Perdida CAPÍTULO 70 — Estoy aquí
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CAPÍTULO 70 — Estoy aquí

Estoy aquí

El teléfono de Julián sonó cuando estaba terminando de revisar unos documentos.

Miró la pantalla.

Milena.

Contestó de inmediato.

—Hola.

Al otro lado hubo unos segundos de silencio.

—Julián…

La voz de Milena sonaba diferente.

Él dejó los documentos sobre la mesa.

—¿Qué pasó?

—Me llamaron del hospital.

Julián se incorporó en la silla.

—¿Del hospital?

—Mis papás tuvieron un accidente.

Hubo una pausa.

—¿Qué tan grave?

—No sé.

Su voz se quebró ligeramente.

—La enfermera me llamó, pero no me explicó mucho. Solo me dijo que estaban siendo atendidos y que fuera lo antes posible.

Julián tomó las llaves que estaban sobre la mesa.

—¿Dónde estás?

—No sé.

—¿Cómo que no sabes?

—Salí de mi casa sin pensar. Solo… salí.

Se escuchaba nerviosa.

—Estoy cerca de…

Le dijo el nombre de una calle.

Julián la ubicó inmediatamente.

—Sé dónde estás.

—¿Sí?

—Vivo cerca. Espera ahí. Paso por ti y te llevo al hospital.

—Julián…

—¿Sí?

—Gracias.

—No te muevas de ahí.

Colgó.

No perdió tiempo pensando qué llevar ni cuánto tardaría.

Tomó las llaves, salió de su apartamento y se dirigió al lugar donde estaba Milena.

La encontró unos minutos después.

Estaba de pie junto a la acera, con el teléfono en la mano y la mirada perdida.

Julián estacionó y bajó.

—Milena.

Ella levantó la cabeza.

—Hola.

—Ven.

Abrió la puerta del copiloto.

Milena subió sin decir nada.

Julián rodeó el vehículo y se puso al volante.

—¿Sabes en qué hospital están?

—Sí.

Ella le dio el nombre.

Julián arrancó.

Durante unos segundos ninguno habló.

—¿Qué te dijeron exactamente? —preguntó él.

—Que tuvieron un accidente. Que estaban conscientes cuando llegaron, pero no me dieron más información.

—¿Los dos?

—Sí.

Milena apretó las manos sobre sus piernas.

—No sé qué pensar.

Julián la miró brevemente.

—Lo primero es llegar.

Ella asintió.

El resto del trayecto transcurrió casi en silencio.

Milena miraba por la ventana.

Julián conducía con atención, haciendo todo lo posible por mantener la calma.

Después de unos minutos, ella habló.

—Gracias por venir.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Julián negó suavemente con la cabeza.

—Primero averigüemos cómo están.

Milena lo miró.

—Eres muy tranquilo.

—Alguien tiene que serlo.

Ella sonrió apenas.

—Yo no puedo.

—Ya me di cuenta.

Milena soltó una pequeña risa, aunque todavía tenía los ojos preocupados.

Julián volvió a mirar la carretera.

—Ya casi llegamos.

En el hospital, Milena bajó rápidamente del automóvil.

Julián la siguió.

Ella se acercó al mostrador y dio los nombres de sus padres.

Después de unos minutos de preguntas y verificaciones, una enfermera les indicó dónde estaban.

Milena respiró profundamente.

—Vamos.

Julián asintió.

Caminaron por el pasillo hasta llegar a la habitación.

Cuando entraron, encontraron a sus padres conscientes.

Su madre tenía una herida en la frente y algunos golpes visibles en los brazos. Su padre tenía un vendaje en una de las manos y varios moretones.

Pero estaban bien.

Milena se quedó inmóvil durante un segundo.

—Mamá…

Su madre sonrió.

—Estoy bien, hija.

Milena se acercó inmediatamente y la abrazó con cuidado.

—Me asustaste.

—Lo sé.

—Pensé…

—No pienses nada. Solo fue un susto.

Milena cerró los ojos un momento.

Toda la tensión que había acumulado desde aquella llamada pareció desaparecer de golpe.

Su padre intervino: —Estamos bien, Milena.

Ella se acercó también a él.

—¿Seguro?

—Seguro.

Julián permanecía unos pasos atrás, respetando el momento.

La madre de Milena fue la primera en reparar en él.

Lo miró con curiosidad.

—¿Y él?

Milena se volvió.

—Ah…

Miró a Julián.

—Él es Julián.

Su madre sonrió.

—¿Julián?

—Sí.

Milena hizo un pequeño gesto hacia él.

—Es mi amigo.

Julián se acercó.

—Mucho gusto.

—Mucho gusto, Julián.

Su padre extendió la mano.

—Gracias por traerla.

Julián se la estrechó.

—No tiene nada que agradecerme.

—Claro que sí —intervino la madre—. ¿La recogiste tú?

—Sí. Estaba cerca de donde vivo.

Milena lo miró.

Ella todavía no sabía exactamente dónde vivía.

Su madre sonrió.

—Entonces nos alegra mucho que estuvieras cerca.

—Yo también me alegro de haber podido ayudar.

Milena lo observó en silencio.

Era extraño verlo allí.

En medio de su familia.

Como alguien que había llegado a su vida hacía relativamente poco y que, sin embargo, acababa de aparecer en uno de los momentos en que más lo necesitaba.

Su padre volvió a hablar.

—Milena nos ha hablado de ti.

Ella giró inmediatamente la cabeza.

—Papá.

Julián levantó una ceja.

—¿Ah, sí?

—No empieces —dijo Milena.

Su madre soltó una pequeña risa.

—Solo cosas buenas.

Julián sonrió.

—Me alegra saberlo.

Milena lo miró con cierta vergüenza.

—¿Ves? Ahora ya sabes por qué no quería que conocieras a mi familia.

—Demasiado tarde.

Ella negó con la cabeza.

Por primera vez desde que había recibido aquella llamada, sonrió de verdad.

Más tarde, cuando el médico terminó de revisar nuevamente a sus padres y confirmó que no había lesiones graves, Milena salió al pasillo.

Julián estaba sentado esperando.

Al verla, se puso de pie.

—¿Todo bien?

Ella asintió.

—Sí. Solo necesitan quedarse unas horas más para observación.

Julián soltó el aire lentamente.

—Bien.

Milena se quedó frente a él.

—Gracias.

—Milena…

—No. Déjame decirlo.

Él guardó silencio.

—Cuando me llamaron… no sabía qué hacer.

Bajó la mirada.

—Y te llamé a ti.

Julián la observó.

—Lo sé.

—Ni siquiera pensé en a quién llamar. Solo marqué tu número.

Él sonrió suavemente.

—Hiciste bien.

Milena levantó la mirada.

—¿Sí?

—Sí.

Ella se acercó y lo abrazó.

Esta vez no fue como el saludo de días atrás.

No hubo una broma.

No hubo un “me extrañaste”.

Solo alivio.

Julián tardó un instante en reaccionar antes de rodearla con los brazos.

—Ya están bien —le dijo suavemente.

Milena asintió contra su hombro.

—Lo sé.

Permanecieron así unos segundos.

Después ella se apartó.

—De verdad, gracias.

Julián sonrió.

—Estoy aquí.

Milena lo miró.

Y por un instante ninguno dijo nada.

Después ella respiró profundamente.

—Vamos. Quiero volver a verlos.

Julián asintió.

—Vamos.

Y entraron nuevamente a la habitación.