Perdida CAPÍTULO 75 — Un sábado cualquiera
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CAPÍTULO 75 — Un sábado cualquiera

Un sábado cualquiera

El sábado por la mañana, Milena estaba en casa de sus padres.

Su madre descansaba en el sofá mientras su padre, aunque todavía adolorido, insistía en que ya podía hacer prácticamente cualquier cosa.

Milena había decidido preparar el almuerzo.

No era algo que hiciera con demasiada frecuencia, pero ese día tenía ganas de cocinar.

Después de un rato, finalmente terminó.

Miró el plato que había preparado y sonrió satisfecha.

No había quedado nada mal.

Tomó una fotografía y la envió.

Milena: Mira lo que hice.

La respuesta de Julián llegó unos minutos después.

Julián: ¿Tú hiciste eso?

Milena sonrió.

Milena: Sí.

Julián: Se ve bastante bien.

Milena: ¿Bastante?

Julián: Muy bien.

Milena soltó una pequeña risa.

Miró alrededor.

La comida se veía bien.

La cocina, en cambio, era otra historia.

Había utensilios sobre la encimera, algunos ingredientes fuera de lugar y un par de recipientes que todavía no había lavado.

Tomó otra fotografía.

Milena: El detrás de cámaras es menos bonito.

Julián tardó unos segundos en responder.

Julián: Jajajaja.

Julián: ¿Qué hiciste?

Milena miró la cocina y negó con la cabeza.

Milena: No preguntes.

Julián: Ahora necesito saber.

Milena: Digamos que cocinar deja consecuencias.

Julián volvió a responder con un mensaje acompañado de un emoji de risa.

Milena sonrió mirando la pantalla.

—¿Qué te causa tanta gracia?

Milena levantó la mirada.

Su madre la observaba desde el sofá.

—Nada.

—Llevas rato riéndote con el teléfono.

Milena miró nuevamente la pantalla.

—Estoy hablando con alguien.

Su madre sonrió.

—¿Con quién?

Milena dudó apenas un segundo.

—Con Julián.

Su madre pareció reconocer el nombre.

—Ah.

Milena dejó el teléfono sobre la mesa.

Su madre asintió con naturalidad.

—Me lo saludas.

Milena sonrió.

—Bueno.

Su madre volvió a acomodarse en el sofá.

Milena tomó nuevamente el teléfono.

Había otro mensaje.

Julián: ¿Y ahora quién va a limpiar todo eso?

Milena escribió: Milena: El problema es que todavía no he decidido quién.

La respuesta llegó casi enseguida.

Julián: Buena estrategia.

Milena sonrió.

Milena: ¿Y tú qué haces?

Julián tardó un poco más esta vez.

Julián: Estoy con mis padres.

Milena leyó el mensaje y sonrió.

Milena: Qué bueno. Disfruta el fin de semana con ellos.

Julián: Lo haré.

Milena dejó el teléfono sobre la mesa.

Volvió a mirar la cocina.

Suspiró.

—Bueno...

Se levantó.

Había llegado el momento de enfrentarse a las consecuencias.

Mientras recogía los utensilios, volvió a sonreír.

No había pasado nada extraordinario aquella mañana.

Había cocinado.

Había hecho un desastre.

Había hablado con Julián.

Y ahora tenía una cocina que limpiar.

Era un sábado cualquiera.

Y, sin embargo, poco a poco, hablar con él empezaba a sentirse como una parte natural de sus días.

No necesitaba preguntarse qué significaba.

Simplemente le gustaba.