunos documentos sobre el escritorio.

—¿Qué?

Su compañero lo observaba.

—Nada.

Julián tomó asiento.

—¿Entonces?

—Te ves diferente.

Julián levantó una ceja.

—¿Diferente cómo?

—No sé.

El hombre lo miró unos segundos.

—Más tranquilo.

Julián sonrió.

—Dormí bien.

Su compañero soltó una pequeña risa.

—Eso no es.

—¿Qué no es?

—La razón.

Julián negó con la cabeza.

—No sé de qué hablas.

Otro profesor que estaba cerca intervino: —Yo también lo noté.

Julián los miró a ambos.

—¿Ahora todos están pendientes de mí?

—No.

Su compañero sonrió.

—Es que normalmente llegas con cara de que estás resolviendo un problema filosófico que nadie más conoce.

Julián rio.

—Tal vez hoy no tengo ninguno.

—Eso sí es extraño.

Los tres rieron.

Julián tomó un sorbo de café.

Su compañero lo observó nuevamente.

—Tú tienes a alguien.

Julián levantó la mirada.

Durante un instante no respondió.

Después sonrió.

—¿Por qué dices eso?

—Porque estás sonriendo.

—Estoy de buen humor.

—Tú nunca estás de buen humor un lunes.

—Hoy sí.

—Ajá.

El hombre cruzó los brazos.

—Definitivamente tienes a alguien.

Julián soltó una pequeña risa.

—Puede ser.

Su compañero abrió los ojos.

—¿Puede ser?

—Eso dije.

—¿Entonces sí?

Julián negó con la cabeza, divertido.

—No dije eso.

—Tampoco dijiste que no.

Julián sonrió.

—Porque no tengo nada que decir.

Su compañero lo miró unos segundos.

—Eso significa que sí.

—Significa que llego tarde a mi clase.

—Julián…

Él tomó los documentos.

—Nos vemos.

—No te vas a escapar tan fácil.

—Ya veremos.

Salió del lugar mientras escuchaba la risa de sus compañeros detrás de él.

Caminó por el pasillo hacia el aula.

Mientras avanzaba, una sonrisa apareció nuevamente en su rostro.

Pensó en Milena.

En la noche anterior.

En despertarse a su lado.

En el desayuno.

En la forma en que ella lo había mirado antes de que se fuera.

No necesitó hacer ningún esfuerzo para recordar.

No tuvo que reconstruir una conversación.

No tuvo que preguntarse si había ocurrido.

Simplemente había sucedido.

Y esa certeza le produjo una sensación extrañamente tranquila.

Entró al aula.

Los estudiantes comenzaron a ocupar sus lugares.

Julián dejó sus cosas sobre el escritorio.

—Buenos días.

Los estudiantes respondieron casi al mismo tiempo.

Él tomó el marcador.

Antes de comenzar, se quedó unos segundos mirando el tablero.

Por primera vez en mucho tiempo no sintió que tenía que ordenar sus pensamientos antes de hablar.

Simplemente estaba allí.

Presente.

Comenzó la clase.

Y mientras hablaba, una idea apareció brevemente en su cabeza.

No necesitaba demostrarle a nadie que había alguien en su vida.

No necesitaba explicarlo.

No necesitaba siquiera decirlo.

Porque él lo sabía.

Y eso era suficiente.

Había algo real.

Algo que estaba viviendo.

Algo que no necesitaba inventar para sentir que existía.

Julián continuó con la clase.

Y, sin darse cuenta, volvió a sonreír.