Perdida CAPÍTULO 74 — Una bonita amistad
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CAPÍTULO 74 — Una bonita amistad

Una bonita amistad

La semana transcurrió con normalidad.

Julián volvió a sus clases, a sus estudiantes y a la rutina de la universidad.

Los días pasaron sin grandes acontecimientos.

De vez en cuando, intercambiaba algún mensaje con Milena.

Nada demasiado largo.

Un saludo.

Una pregunta sobre cómo estaban sus padres.

Algún comentario sobre el trabajo.

Pequeñas conversaciones que, sin darse cuenta, empezaban a convertirse en parte de sus días.

El viernes, después de su última clase, Julián regresó a su oficina y terminó de organizar algunas cosas.

Cuando cerró la carpeta que tenía sobre el escritorio, miró la hora.

Había sido una semana larga.

Pensó en volver directamente a su apartamento, pero una idea apareció de repente.

Tenía ganas de ver a sus padres.

Quizá llevaba demasiado tiempo sin visitarlos.

Tomó sus cosas y, poco después, emprendió el viaje.

Llegó a casa de sus padres entrada la noche.

Su madre fue la primera en abrirle la puerta.

—¡Julián!

Lo abrazó apenas lo vio.

—Hola, mamá.

—¿Y tú? ¿Qué haces aquí?

—Tenía ganas de venir.

Su padre apareció desde la sala.

—Mira quién se acordó de que tiene padres.

Julián soltó una risa.

—También me alegra verte, papá.

—Eso espero.

Los tres entraron a la casa.

La noche transcurrió tranquila.

Cenaron juntos, hablaron sobre la universidad y sobre algunas cosas cotidianas.

Julián se quedó hasta tarde conversando con ellos antes de irse a dormir.

---

El sábado por la mañana, la casa despertó temprano.

Julián se sentó a desayunar con sus padres.

Su madre hablaba de algunas cosas que había hecho durante la semana mientras él escuchaba.

Después de terminar, Julián se quedó sentado unos minutos más.

Tomó su teléfono.

Tenía un mensaje.

Lo leyó y sonrió.

Su madre lo observó desde el otro lado de la mesa.

No dijo nada al principio.

Julián escribió una respuesta.

Volvió a mirar la pantalla.

Y sonrió otra vez.

Su madre levantó una ceja.

—¿Qué?

Julián la miró.

—¿Qué de qué?

—Te veo muy contento.

—¿Yo?

—Sí, tú.

Julián soltó una pequeña risa.

—Estoy normal.

—Claro.

Su madre señaló el teléfono.

—Y también estás sonriendo mucho con eso.

Julián miró la pantalla.

—Es una amiga.

S

Su madre hizo una pequeña pausa.

—¿Una amiga?

—Sí.

—¿Y quién es?

Julián sonrió.

—Se llama Milena. Es psiquiatra.

S

Su madre esperó unos segundos.

—¿Y...?

Julián soltó una carcajada.

—Pues nada más, mamá.

—¿Nada más?

—Bueno...

Dejó el teléfono sobre la mesa.

—Nos hemos vuelto cercanos y estamos cultivando una bonita amistad.

S

Su madre lo observó en silencio.

—Una bonita amistad.

—Sí.

Ella sonrió.

—Está bien.

Julián entrecerró los ojos.

—¿Qué?

—Nada.

—Mamá.

—No dije nada.

Su padre, que había estado escuchando desde el otro lado de la mesa, intervino.

—Déjalo tranquilo.

S

Su madre lo miró.

—Yo solo pregunté.

Julián negó con la cabeza mientras sonreía.

—Los dos son imposibles.

—Entonces sí debe ser interesante esa amiga —dijo su padre.

Julián soltó una risa.

—Es una buena persona.

S

Su madre volvió a mirarlo.

—¿Cómo la conociste?

—Por unos amigos.

—¿Y hace cuánto?

—Ya hace un tiempo.

—¿Y nunca nos habías contado?

Julián se encogió de hombros.

—No había mucho que contar.

Su madre sonrió.

—Hasta ahora.

Julián tomó nuevamente su café.

—Hasta ahora.

Hubo un pequeño silencio.

Su madre lo observó unos segundos más.

Después cambió de tema.

—¿Y cómo está la universidad?

Julián comenzó a hablar de sus clases.

La conversación continuó con normalidad.

Pero su madre conservó aquella pequeña sonrisa.

---

Más tarde, Julián salió al patio con su padre.

Hablaron de algunas cosas de la casa y de un proyecto que él quería hacer durante las próximas semanas.

La mañana avanzó tranquila.

Julián se sentía bien.

Hacía tiempo que no pasaba un fin de semana así.

Sin prisas.

Sin obligaciones.

Solo con sus padres.

Y, aunque no lo dijo, había algo más que hacía que aquella mañana se sintiera diferente.

Por primera vez en mucho tiempo, cuando su madre le preguntó por alguien que formaba parte de su vida, había podido responder sin sentir que tenía que explicar demasiado.

Milena era su amiga.

Una amiga que se había vuelto cercana.

Una persona con la que estaba cultivando una bonita amistad.

Y por ahora, eso era suficiente.