Perdida CAPÍTULO 88 — Una cita diferente
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CAPÍTULO 88 — Una cita diferente

Una cita diferente

La tarde continuó sin que ninguno de los dos tuviera demasiada prisa.

Después de salir de la cafetería caminaron por varias calles.

No tenían un destino concreto.

Simplemente estaban juntos.

De vez en cuando hablaban.

Otras veces permanecían en silencio.

Pero el silencio ya no tenía aquella incertidumbre de antes.

Ahora era cómodo.

Julián miró a Milena mientras caminaban.

—¿Qué?

Ella lo había descubierto.

—Nada.

—Otra vez.

—Estoy comprobando algo.

Milena sonrió.

—¿Qué cosa?

—Que esto realmente está pasando.

Ella negó con la cabeza, divertida.

—Todavía no te acostumbras.

—No.

—Pues tendrás que hacerlo.

Julián sonrió.

—Estoy dispuesto.

Siguieron caminando.

Después de unos minutos, Milena señaló una pequeña librería.

—¿Entramos?

Julián la miró.

—¿Quieres comprar algo?

—No necesariamente.

—Entonces, ¿para qué?

—Quiero mirar.

—Eso es peligroso.

—¿Por qué?

—Porque tú dices que solo vas a mirar y terminas comprando tres libros.

Milena soltó una risa.

—No siempre.

—Casi siempre.

Entraron.

El lugar estaba tranquilo.

Milena comenzó a recorrer los estantes mientras Julián observaba algunos libros.

Después de unos minutos, ella apareció a su lado con uno en las manos.

—Mira.

Julián tomó el libro.

—¿Lo conoces?

—No. Pero me llamó la atención.

Él leyó la contraportada.

—Parece interesante.

—¿Lo comprarías?

—Si te gusta, sí.

Milena levantó una ceja.

—No puedes decirme que sí a todo.

—No te estoy diciendo que sí a todo.

—Lo acabas de hacer.

Julián sonrió.

—Está bien. Entonces te diré la verdad.

Ella esperó.

—Creo que la portada es horrible.

Milena abrió los ojos.

—¡Julián!

Él se rio.

—Pero el libro parece bueno.

—Eso está mejor.

—¿Ves? Estoy aprendiendo a decir lo que pienso.

—¿Y eso te costó mucho?

—Un poco.

Milena lo miró unos segundos.

—Me gusta más cuando lo haces.

Julián asintió.

—A mí también.

Continuaron recorriendo la librería.

No compraron nada.

Cuando salieron, ya estaba comenzando a oscurecer.

Milena miró el cielo.

—¿Quieres comer algo?

—Sí.

—¿Qué?

Julián pensó.

—Lo que quieras.

Ella lo miró.

—No.

—¿No?

—Esta vez eliges tú.

Julián sonrió.

—Entonces conozco un lugar.

El restaurante era pequeño y tranquilo.

No había demasiada gente.

Se sentaron frente a frente.

Mientras esperaban la comida, Milena apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Estás feliz?

La pregunta tomó a Julián por sorpresa.

La miró unos segundos.

—Sí.

—¿Mucho?

Él sonrió.

—Más de lo que esperaba.

Milena bajó la mirada.

—Yo también.

Julián extendió la mano sobre la mesa.

Milena la tomó.

No dijeron nada más.

No hacía falta.

Aquella tarde no había sido extraordinaria.

No habían hecho nada especial.

Habían tomado café.

Habían caminado.

Habían entrado a una librería.

Habían discutido sobre una portada horrible.

Ahora estaban esperando la comida.

Y, sin embargo, para Julián aquella era probablemente una de las tardes más importantes de su vida.

Porque ya no estaba imaginando cómo sería compartir algo con Milena.

Lo estaba viviendo.

Cuando terminaron de cenar, Julián la acompañó hasta su casa.

Al llegar frente al edificio, Milena se detuvo.

—Gracias por la tarde.

—Gracias a ti.

—Me gustó.

—A mí también.

Ella sonrió.

Julián se acercó y la besó suavemente.

Cuando se separaron, Milena permaneció cerca de él.

—Buenas noches.

Julián sonrió.

—Buenas noches.

Ella entró al edificio.

Julián esperó unos segundos antes de marcharse.

Mientras caminaba hacia el carro, pensó en algo.

Tal vez una relación no comenzaba realmente cuando dos personas se decían que estaban enamoradas.

Tal vez comenzaba después.

Cuando empezaban a compartir días normales.

Cuando descubrían cómo convivir con sus diferencias.

Cuando podían reírse juntos de una portada horrible.

Cuando podían caminar sin tener un destino.

Cuando estar juntos dejaba de sentirse como un acontecimiento y empezaba a convertirse en parte de la vida.

Julián sonrió.

Eso era lo que quería.

No una historia perfecta.